El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, junto a los líderes asistentes a la cumbre en Watford, Reino Unido. 4 de diciembre de 2019. (REUTERS/Yves Herman)
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, junto a los líderes asistentes a la cumbre en Watford, Reino Unido. 4 de diciembre de 2019. (REUTERS/Yves Herman)

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que ha duplicado su tamaño desde 1949 y ampliado la frontera a 1600 kilómetros de Moscú, se encuentra en la encrucijada de definir la orientación futura. A 70 años de su constitución y 28 de la desaparición de la Unión Soviética, no ha logrado aún clarificar el papel de la institución para enfrentar las nuevas circunstancias de seguridad del siglo XXI. El Presidente de Francia, semanas antes de la Cumbre de Londres, había pronosticado que la OTAN se enfrentaba a una muerte cerebral si no encaraba una revisión estratégica. Ningún otro de los 29 miembros (30 con la próxima inclusión de Macedonia del Norte) se había animado a tanto.

El planteo francés desnuda dos cuestiones de creciente irritación europea. Por un lado, el unilateralismo de Estados Unidos, en particular en decisiones respecto de Medio Oriente e Irán, y, por otro, la deriva de Turquía en un acercamiento creciente a Rusia, incluida la compra de aviones y el emplazamiento de armamentos sensibles como los sistemas de misiles S 400. En este marco de tensión en el seno de la organización, llama la atención la receptividad europea sobre la posibilidad de que la OTAN desarrolle una política común sobre el ascenso de China al escenario internacional, en particular por ser la Unión Europea el primer destino de las empresas chinas en el mundo y que en el 2017 invirtieron más de 35 mil millones de dólares. El 60% fue infraestructura y telecomunicaciones, dos ámbitos estratégicos ligados a la seguridad.

El Documento Final de la Cumbre de Londres utiliza una terminología que pone en evidencia las dificultades de la UE para enfrentar a China y respaldar el dominio de EEUU en el Pacífico. La retórica controlada de los nueve puntos del Documento Final alerta sobre la creciente influencia global de China en lo que constituye la primera vez que Beijing está formalmente en la mira de la OTAN. El párrafo sobre China hace expresa mención a la tecnología 5G y sienta las bases para una postura colectiva.

La reciente exhibición de Beijing de misiles de alcance medio y balísticos intercontinentales con capacidad de alcanzar a Europa y Norteamérica ha sido un factor que pudo haber influido en la disposición europea a debatir sobre China. También la pujanza y sofisticación tecnológica de China y las aplicaciones militares que se derivan. La influencia de China en el Ártico, el avance en los océanos y el ciberespacio son otras cuestiones de inquietud Europea.

El Secretario General de la OTAN, en rueda de prensa, hizo especial hincapié en que China debe involucrarse en los futuros tratados de control de armamentos en una alusión a que el arsenal nuclear y misilisticos chino debe ser objeto de limitaciones como los de Rusia y Estados Unidos. Es la primera vez desde que China posee armas nucleares que se plantea una demanda de esta naturaleza y que se la equipara en condiciones similares como tercera superpotencia. Se trata también de un intento europeo de frenar el enorme gasto chino en defensa a lo que habría que sumar la reciente sintonía con Moscú en materia energética.

La duda es si en el futuro próximo China reemplazará a Rusia como oponente principal y preocupación primordial a la seguridad Europea y de la OTAN. Recientemente Henry Kissinger, en el Bloomberg New Economy Forum en Beiijng, admitió esa posibilidad y califico el actual clima entre Estados Unidos y China como muy peligrosa y en el inicio de una nueva guerra fría. Lo reflejado en la Cumbre de la OTAN en Londres puede ser un síntoma adicional en esa dirección.