Cámara de Diputados de la Nación (Télam)
Cámara de Diputados de la Nación (Télam)

El 10 de diciembre asistiremos a la renuncia de muchos legisladores que pasarán a desempeñar otras tareas. Felipe Solá y Daniel Arroyo probablemente lo hagan para desempeñarse como ministros. Guillermo Montenegro, como intendente de Mar del Plata. Miguel Llaryora como intendente de Córdoba. En todos los casos, quien se encuentra en primer lugar de las listas para el reemplazo es una mujer. Pero algunas interpretaciones insólitas buscan crear un atajo para desplazar a las mujeres y facilitar la asunción de la banca por parte de varones, en un claro ejemplo de restauración machista.

¿Cuál es el criterio para materializar el reemplazo de dichos legisladores? ¿Debe asumir quien siga en el orden de la lista o debe acaso asumir un legislador del mismo sexo?

Si se tratara de legisladores elegidos con posterioridad a la ley 27.412, conocida popularmente como “la ley de la paridad”, no habría duda alguna. Esta norma establece que en caso de renuncia, muerte, separación, inhabilidad o incapacidad permanente de un legislador, será reemplazado por el otro legislador del mismo sexo que siga en el orden de la lista.

Pero los legisladores arriba mencionados fueron electos con anterioridad a la sanción de dicha ley. ¿Puede aplicarse entonces una ley con carácter retroactivo? La respuesta la encontramos en el Código Civil y Comercial de la Nación, que en su artículo 7 dice con absoluta claridad que las leyes no son retroactivas, salvo disposición en contrario de la propia ley. De la lectura de la ley de paridad surge sin duda alguna que la misma no es de aplicación retroactiva. La ley de paridad regirá el mecanismo de reemplazo de los legisladores electos a partir de 2019 en adelante, pero mantiene incólume el mecanismo de reemplazo existente con anterioridad a su sanción.

Así las cosas, debemos recordar que siempre se aplicó el criterio de asunción del legislador que seguía en el orden correspondiente (salvo alguna excepción en favor de reparar lo que fue una desigualdad histórica en perjuicio de la mujer). En 2018 se produjo la renuncia de la diputada Nacional Balbo, y asumió en su reemplazo el siguiente de la lista, el diputado Bragagnolo.

Tenemos un ejemplo más reciente. La senadora Cristina KIrchner presentó su renuncia como senadora para asumir como vicepresidenta, y en su reemplazo ya juró Jorge Taiana. Renunció una mujer y asumió un hombre. Pero en la Cámara de Diputados renuncian varios hombres y se quiere vedar el reemplazo por parte de mujeres.

Algunas voces pretenden esgrimir el criterio consagrado por la Ley de Género justamente para vulnerar lo que la Ley de Género pretendió reparar. En concreto sostienen que los legisladores varones renunciantes deben ser reemplazados por legisladores varones, “salteando” a las mujeres que siguen en el orden de las listas.

Entendemos que se trata de un monumental disparate. En términos jurídicos por la irretroactividad de la ley ya consignada. Pero no sólo por eso. No se puede invocar una ley justamente para pisotear el espíritu y sentido de la misma. Por otra parte no es posible apartarse de los profusos antecedentes, el más reciente de ellos justamente el de la asunción del senador Taiana. Sería un verdadero desquicio sostener un criterio en un caso, y el contrario dos semanas después.

Las falacias argumentativas invocadas para que no asuman las mujeres que siguen en el orden de las listas son de un gran cinismo. Justo cuando está por crearse un ministerio de la mujer se pretende avasallar los derechos políticos de las mujeres en el órgano más representativo del Estado de Derecho que es el Congreso. Las mujeres organizadas queremos alzar nuestra voz para que no se consume semejante atropello. No se trata de las mujeres de una u otra fuerza política. Se trata de defender criterios que hagan efectiva la igualdad de participación política de mujeres y de hombres, evitando los atajos de quienes buscan dar una pátina de legalidad a lo que en el fondo sigue siendo un machismo absurdo que niega la fuerza avasallante de una época signada por la igualdad.

La igualdad de géneros no admite atenuantes, ni interpretaciones absurdas ni salvedades disparatadas. No convalidemos ningún atropello institucional, y que el 10 de diciembre asuman las mujeres que siguen en el orden de las listas.

La autora es abogada y dirigente peronista