Mauricio Macri y Alberto Fernández durante la reunión en Casa Rosada para hablar sobre la transición.
Mauricio Macri y Alberto Fernández durante la reunión en Casa Rosada para hablar sobre la transición.

A menos de 20 días para un histórico traspaso de mando presidencial, el estado con el que Alberto Fernández encontrará la administración pública nacional dispara todo tipo de especulaciones pero, sobre todo, genera incertidumbres e importantes desafíos que deberá encarar en el corto plazo.

Por parte del presidente electo, su agenda desde el contundente resultado obtenido en las PASO viene apuntando a consolidar un vínculo con sectores sociales, económicos y políticos que le permitiera llegar al 10 de diciembre con equipos, programas y prioridades ya definidas para no perder tiempo alguno. Por parte del gobierno saliente, la desilusión que causaron los resultados electorales, primero de las PASO y posteriormente de las generales, afectaron el desenvolvimiento de una gestión que -como demuestran los últimos acontecimientos- va a finalizar su mandato con una conducta errante y sin rumbo claro.

Una “transición” de cinco meses

El resultado de las PASO, aquel para propios y extraños sorpresivo 49,49%, que entusiasmó al Frente de Todos y desmoralizó, al mismo tiempo, al oficialismo, marcó el inicio de una larga transición que acabó por prolongarse por cinco meses.

Si bien en boca de los principales voceros tanto del equipo del presidente electo como del presidente saliente se habló desde un comienzo de una transición ordenada, y del diálogo que existe en algunas áreas específicas entre algunos de los que se van y los que llegan, está lejos de ser la transición que muchos habían imaginado. Es cierto que en un claro contraste con lo ocurrido durante el traspaso de 2015, esta vez el mandatario saliente le colocará la banda presidencial y le dará el bastón de mando a su sucesor, pero todo indica que no habrá más que gestos.

Indefectiblemente ceder el poder no es fácil, y todo pareciera indicar que Alberto Fernández conocerá el estado real de situación –los números y detalles finos de la administración- el día que se siente en el “sillón de Rivadavia” que corona su despacho de Casa Rosada y mire qué papeles tiene sobre su escritorio de Balcarce 50. Aunque parezca una exageración, así lo ilustró el propio ministro de Defensa Oscar Aguad, quien dijo que “que dejará los papeles sobre la mesa”.

A todas luces se trata de un hecho lamentable, que los argentinos no logramos dejar atrás. Un gobierno que hace cuatro años se quejaba del poco interés de su sucesor por la transición, hoy parece repetir esa historia. Con un agravante, mientras en 2015 se trató de una transición de apenas 18 días (los que mediaron entre el balotaje del 22 de noviembre y la asunción del 10 de diciembre), aquí hubo cinco largos meses.

Sin más hilo en el carretel, distintos referentes del gobierno, por su parte, resaltan en sus redes sociales el hecho de estar dejando despachos ordenados, el mobiliario intacto y las claves de los equipos informáticos y de las cuentas institucionales en las principales plataformas de social media. Lejos de ser un mérito, pareciera ser lo único que tiene para mostrar de una gestión que reiteradas veces tropezó con las propias expectativas que generó el primer presidente de la historia que logró quebrar la tradicional hegemonía peronista-radical.

Los desafíos de los primeros 100 días

Los recientes datos en materia económica y social publicados por el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, que no sólo dan cuenta de un nuevo aumento de la pobreza sino que indican que la proyección hacia fines del 2019 muestra que esta podría alcanzar a casi 4 de cada 10 argentinos (38%), colocaron a la cuestión social en el centro de la agenda del futuro presidente. Muchos de los gestos y medidas anunciadas por Fernández en estos días -como el Consejo contra el Hambre- ya apuntan en esa dirección.

Sin embargo, sea cual fuese la magnitud de la herencia que le delegue Macri a Fernández, el objetivo del presidente electo será evitar uno de los tantos desaciertos de la gestión saliente: la estrategia de estirar la “pesada herencia”, procurando volver a ella para justificar cada mora u error.

Así las cosas, la intención de Alberto será aprovechar al máximo los primeros 100 días de gobierno, o la conocida “luna de miel” que se produce entre la sociedad y el nuevo mandatario, que en este caso podría incluso ser más corta que lo habitual, para apuntalar su gestión, dotarla de una impronta propia, y no ceder la iniciativa.

De lo que se trata es de evitar las falsas expectativas tales como “la lluvia de inversiones”, “el segundo semestre”, “la luz al final del túnel” o “los brotes verdes” para clarificar el estado real de una economía en crisis. Hay una fórmula muy sencilla, S=R-E, que indica que la “satisfacción” es igual a los “resultados” obtenidos menos las “expectativas”. Sin dudas, uno de los tantos errores del gobierno saliente en materia de comunicación fue elevar permanentemente el nivel de las expectativas.

Según trascendió, la idea de Fernández es, al menos en la apelación discursiva, es la de una “herencia corta”. En este marco, la manera de patentizar la situación en la que Macri le deja el país será a través de una batería de medidas que enviará rápidamente al Congreso con una clara impronta de crisis, que apuntan a aliviar algunas de las variables que amenazan la economía, tanto en el plano doméstica de la denominada economía real (el bolsillo de la gente) como en el frente externo por los intereses de una deuda que amenaza con convertirse en una espada de Damocles pendiendo de un fino hilo sobre la cabeza de los argentinos.

Una futura oposición que se diluye

Por el lado del actual oficialismo, los ánimos tras la derrota de octubre no se recompusieron. Por lo contrario, la idea de Macri de construir y liderar una oposición tras abandonar los atributos de mando, parece diluirse. Hasta ahora, Juntos por el Cambio muestra más sus posibles ramificaciones y desmembramientos que sus confluencias y reagrupamientos.

Dos episodios muy recientes desnudan este difícil escenario de crisis en la coalición Cambiemos cuyos contornos ya se recortan en el horizonte cercano. El primero, el aplauso unánime que recibió el actual presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó al celebrarse la última sesión ordinaria de su gestión. Ciertamente fue un hombre clave, no sólo en el funcionamiento parlamentario de estos cuatro años, sino también un estratega político que supo apuntalar el triunfo de María Eugenia Vidal en la Provincia de Buenos Aires allá por 2015, y con él, el de Macri en la Nación. Sin embargo, el ostracismo al que fue condenado el bonaerense y su alejamiento de la toma de decisiones de Macri, lo recluyeron en el Palacio Legislativo, perdiendo de esta forma la posibilidad de una potencial ampliación del espacio a sectores del peronismo que hubiese sido clave para el oficialismo durante el proceso electoral de este año que termina.

El segundo, la situación planteada por la salida del ministro de Salud tras la derogación del nuevo protocolo sobre la Interrupción Legal del Embarazo que había impulsado y publicado días antes en el Boletín Oficial. La errática conducta del Presidente quedó al desnudo, una vez más, provocando una grieta en el interior de la coalición que lo sostiene: un presidente, que en marzo del año pasado había habilitado la discusión del aborto en el Congreso se despide derogando un protocolo que sólo actualiza -en los términos recomendados por la Organización Mundial de la Salud- el procedimiento para los abortos no punibles que ya es un derecho consagrado en nuestro país desde el Código Penal de 1921.

Así las cosas, estamos llegando a la recta final de una gestión que indudablemente se va con más sombras que luces. Si bien los indicadores económicos y sociales no son en absoluto alentadores, la inestabilidad en la región contrasta con una Argentina en donde no se discute un golpe de estado, una destitución o un estado de sitio, sino el democrático traspaso de un gobierno a otro de un signo distinto. Algo muy pocas veces visto en estos más de 100 años de vigencia de la Ley Saénz Peña.

*Sociólogo, consultor político y autor de “Comunicar lo local” (Parmenia, 2019)