Los mandatarios en la cumbre de los BRICS, en Brasilia (Pavel Golovkin/Pool via REUTERS)
Los mandatarios en la cumbre de los BRICS, en Brasilia (Pavel Golovkin/Pool via REUTERS)

La Cumbre de los BRICS en Brasil, que reunió a los cinco mandatarios que aglutinan un tercio de la economía mundial y un 40% de la población del planeta, ha mostrado un pragmatismo destacable. Ninguno de los participantes exageró en las banderas que promueve, sean geopolíticas o de otra índole. El mayor elemento de cohesión, mas allá de resaltar la cooperación en materia comercial y tecnológica, ha sido la intención de sobrevivir como grupo a las circunstancias. También a las diferencias. El tibio Documento Final deja en evidencia la voluntad conjunta de evitar rispideces como en la insistencia de acordar una agenda común de relevancia. Los pronunciamientos políticos brillaron por su ausencia.

El texto no incluye ninguna referencia a las crisis que agita América del Sur sea Bolivia, Chile o Venezuela aunque menciona los conflictos en Afganistán, Siria, Yemen y la Desnuclearización de la Península coreana. Ese dato es de por si significativo en particular en virtud de ser Brasilia la sede del encuentro. La defensa del multilateralismo parece haber sido el mayor elemento de coincidencias al destacar la importancia de las normas y principios universalmente acordados bajo los auspicios de las Naciones Unidas. Aunque el Documento Final no lo menciona, debe haber sobrevolado en las conversaciones privadas el interés de Brasil e India de que la reforma de la ONU incluya una ampliación del Consejo de Seguridad para que los incorpore como Miembros Permanentes. Ninguno de los dos países ha abandonado pretensiones.

Rusia y China lograron incluir una basa política sustantiva en el Documento Final con la referencia a la militarización del espacio exterior y manifestaciones tendientes a evitar una carrera de armamentos en dicho ámbito. Al ser un tema espinoso para Estados Unidos resulta llamativo que haya sido incorporado con el consentimiento de Brasil en particular por ser una crítica directa a la política de Washington en materia de seguridad internacional y un punto de fuertes divergencias entre Rusia y Estados Unidos.

La retórica moderada del Presidente Jair Bolsonaro contrastó con anteriores manifestaciones de política exterior, en particular referidas a la intención de disminuir la influencia de Rusia y China, y marco un horizonte diplomático que preanuncia a un Brasil más dispuesto a ampliar y diversificar las relaciones. Un primer paso camino quizás a restablecer el pragmatismo tradicional de Brasil en política exterior. La sintonía entre Bolsonaro y Xi Jinping y las perspectivas de mayores acuerdos bilaterales son un ejemplo. La tercera parte de las inversiones extranjeras de Brasil proviene de China.

También reconoció el Presidente de Brasil la importancia económica y comercial de los BRICS en el escenario internacional como el valor que el grupo de países emergentes le otorga a la dinámica y dimisión global de la política exterior brasileña. Esos dos aspectos parecen haber sido suficientes para evitar exabruptos aun cuando el grupo cuestione el monopolio occidental de poder mundial. Habrá que ver si la tendencia práctica asumida por Brasil se mantiene en la próxima sesión de los BRICS en Rusia en el 2020.

El autor fue vicecanciller de la Nación