(Photo by Pablo VERA / AFP)
(Photo by Pablo VERA / AFP)

Cuando faltan días para las elecciones generales en Argentina, la irrupción de una nueva problemática en la región toma por sorpresa al electorado. Los sucesos gravísimos de Chile, que incluyen torturas y violación a los derechos humanos, se prestan, desde la perspectiva local, a múltiples lecturas e interpretaciones; y algunas de ellas se superponen y logran retroalimentar ambos márgenes de la opinión pública que divide a la sociedad argentina sumergida en la grieta.

Lo que ocurre en Chile no terminó de impactar de una manera directa en el tramo final de las campañas presidenciales de nuestro país. Sin embargo, los cruces y las referencias lentamente se van consolidando. Cristina Fernández de Kirchner en el acto de cierre del Frente de Todos en la Provincia de Buenos Aires expresó: “Les pido a todos, los que estamos reunidos y también a los que no piensan como nosotros. Hagamos un esfuerzo por abrir nuestras cabezas y corazones para entender que lo que nos quieren vender como modelos ideales de sociedad terminan como termina lo que está pasando hoy allí". Alberto Fernández sostuvo que el común denominador de la conflictividad social en Chile y Ecuador es “una política económica que lastima mucho a los sectores más débiles”. En tanto que por parte del Gobierno, si bien no hubo comunicados públicos, se manifestaron el candidato a vicepresidente Miguel Pichetto, el canciller Jorge Faurie y el embajador argentino en Chile, Octavio Bordón. Las palabras de Pichetto fueron categóricas. “Hay un tufillo cubano en la Argentina que se percibe en distintos lugares de Latinoamérica y también procesos organizados que generan cierta desestabilización. Detrás de los conflictos en Chile están Cuba y Venezuela”.

Cuando en la ciudad de Buenos Aires se llevaba a cabo el segundo debate presidencial, Chile vivía su primera noche bajo el toque de queda. Sin embargo, ninguno de los candidatos hizo una mención expresa a estos conflictos, con excepción de Nicolás del Caño. La escalada del conflicto hoy obliga a los diferentes espacios a tomar una postura más definida en relación a estos eventos. Los argumentos ante el difícil panorama que nos ofrece una región convulsionada, posiblemente terminarán por sucumbir en una confrontación que plantea la desigualdad de un lado, y un plan desestabilizador de los modelos neoliberales orquestado por Venezuela y Cuba.

Chile es un país con alta concentración de la riqueza y baja movilidad social. Esta estructura propicia un fenómeno anexo del que un informe del PNUD da cuenta: el maltrato sistemático que viven los que están abajo en la pirámide social, maltrato en el trabajo, maltrato por la gente de mayores ingresos, maltrato en la vía pública. Por otro lado, en junio se publicó el informe de Michelle Bachelet para la ONU tras su visita a Venezuela. Allí se denunciaba la deplorable situación humanitaria que afecta a millones de venezolanos. El gobierno chavista calificó de “errático” este informe porque, entre otras cosas, considera que se basa en fuentes poco fiables, mientras que Maduro directamente acusó a Bachelet de haber firmado un texto escrito íntegramente por la Casa Blanca.

“Los que han provocado estos destrozos no han caído en un plato volador”, señaló Cristina durante ese acto en La Plata, en referencia al audio de la primera dama chilena donde conversa con sus amigas y expresa: “Estamos absolutamente sobrepasados, es como una invasión extranjera alienígena, y no tenemos las herramientas para combatirla". Pero lo que sigue es aún más polémico: “Vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás”.

Cuando los marcianos rodean la Tierra con una gigantesca flota de platillos volantes, el presidente de los Estados Unidos, James Dale (Jack Nicholson) invita al embajador alienígena a hablar en el Congreso. Una vez allí, los marcianos vuelven a atacar y matan a la mayor parte de los miembros del Congreso. Esto es simplemente un fragmento de Marte Ataca. Pero la desigualdad no es una película de Hollywood hecha con efectos especiales. Tampoco puede compararse con el final de aquel film, cuando los marcianos atacan la Casa Blanca, y la Primera Dama muere aplastada por una lámpara de araña derribada por la pistola de rayos de uno de ellos. Como tampoco es real el Guasón cuando explica que va a matar a un famoso conductor televisivo porque éste lo invitó a su programa para burlarse de él. El maltrato del que había sido objeto el protagonista no puede justificar su accionar, aunque según explica, es el reclamo de los que nada tienen, de los que simplemente no existen para el mundo.

Y aunque decenas de usuarios en las redes sociales hayan utilizado la bandera del Joker para justificar la necesidad del cambio social urgente, se trata de otra película, con la fuerza suficiente para diluir en ciertas regiones de Latinoamérica la línea que separa la realidad de la ficción. En este caso, una realidad desigual donde la experiencia recurrente del desprecio trae la rabia.

La autora es magister en Comunicación y Cultura, UBA. Docente. Directora de la consultora de investigación Trespuntozero