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Poco más de una década atrás, Muhammad Yunus creó un programa de asistencia financiera que consistió en brindar microcréditos a la base de la pirámide en India. Esta iniciativa dio comienzo a un movimiento mundial que luego tomó el nombre de “Inclusión Financiera” y que significó para Yunus el Premio Nobel de la Paz, en el año 2006.

Esta semana, Michael Kremer y Esther Duflo, un matrimonio de economistas del MIT, junto con Abhijit V. Banerjee, economista de la Universidad de Harvard, fueron galardonados con el Premio Nobel de Economía por desarrollar programas económicos inclusivos en las áreas de finanzas y educación.

Desde el año 2006, instituciones como Naciones Unidas, Banco Mundial y otras de gran relevancia, han tomado muy en serio la inclusión financiera como herramienta primordial para el desarrollo de los sectores más necesitados de la población.

Hoy, personalidades políticas y económicas del mundo entero se han convertido en referentes de esta bandera promoviéndola en cada rincón, involucrando gobiernos, empresas y personas. con el fin de lograr achicar la brecha entre los que más tienen y los que menos pueden.

Bill y Melinda Gates, la Reina Máxima de Holanda y un sinnúmero de celebridades del arte y el deporte impulsan iniciativas inclusivas en todo el mundo. Se están formando asociaciones únicas, como, Better Than Cash Alliance , que reúne al sector privado, los donantes y los gobiernos para avanzar en el uso de canales digitales. Los creadores de estándares globales han incorporado consideraciones de inclusión financiera en sus pautas para la regulación y supervisión bancaria.

La inclusión financiera, de acuerdo al Banco Mundial, significa, para personas físicas y micro emprendimientos tener acceso a productos financieros útiles y asequibles que satisfagan sus necesidades como transacciones, pagos, ahorros, crédito y seguro, prestados de manera responsable y sostenible.

Más de 2 mil millones de adultos están excluidos del sistema financiero formal. La exclusión financiera es mayor entre las personas pobres y en los países emergentes y de frontera. Esto obstaculiza la capacidad de las personas para protegerse en tiempos de crisis y construir para el futuro. Además, más de 200 millones de pequeñas y medianas empresas en mercados emergentes y de frontera, carecen de acceso a la financiación, lo que limita su capacidad para crecer y prosperar.

La inclusión financiera es un facilitador y acelerador del crecimiento económico, la creación de empleo y del desarrollo. El acceso y el uso asequibles de los servicios financieros ayudan a las familias y a los propietarios de pequeñas empresas a generar ingresos, administrar el flujo de caja irregular, invertir en oportunidades, fortalecer la resistencia a las crisis y salir de la pobreza.

Todos entendemos que esta, por sí sola, no puede sacar a las personas de la pobreza, Si puede ayudar a las personas a construir mejores vidas. iniciar negocios y ayudar a las pequeñas empresas a convertirse en grandes. Economías enteras pueden crecer más rápidamente y de manera más favorable para todos.

Una de las primeras acciones en salir a la luz fue M-PESA, en Kenia; un servicio de banca sin sucursales, lo que significa que está diseñado para permitir a los usuarios realizar transacciones bancarias básicas sin la necesidad de visitar una sucursal bancaria.

Según un informe presentada por el Banco Central de Kenia, en abril de este año, la proporción de la población de Kenia con acceso a servicios financieros formales aumentó un 83 por ciento, impulsada principalmente por la tecnología móvil, a través de plataformas de servicio como M-PESA, la que en la actualidad sigue creciendo en cantidad de usuarios y adopción del servicios a pasos agigantados.

Según la CEPAL, América Latina, con la excepción de Perú y Colombia, viene muy rezagada en esta materia. Esta organización publica un ranking de Inclusión Financiera para cada país. Dicho ranking es liderado por Perú y Colombia con una puntuación de 89/100. Los últimos tres puestos son ocupados por Argentina (39/100), Venezuela (32/100) y finalmente Haiti (22/100). El principal motivo de este retraso se encuentra directamente relacionado con la falta de políticas inclusivas por parte de los respectivos gobiernos de cada país, presumiblemente por falta de conocimiento en la materia.

El año pasado, el Gobierno del presidente Mauricio Macri anunció una iniciativa pensada en pos de una mayor inclusión financiera, denominada Cuenta DNI. Consistiría en una cuenta gratuita y una tarjeta de débito para todas las personas que posean un Documento Nacional de Identidad. La intención era brindar un instrumento financiero a todas las personas, sin grandes requisitos y ofrecer acceso a microcréditos “blandos”. El Banco de la Provincia de Buenos Aires, junto a otras entidades financieras, fue una de las instituciones que tomó la posta de esta iniciativa, hacia fines del año pasado. Sin embargo, no hemos visto aún una presentación concreta ni una comunicación profunda sobre este producto.

Una buena noticia es que la innovación tecnológica está haciendo posible que servicios financieros convenientes y de bajo costo estén más al alcance de todos aquellos que los necesitan. Los teléfonos móviles y la tecnología digital están cambiando la forma en que las personas realizan operaciones bancarias y pagan productos y servicios, aprovechando los ecosistemas existentes, como cadenas de supermercados, tiendas de electrodomésticos y comercios en general.

Este impulso está creciendo, pero los esfuerzos aún no son suficientes. Es fundamental fomentar la cooperación y el compromiso de líderes políticos, reguladores, creadores de estándares globales, la sociedad civil, el sector privado y, lo que es más importante, aquellos que están actualmente fuera del sistema financiero, para romper barreras y construir un futuro mejor.

El autor es CEO de XCOOP latinoamérica