(An Mombe)
(An Mombe)

El movimiento de los feminismos –mujeres y disidencias sexuales- se constituye cada vez con más fuerza en un destacado actor político de la actualidad que pone en discusión las formas de organización sociales, económicas, domésticas y culturales vigentes. Aunque no es un fenómeno nuevo, si aparece con más impulso que nunca para proponer transformaciones que nos acerquen a un modelo de sociedad mas justa, libre e igualitaria que sea capaz de producir modos de vida y organización mas dignos e inclusivos.

Sobre muchos de estos ejes se centran los debates del 34º Encuentro Plurinacional de Mujeres, lesbianas, travestis y trans, que tiene a la ciudad de La Plata como sede, pero también los desafíos de quienes ocupen espacios institucionales para plasmar esa capacidad transformadora en políticas públicas concretas desarrolladas desde el Estado. La creación de un Ministerio de la Mujer, diversidades y disidencias asoma como un intento novedoso de articular estas dimensiones. Frente a esto puede surgir la pregunta: ¿por qué es necesario?

Lo primero a tener en cuenta es que -junto a los movimientos sociales representativos de la economía popular-, el movimiento de mujeres y disidencias sexuales es el elemento más disruptivo y novedoso en la escena política argentina de los últimos años, promoviendo sostenidamente una agenda de reivindicaciones que se expresan en demandas concretas de derechos y oportunidades que nos acerquen a una situación de mayor igualdad y justicia.

Sin embargo, resulta evidente que las herramientas institucionales con las que cuenta el Estado hasta ahora resultan insuficientes para brindar respuesta a estos planteos. Frente a este desafío aparece la idea crear un ministerio que sea capaz de incorporarlos a la dinámica institucional del Estado, jerarquizando su posición y dotación presupuestaria en un nivel prioritario, de modo que puedan elaborarse políticas públicas y acciones positivas que funcionen como respuesta a dicha agenda.

¿Cuáles serían las funciones de este ministerio? Básicamente, asumir la construcción de la igualdad de género -de derechos, oportunidades y condiciones de vida- en todos los ámbitos, como una política de Estado que garantice los derechos humanos de las mujeres y disidencias sexuales. En otras palabras, que se ponga al frente de las transformaciones que mejoren sustancialmente su calidad de vida.

Una de las cuestiones más urgentes que debería asumir es la prevención y erradicación de la violencia de género, monitoreando la efectiva implementación de la Ley 26485 de Protección Integral para las Mujeres, impulsando el programa nacional de promotoras territoriales de género y garantizando espacios de contención y acompañamiento institucional para victimas de violencias.

En la dimensión económica, asoma como fundamental que se garantice la igualdad laboral y salarial, se combata el desempleo femenino con acciones positivas para incorporar a las mujeres al mundo del trabajo formal o la creación de un sistema nacional de cuidados que permita socializar el peso de las horas y el esfuerzo que las mujeres destinan al trabajo del cuidado de personas.

En el ámbito político, es necesario garantizar la paridad en todos los ámbitos de representación y niveles ejecutivos, promover protocolos para erradicar la violencia en el trabajo y las instituciones, como así también avanzar en derechos sexuales y reproductivos como el acceso efectivo a la educación sexual integral y la anticoncepción para todos los géneros, o una política de salud pública que garantice el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo de manera segura y gratuita.

Todos estos temas merecen una respuesta institucional de jerarquía que deje atrás años de abandono y postergación. Merecen un Estado que elija dejar de mirar para otro lado y se ponga al frente de las transformaciones que la sociedad le exige. Merecen un proyecto político que ponga sus instituciones al servicio del diálogo con las demandas y sectores sociales de este tiempo. En otras palabras, merecen que existan las herramientas institucionales más adecuadas para dar respuestas concretas a todas esas problemáticas urgentes que son base de la desigualdad de género y que, hasta el día de hoy, aún no tienen solución.

La autora es licenciada en Ciencias Políticas y diputada nacional por Santa Fe (Movimiento Evita).