El primer ministro Boris Johnson (Photo by JEFF OVERS / BBC / AFP)
El primer ministro Boris Johnson (Photo by JEFF OVERS / BBC / AFP)

La llegada de Boris Johnson al poder en el Reino Unido y su discurso sobre la salida no negociada de ese país de la Unión Europea (hard Brexit) ha dejado de ser una posibilidad y abre las puertas a un conjunto de alternativas muy concretas sobre la Cuestión Malvinas que deberían estar siendo evaluadas por la próxima Cancillería ya que asoman algunas ventanas de oportunidades.

En primer lugar, el Brexit sin acuerdo va a licuar el poder que Londres tenía en la UE y va a quebrar la solidaridad que el bloque ha mostrado con los británicos con respecto al archipiélago austral. En efecto, en el Tratado de Lisboa de 1973 la UE pasó a considerar a las Malvinas como Territorios de Ultramar. Este acuerdo también permitió que, por un lado, las Malvinas exporten sus productos a los 28 miembros del bloque sin pagar aranceles y, segundo, recibir enormes subsidios para la protección de la fauna local. Sin embargo, no debemos perder de vista que en diversas ocasiones desde Bruselas se planteó claramente que el diferendo debe resolverse a través del diálogo bilateral entre el Reino Unido y la Argentina. Frente al Brexit duro debemos tomar en cuenta este discurso y seguir el mensaje mandado desde Europa cuando se votó en la Asamblea General de la ONU (AGNU) el tema Chagos. En esa votación se puede observar como la posición monolítica que tenía el bloque al hablar de un tema anacrónico desapareció. Fueron 116 países (entre ellos, Austria, Grecia, Irlanda, España, Suecia y Suiza) que votaron a favor que Londres retirara su administración colonial del archipiélago y renunciara a la soberanía de Chagos. En la misma resolución 56 países se abstuvieron (dentro de ellas, Holanda, Portugal, Francia, Polonia y Rumania) mientras que 6 votaron en contra (solo Hungría como miembro de la UE). En definitiva, este escenario favorable podría llevarnos a evaluar volver a tratar el tema Malvinas en la AGNU previamente alcanzado un consenso interno.

En segundo lugar, tema pesca. Como recién mencionamos los isleños mantienen el ingreso de sus productos pesqueros sin aranceles y cuotas preferenciales en la UE. Gracias a esos beneficios la industria pesquera posibilitó que los isleños estén en el puesto 12 del ranking mundial de riqueza midiendo su PBI (ubicados entre Noruega y Emiratos Árabes Unidos). Esto es debido a que más del 70% de la pesca en las Malvinas va con destino a España; que la mayoría de las compañías que faenan en Malvinas son joint ventures con firmas de ese país y que un tercio del calamar que se consume en España proviene del Atlántico Sur. Con el plan de Johnson estos privilegios se perderán. Una de las ventajas del acuerdo UE-Mercosur es que nuestros productos ictícolas pueden entrar sin aranceles a Europa. Ergo, podría haber empresas extranjeras (principalmente españolas) que faenan bajo licencias kelper que decidan venir a aguas indisputadamente argentinas.

¿Qué debe hacer Argentina hasta que se resuelva tema Brexit? Comenzar a hablar sotto voce con intereses pesqueros extranjeros y nacionales para considerar facilidades portuarias y logísticas en nuestro país. Segundo, solucionar los temas deficitarios estructurales del sector pesquero y básicamente, pescar más. Finalmente, Argentina debe convertirse en el referente indiscutido en esa zona del Atlántico Sur por ejemplo a través de un hub logístico en Tierra del Fuego y como entrada a la Antártida.

Hoy no es negocio invertir en la exploración petrolera en las aguas alrededor de Malvinas. Que ello continúe dependerá de tres factores: el precio del barril, el desarrollo de la actividad en nuestra plataforma (que es más extensa) y el progreso del desarrollo de Vaca Muerta.

Una advertencia. De ocurrir el Brexit duro se profundizará la alianza entre Trump y Johnson, lo cual presenta un llamado de atención para nuestro país. Es que el cambio de gobierno en Argentina podría ser aprovechado por esos dos países para utilizar el tema Malvinas como excusa para mantener una relación conflictiva con Buenos Aires jugando de esta manera su carta nacionalista, la cual le sirve para consumo interno.

Teniendo en cuenta este contexto, dos reflexiones finales. En primer lugar, es seguro que la nueva administración argentina no eliminará la legislación que el comunicado Foradori-Duncan buscaba. En segundo término, el vuelo Brasil-Córdoba-Islas Malvinas que inicia en los próximos días fue entregado a la economía de los habitantes del archipiélago con muchos beneficios para ellos y sin ninguno concreto para nosotros. A ellos, les permite el recambio de tripulaciones justo en medio de la crisis de la industria pesquera y ayuda a San Pablo a convertirse en hub petrolero en desmedro de Argentina

Doctor en Ciencia Política. Autor de Malvinas: una hoja de ruta. Herramientas para la política exterior argentina (EUDEBA)