El presidente Mauricio Macri (Gustavo Gavotti)
El presidente Mauricio Macri (Gustavo Gavotti)

"La liberalización del capital financiero no es un tema sobre el que cualquier persona de la calle pueda dar una conferencia, pero sí sentir sus resultados: salarios más bajos y el deterioro general de las condiciones sociales y económicas". Noam Chomsky.

Era tan fácil encontrar los defectos de Cristina Kirchner, como difícil, casi imposible, las virtudes de Mauricio Macri. La derecha se puso pura y dura y salió a pelear contra el resto del mundo; la moderna masonería del horóscopo contrató amanuenses contra la religión y toda defensa de los necesitados. Los pobres no trabajan, son vagos, deben asumir ser los culpables. Expulsaron sin piedad del PRO a los dialoguistas, a los políticos. Venció la línea dura que los condujo alegremente a la derrota en un evidente triunfo de la arrogancia de los ricos por sobre la sabiduría de la política. El decreto ley 4.161 del 5 de marzo de 1956 define como nadie lo que eran y lo que son. Sus riquezas son a derecho; la miseria, una casualidad. Ayudan solo a los poderosos y pierden los votos populares. ¿Será mera coincidencia?

Los ricos están enojados de una manera muy parecida a la del 55. Si pudieran, darían otro golpe como aquel y prohibirán a los otros por decreto, que eso sí saben hacerlo. En aquellos tiempos había un gobierno de y para los pobres, con cierto autoritarismo y también alguna corrupción, pero los destinatarios eran los humildes. Lo derrocaron con saña feroz, y lo mismo hicieron luego –el ensañamiento sería menor, pero no el daño causado- con Frondizi en el 62 por marxista preventivo, y con Illia en el 66, por la lentitud de su honestidad. Onganía era la imagen soñada, un Francisco Franco propio. Fueron 18 años de proscripción hasta el regreso de Perón. Luego derrocarán a Isabel, matarán a mansalva y permanecerán en el poder siete largos y terribles años. En síntesis, gobernaron 25 en dictadura, y con singular desparpajo, se animan a hablar de 70 años, como si todo ese tiempo hubiera gobernado solo el peronismo y ellos no hubieran tenido nada que ver con la economía y el endeudamiento.

Antes el enemigo era el marxismo; ahora lo son el peronismo y el Papa. Surgió la asociación de alcahuetes de los nuevos ricos que son más poderosos y perversos que los anteriores. Esa asociación de obsecuentes pagos o vocacionales, se irrita en exceso cuidando su triste lugar de defensores del dinero ajeno.

Un obispo le dijo al Presidente y a toda la dirigencia política que había crecido la pobreza y generó voces indignadas desde el Gobierno. Si Macri incrementó la deuda y la pobreza a la par, no es necesario estudiar en Harvard para entender que trasladó la riqueza del pueblo a su grupo de amigos, parientes y adláteres. La misma que les quitó a los necesitados con la única excusa de que los demás habían robado. Cierto, pero los bolsos y los cuadernos eran de la televisión, y a causa de Macri ahora falta un plato en la mesa porque le usurparon de promedio una quinta parte al poder adquisitivo del asalariado. Es cierto que tampoco el gobierno de Cristina Kirchner fue exitoso en el crecimiento económico. Llevamos ocho años de decadencia, pero la última, la de Macri, fue sin duda la peor. Y ahora se enojan y sobreactúan, agitando fantasmas de totalitarismos de cualquier signo. Pareciera que se arrepienten de ser democráticos cuando nunca les sentó bien el sayo. Bajo diversas formas, los golpes eran lo de ellos. Por ejemplo, lograron caballos de Troya: Celestino Rodrigo tras la muerte de Perón o el Turco, que fue el peor y de cuya herencia surgen muchos extraviados en el cambio de clase, en el "desclasamiento". El medio pelo que antes miraba a París y ahora se enamoró de Miami, esos muchachos, que se creen aristócratas- nunca cultos porque la cultura no es lo suyo- se sienten "civilización" y no soportan la imagen de lo que identifican con la "barbarie". ¿Cómo ellos, refinados, de buena familia y colegios privados, iban a ser gobernados por los corruptos? Es duro, hay que comprenderlos.
Sí, los lenguaraces están descontrolados, el peronismo y el Papa son los motivos de sus odios. No les falta razón: el Papa es la última defensa de los necesitados contra el cuento del libre comercio, contra los grandes grupos económicos concentrados. Nuestra patria sufre hace 40 años un traslado de riquezas desde los asalariados a los nuevos grupos improductivos, esencialmente los servicios privatizados sin control, más allá de las coimas de siempre. No quiere decir que el próximo gobierno no tenga relación con algunos de esos sectores, solo que su esencia no se queda en los negocios, cosa que Macri no logró ni le interesó en su vida. Carlos Melconian calificó con cero la macroeconomía de Macri. Duro debate. El Obispo dijo lo mismo y sigue en su lógica al Papa, que está expulsando a los mercaderes del templo, a los adoradores del becerro de Oro. Si volvemos a pensar en el largo tiempo que estos sectores han estado en el poder -aunque más no sea para refutar el clisé de los 70 años de peronismo, cuando no 80 y hasta 100, como dijo alguno en su ignorancia cerril.

Habría que recordar que el primer golpe de Estado de esta serie fue el 16 de septiembre del 55, con la llamada Revolución Libertadora, previo bombardeo a la Plaza el 16 de junio. En el 30 había sido contra Yrigoyen, que también representaba el campo popular y las clases medias. Eso sí, siempre en nombre de la democracia, la libertad y la honestidad.

Escucho asombrado sus alaridos actuales en defensa de un republicanismo que las urnas no lograron ni lograrán poner en duda. Son elegantes señores enojados con la mera existencia de los morochos, los peronistas, los sindicalistas, toda una amenaza. Habían contratado a Duran Barba para que manejara la miseria por las redes. Falló la tecnología, Marcos Peña se despeñó, y a Mauricio se le frustró el último capricho de "niño bien pretencioso y engrupido", como reza el tango. Si además de las riquezas poseían el poder, era otra cosa. Y si hubiera paraíso, si existiera el más allá, ¿por qué no debiera ser un barrio privado? Insisto: hay que comprender su enojo, soportan muy poco la frustración. Y la que les toca vivir ahora, esa, es de las más difíciles de digerir. Por eso gritan agredidos en su dignidad, como si la tuvieran.