El papa Francisco (Photo by Tiziana FABI / AFP)
El papa Francisco (Photo by Tiziana FABI / AFP)

El mundo indígena amenazado por la mercancía

Con el fin de ocupar los terrritorios selváticos para dedicarlos a la producción de soja y cría de ganado, los ruralistas o hacendados de Brasil y otros países amazónicos, los grandes consorcios dedicados a la actividad extractivista y a la industria maderera, pagan por los incendios de la selva.

Sin embargo, dos razones se oponen a esos brutales "avances": la supervivencia del planeta que se ve amenazada por la atrofia del "gran pulmón" planetario y el asesinato de los pueblos indígenas ancestrales. 

Pueblos que habitan en nueve estados brasileros 305 grupos étnicos con 274 lenguas distintas y un millón de habitantes. A ellos deben sumarse los indígenas de la amazonia peruana, boliviana, ecuatoriana, colombiana, venezolana, guatemalteca, paraguaya y de la Guayana. Queremos reflexionar sobre el mundo indígena otra vez amenazado.

El holocausto amazónico

Un espíritu fundado en el "relativismo práctico" (Francisco LS 122/124) y el desprecio de los demás, "un antropocentrismo desviado, (ha dado) lugar a un estilo de vida desviado", el de los incendios. Prácticas derivadas del espíritu inmediatista, especulativo y materialista del "pueblo de la mercancía" como los yanomami llaman a los blancos por la avidez desmedida de la posesión y la propiedad (Kopenawa y Albert, 2016). Las mismas prácticas criminales vienen ocurriendo en los demás países de la región.

Los pueblos y sus divinidades

La cultura indígena cree en las divinidades que están en conexión -afirma Araujo dos Santos S.J.- con las fuerzas de la naturaleza. Esto se verifica entre los tupíes y guaraníes -los dos grupos de Brasil más importantes-entre los yanomamis, los araras y muchos otros pueblos que dejaron una herencia mitológica que permanece viva con sus dioses. Como Tupã, el gran "Espíritu del trueno", el creador de los cielos, de la tierra y de los mares, como Jaci, hija de Tupà, diosa de la luna y guardiana de la noche por poner dos de las divinidades más relevantes.

El indio vive con el mundo

En efecto, el indio no vive solamente en el mundo, sino sobre todo con el mundo, con la tierra. Se concibe como un ser en relación con los dioses y en íntima relación con la naturaleza. Y ello pertenece a la praxis del indio. Dice Martinez Sarasola que en muchas de sus acciones cotidianas se dirige primero a las fuerzas de la naturaleza a cuya existencia le otorga una dirección sagrada. Por ejemplo, en el baño matutino de los mapuches, momento de oración, o la invocación en los rituales de sanación y desde luego en las celebraciones del culto que se reiteran en las diversas etnias y culturas.

El indio vive en paz

En el mundo indígena raras veces se verifican casos de homicidio, violación, abandono de niños, prostitución o cualquier otra forma de injusticia social. Lo cual no significa ignorar el misterio que encierran muchos grupos, a veces no contactados con el mundo de afuera, y la hostilidad que suelen manifestar.

El amor por las demás criaturas

Sin embargo, es una constante la alegría, el buen humor, la indiferencia frente a la acumulación inútil de bienes y el amor hacia las plantas y los animales. Un misionero que trabaja entre los indios del Amazonas cuenta: "Muchas veces encontramos en distintas aldeas mujeres indígenas que, además de amamantar a su bebé, daban de mamar también a una cría de mono, o de ciervo, o de jabalí…". Una señora Kokama, que amamantaba a una cría de venado, con paciencia y cariño nos explicó: "mi marido salió temprano a cazar con otros cazadores de la aldea. Lo único que encontraron fue una mamá venado con su cría. La tuvieron que sacrificar porque era tarde y tenían que traer algo para comer. Si hubieran encontrado algún otro animal, no habrían sacrificado a la mamá venado. Pero también trajeron a su cría. No la abandonaron. Porque igual que la mamá venado se sacrificó para alimentar a mis hijitos, yo tengo que alimentar a su hijito para que mañana, mis hijitos y sus hijitos continúen…".

"Quítate las sandalias…"

Como vemos, para los pueblos originarios del Amazonas, "la naturaleza es un sujeto viviente y lleno de intencionalidad, no algo objetivo, mudo y sin espíritu. La naturaleza habla, y el indígena amazónico comprende su voz y su mensaje. Él la escucha y se adecúa siempre a ella en un complejo conjunto de relaciones e interrelaciones, mediante las cuales procura establecer un equilibrio socio-cósmico y una integración dinámica" (Araujo dos Santos). Los indios viven en y con la naturaleza de manera sagrada y en celebración.

Por eso los indígenas aman su mundo y son defensores de la biodiversidad amazónica y por eso enfrentan la deforestación y todas las actividades depredadoras y destructivas… conservando los recursos de la tierra y de la naturaleza necesarios para su estar en el mundo y su buen vivir.

El papa Francisco, en su discurso en el encuentro con los pueblos del Amazonas, Puerto Maldonado, Perú, el 19 de enero de 2018, dijo: "Quienes no habitamos estas tierras necesitamos de vuestra sabiduría y conocimiento para poder adentrarnos, sin destruir, el tesoro que encierra esta región, y se hacen eco las palabras del Señor a Moisés: 'Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa' (Ex 3,5)".

Se debe lograr la armonía

El Santo Padre afirma que desde una perspectiva cristiana se puede y se debe convivir en armonía de los pueblos, con la conservación del medio ambiente y con la producción sustentable de bienes para su consumo e intercambio. Ese es el gran desafío.