(Foto: Franco Fafasuli)
(Foto: Franco Fafasuli)

Los incendios forestales pusieron el ojo del mundo en Sudamérica y mientras la humanidad debate la necesidad de cambiar los modos de hacer, producir y generar crecimiento económico, los jóvenes marcan la agenda del futuro. La preservación de los ecosistemas es el objetivo prioritario.

El Acuerdo de París permitió la reflexión sobre el estado de situación, y fue el origen del compromiso de la mayoría de los países del mundo para un desarrollo sostenible con el 2030 como objetivo.

Si bien en la Argentina estamos dentro de un abordaje de prevención y anticipación en el manejo del fuego, la experiencia en el Amazonas enciende un alerta para la humanidad toda. Y llama a la unificación de criterios entre los países de la región, para afrontar en bloque las adversidades climáticas y encontrar soluciones comunes para todos los que habitamos el continente. En este sentido, una resolución del Parlasur busca crear un sistema de gestión de riesgos y emergencias ambientales. De esta manera, pasaríamos de una red meteorológica a una red de emergencia. Y es por ello también que los países latinoamericanos debemos promover y desarrollar una agenda conjunta, con temas de interés mundial como forestación, deforestación, cada uno desde el lugar que ocupa, conformando un frente común.

Asimismo, el diálogo con los jóvenes es lo más importante. Ellos son los más concientizados sobre la necesidad de encontrar un futuro sustentable. Debemos levantar el guante, tomar su agenda y darles participación en las mesas donde se debate la preservación del ambiente.

Hay que dimensionar la seriedad del tema, y tomar las decisiones políticas, económicas y sociales que permitan revertir los avances del desastre ambiental que estamos viendo. El cambio climático es el síntoma del estado del planeta, porque estamos enfermos de mala praxis. Pero tenemos a mano el tablero de control, los ODS, Objetivos del Desarrollo Sostenible forman parte de la solución.

El cuidado del ambiente es imprescindible para la supervivencia humana y, a pesar que suela ser desvinculado por el pensamiento general, a nivel mundial existen estándares ambientales que son condición sine qua non para alcanzar acuerdos comerciales y lograr el desarrollo y crecimiento económico del país. Es por esto también que debemos ser más exigentes con los estándares de producción y consumo. Un claro ejemplo surge en la posibilidad de ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), este organismo de cooperación internacional reclama que los países miembros lleven a cabo procedimientos y desarrollen sus productos bajo estrictas normas ambientales que además sean sustentables.

Repensar nuevos modos de producción, de consumo y uso es algo que como Estado debemos promover y que la ciudadanía debe reclamar.

Hoy en nuestro país contemplamos la realidad y trabajamos por la implementación de políticas de adaptación y de mitigación al Cambio Climático. La construcción de ciudades resilientes, capaces de atravesar las contingencias del calentamiento global y las inundaciones, es un factor clave para superar la situación. A la vez que la mitigación de las consecuencias, producto de los gases de efecto invernadero, es abordada desde la reforestación para revertir la situación.

Asimismo, la necesidad de alcanzar objetivos de sustentabilidad implica repensar los términos e implementar nuevos usos para los desechos. Es por esto que la valorización de los residuos es un instituto reconocido mundialmente para el aprovechamiento de materiales y la minimización del desperdicio en la utilización de recursos no renovables. Países avanzados con políticas ambientales de este tipo han desarrollado normativa de aplicación internacional que contemplan el fin de condición de un residuo y su posterior utilización como insumo para un proceso productivo o como un producto de uso directo.

Nuestro país, desde el año 1992, viene importando residuos bajo la presentación de un certificado de inocuidad sanitaria y ambiental, documento que en la actualidad ningún país del mundo emite. A través del decreto 591/19, modificamos una norma de más de 27 años de antigüedad para fortalecer los controles y garantizar el uso de insumos importados en condiciones ambientalmente adecuadas, internalizando exigencias reconocidas a nivel mundial. Esta reciente norma también permite asegurar que las mercaderías que ingresen al país, estarán reguladas por estándares de calidad técnicos, que serán verificado por al menos dos organismos: la Secretaria de Gobierno de Ambiente y Desarrollo Sustentable y el Ministerio de Producción y Trabajo, fortaleciendo la intervención de aquellas posiciones arancelarias que se encuentren intervenidas, garantizando que se cumpla la prohibición de ingreso de residuos.

Esto es parte de lo que venimos trabajando desde que el presidente Mauricio Macri sumó el Gabinete Nacional de Cambio Climático bajó la órbita de la Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación, donde se originan y planifican estrategias.

La Argentina hoy tiene las herramientas adecuadas para revertir el deterioro ambiental, pero necesitamos la coordinación de los países de la región y el compromiso de la sociedad, en especial de los jóvenes, para alcanzar acciones concretas de cara al futuro.

El autor es secretario de Gobierno de Ambiente y Desarrollo Sustentable