María Eugenia Vidal y Mauricio Macri (Nicolas Stulberg)
María Eugenia Vidal y Mauricio Macri (Nicolas Stulberg)

Hacia mediados de 1530, en una península itálica fragmentada en pequeñas y medianas ciudades, la constante puja por imponerse unas a las otras mantenía a los gobernantes en vilo. El poder se adquiría tan rápido como se perdía.

Sobre esa situación, un filósofo y experimentado funcionario político florentino publicaba El Príncipe, que con el tiempo se convertiría en una de las piezas más influyentes a la hora de reflexionar sobre cómo conquistar y conservar el poder. Esta era una de las ideas más firmes de Nicolás Maquiavelo.

Aquellas palabras de Maquiavelo aun resuenan a casi 500 años de publicar su célebre obra. Con el diario del lunes y el escrutinio de las PASO en mano, una de las principales preocupaciones de los equipos de campaña no es sólo cómo lograr cosechar mayores votos de cara a octubre, sino cómo mantener aquellos obtenidos en agosto. En otras palabras, no se trata solo de cómo ganar más votos, sino de cómo no perder lo que ya se tiene.

El impacto de una cifra desalentadora

El escrutinio definitivo de las PASO tardó tres largas semanas. Al conocerse, el Frente de Todos logró mejorar levemente el resultado obtenido en el escrutinio provisorio del domingo 11 de agosto, al mismo tiempo que Juntos por el Cambio redujo su caudal. Sin embargo, se trata tan sólo de ajustes superfluos, manteniéndose la misma tendencia y margen de resultados entre las fuerzas que ya habían trascendido la noche del domingo electoral.

A contramarcha de lo que venía ocurriendo en contiendas anteriores, las PASO de 2019 no fueron una elección dirimida por pequeñas diferencias: el kirchnerismo obtuvo una distancia de casi 16 puntos respecto al oficialismo. Los efectos de la tan mentada polarización no estuvieron tanto en acortar la diferencia entre los dos contendientes más acaudalados –en términos de voto-, sino en marcar una distancia considerable entre ellos y las terceras fuerzas que, en ningún caso, pudieron alcanzar los dos dígitos.

El resultado obtenido en las PASO impactó en muchos frentes, pero fue sin duda en las filas de Juntos por el Cambio donde golpeó con más fuerza. No se trata tan solo del impacto que el 31,79% de los votos provocó en los funcionarios y principales referentes del espacio, sino del efecto negativo que este guarismo generó en el ánimo de los militantes, voluntarios, fiscales y simpatizantes. No resulta banal que quienes llevan la campaña diariamente al territorio, quienes conversan con los vecinos en las recorridas y mesas en la calle y quienes fiscalizan en los comicios, se sientan desmotivados para hacerlo.

El oficialismo tiene ante sí un desafío doble. Por un lado, contener el descontento interno por el resultado para evitar que sus votantes den la elección por perdida y sus seguidores desistan de hacer la campaña y, por el otro, implementar una nueva estrategia electoral que le posibilite ampliar su caudal de votos. Está claro que sin el segundo objetivo el futuro electoral de Macri está agotado, pero cabe resaltar la importancia de fortalecer el primero, ya que sin campaña –y sin quienes hagan la campaña- no hay epopeya posible.

¿Cuán sólido es el 47%?

A lo largo de las contiendas electorales, en gran medida como fruto de una exitosa campaña, es usual que las diferentes fuerzas en pugna incrementen su caudal de votos. En definitiva, una de las funciones primordiales de las campañas es precisamente esa: persuadir al electorado. Sin embargo, lo que no resulta frecuente es que un candidato pierda una masa considerable de votos, sobre todo luego de una exitosa elección primaria. Cabe remarcar que, si bien no es usual, esto no significa que no ocurra. Si algo caracteriza la opinión pública es su dinamismo y constante cambio.

El triunfo de la fórmula Fernández–Fernández se inscribe necesariamente en un contexto que no puede ni debe soslayarse a la hora del análisis de lo ocurrido el 11 de agosto, y de las estrategias de cara al próximo 27 de octubre. La preocupación de los argentinos por la situación económica, la falta de expectativas sobre la capacidad del Gobierno para resolver la crisis y la impronta de moderación que Alberto le imprimió –hasta ahora- al kirchnerismo, resultaron seductoras para casi la mitad de los votantes.

Si bien el proceso electoral no está terminado, la prioridad para el kirchnerismo recae –siguiendo a Maquiavelo- en cómo conservar lo obtenido.

Una plaza, dos cantos

El decálogo que el consultor Jaime Durán Barba le imprimió a Mauricio Macri en particular, y al PRO y a Cambiemos en general, fue el de considerar que las movilizaciones, las manifestaciones públicas y las convocatorias a la Plaza de Mayo -tan características en nuestra cultura política- eran eventos menores. Quizás en algo tenía razón: una Plaza de Mayo llena no garantiza ganar las elecciones. Si bien aun repleta, representa menos del 1% del padrón electoral, subestimar algunos de los elementos que hacen a la vida política local puede ser fatídico, más aun en un momento de crisis como la actual.

Sin embargo, hace una semana la Plaza de Mayo fue el escenario elegido por una movilización para manifestar su apoyo a Macri. La duda aún persiste: ¿fue el 24 de agosto una movilización en apoyo a la institución presidencial y a su necesaria continuidad en el mandato? ¿Fue una manifestación anti kirchnerista? ¿Fue una movilización para apoyar el programa económico de Macri? Las respuestas, como toda verdad, pueden estar en un punto intermedio. Lo que está claro es que la plaza "cantó" y el destinatario de esta melodía no es sólo el Presidente.

Al abandonar la isla de Eea, morada de la hechicera Circe, Ulises emprendió su viaje marítimo hacia Ítaca. La travesía que lo llevaría a su hogar tendría como parada ineludible -advertida por Circe- la región donde habitan las sirenas, quienes, con su sonoro canto, hechizan a quienes naufragan cerca de ellas, hipnotizándolos hasta provocarles la muerte. El consejo de Circe para que nada detuviese a su amado Ulises era tapar los odios de sus marineros para que estos eviten oírlas y, en el caso de que él quisiera hacerlo, se debería amarrar al mástil de su nave.

Existe un paralelismo entre la Plaza de Mayo llena de manifestantes en apoyo de Macri y el canto de las sirenas en la Odisea. La contienda electoral en ciernes no se trata solo de emitir mensajes, sino también de escuchar. En el caso de Macri, el "canto" de la plaza puede hipnotizarlo hasta confundir su rumbo electoral. Allí, con diferentes matices, se concentró un sector del electorado afín a su figura. Exponerse al canto de la plaza sin los "amarres" necesarios, podría perjudicar al Presidente aún más de lo que el sentido común indicaría. Inmerso en una contienda electoral que se le presenta muy compleja debería procurar escuchar a los disconformes, a los enojados, a los que no lo votaron pero podrían votarlo.

Sin embargo, esta sirena también está ahí para el equipo del Frente de Todos. Como lo hizo el de Ulises en la célebre obra de Homero, el navío del candidato Fernández debería circundar el canto de aquellos que son afines a Macri, y prestarles mucha atención. En definitiva, en esa Plaza estuvieron presentes las voces a las cuales el kirchnerismo fue reacio por mucho tiempo.

Sociólogo, consultor política y autor de "Gustar, ganar y gobernar" (Aguilar, 2017) y "Comunicar lo local" (Parmenia- Crujía, 2019)