El presidente Mauricio Macri (Télam)
El presidente Mauricio Macri (Télam)

Macri vino a llevarse lo que quedaba: el saqueo está a la vista. Prometieron inversiones y terminaron endeudando, inventando supuestas ganancias, siendo mucho más dañinos que los robos de los cuadernos. Construyeron una bomba de tiempo con la deuda y el interés desaforado que incrementó una masa de dinero que algún día debería estallar. Ahora, algunos promueven la idea de que es culpa del resultado electoral. Sutil manera de convertir el fracaso en conspiración. Y cierto a medias porque a Macri, si ganaba, le iba a durar un rato, no mucho: la realidad suele llamarle la atención a la ficción. Se imaginan liberales cuando son anarquistas, sueñan una libertad de mercado que les permita esclavizar ciudadanos. Ya expulsaron a la miseria a un tercio de la sociedad probando su perversa receta. Ahora van por el resto de la clase media. En su mundo imaginario solo habitan los ricos, que son ellos, y los pobres, que somos el resto.

Construyeron un castillo de naipes y le quieren hacer juicio a la brisa. Participan de una supuesta ideología construida a partir de proteger y expandir sus intereses. La concentración económica que inició Martinez de Hoz, y luego Menem con Cavallo y Dromi llevaron al límite, deja indefenso al pequeño productor y comerciante frente a la cadena sostenida por el banco. Los supermercados destruyendo almacenes, capitales extranjeros llevándose la ganancia de la gaseosa, las farmacias del señor Quintana, a quien Carrió llegó a imaginar como un defensor de los necesitados. Hasta los quioscos son cadenas. El Estado ayuda a las empresas a explotar al ciudadano, y la iniciativa privada es una excusa. No producen nada, son intermediarios. La dictadura de los ricos suele terminar en autoritarismo. Condenan Venezuela y les sobra razón; luego engendran una pobreza que poco tiene que ver con la libertad y la democracia.

Acompañados por el partido del odio, mezcla de periodistas con intelectuales y señoras gordas sobrevivientes a su creador, Landrú, ese mundillo tiene más agresores que votantes. Una mezcla de nuevos ricos con medio pelo jauretchiano, dogmáticos de los negocios, docentes de ética financiados por los bancos. Ahora que vaciaron el zoológico podríamos desplegar una exposición majestuosa de gorilas de todo pelaje. Odian a los humildes y cualquiera de sus expresiones, confrontan a Marx con Durán Barba y Loris Zanatta; y para no criticar a Macri nos hablan de Boudou.  Varios de ellos tienen plumas bien ubicadas, tanto como pelos bien desarrollados. El Papa y Perón son el blanco de su resentimiento, ratones del intelecto apasionados por el queso. Pierden y se enojan, como antes cuando convocaban al golpe solo que ahora les resta hacerse los heridos en su buen gusto y deshonor. Victimarios disfrazados de víctimas. Dueños de la ética, la República y la elegancia, patéticos mediocres apacentados por las migajas de los vende patrias de turno. Ahora Pichetto abrazó la fe del converso, leal a Menem, a los Kirchner, de puro obediente le toca hoy conducir la retirada.

María Eugenia Vidal gobernaba con los peronistas, Larreta maneja los negocios con la oposición, y Macri con Carrió y Duran Barba endeuda y empobrece eligiendo el rencor y la soberbia con la amenaza "los otros pueden ser peores".

No hay patria sin patriotas. Tampoco los kirchneristas son joyas para construir una nueva sociedad. Macri es el peor de todos por lejos. Pedimos prestado para que los que no generan riqueza sino que roban la ajena, para las privatizadas de los parientes y amigos de Macri, para que esos se lleven el sudor de los humildes y multipliquen la miseria de los asalariados y desocupados. La codicia suplantó al talento, los negocios ocupan el lugar de la política y ya casi nadie se hace cargo de la esperanza colectiva. Macri y Carrió asustan con que los demás son peores; no saben qué es la necesidad, creen que la miseria se cura con "las instituciones". Les toca el triste final que supieron construir. Y no hay nada más patético que la desnudez de la mediocridad en la derrota.