Mucho para reflexionar acerca de lo ocurrido con una persona que amenazaba con un cuchillo e impedía la circulación de un micro a la vez que generaba disturbios en la vía pública y en especial sobre el accionar policial que pretendió disuadirlo. Como hemos visto en videos que trascendieron por los medios de comunicación, un agente policial le propició una patada en el pecho al sujeto, que cayó de espaldas y se golpeó fatalmente su cabeza en el asfalto. Como es sabido, estos hechos motivaron no solo múltiples críticas sino también la prosecución de una causa penal por homicidio preterintencional, es decir aquel que ocurre sin intención de matar y sin que el medio empleado pudiera ocasionar razonablemente la muerte. En este tipo penal el autor tiene intención de ocasionar algún daño, en la salud o la persona, pero no la muerte, aunque la causa.

Es preciso considerar que en un Estado de derecho el monopolio del uso de la fuerza es atributo exclusivo de las fuerzas de seguridad. Esto es así aquí y en el mundo. Solo que en el mundo, a diferencia de lo que ocurre en nuestro país, esto no es materia de discusión, como tampoco lo es la obligación de los ciudadanos de obedecer de inmediato la orden emanada por la autoridad. Es de esperar que a la voz de "alto, manos arriba" le siga el inmediato cumplimiento y si esto no ocurre las fuerzas de seguridad actúan. ¿Como actúan? Dependerá de las circunstancias y en especial del mandato que pesa sobre los efectivos policiales de proteger a los ciudadanos aun a costa de su propia vida.

En una célebre película se impregnó un mandato "un gran poder conlleva una enorme responsabilidad". Es oportuno que luego de transcurridos varios días analicemos el ejercicio de este gran poder y en especial si su ejecutor estuvo a la altura de esta enorme responsabilidad.

Seguro que desde la tranquilidad de nuestros hogares y sin hallarnos en situación de peligro podemos pensar múltiples intervenciones posibles. Lo cierto es que, en esa circunstancia, quien tuvo que en fracción de milésimas de segundo tomar decisiones lo hizo con los recursos que tenia y quizás con el menos lesivo con el que contaba, no uso su arma sino una patada que no podría producir razonablemente la muerte.

Es cierto también que llegaban otros efectivos; no se encontraba solo. Pero todo eso lo sabemos ahora. Insisto: hay que estar en situación, tomar decisiones veloces y fundamentalmente estar allí en respuesta a un llamado de emergencia. Claro está que en eso consiste esta tarea, por ello el Estado debe poner mucho énfasis en la formación, capacitación y contención de sus fuerzas de seguridad, proveerla de elementos persuasivos tales como el gas pimienta, la pistola eléctrica, etc, pero también trabajar fuertemente con equipos psicológicos que se aboquen no solo en la selección adecuada del personal sino además en profundizar estrategias cognitivas para la toma de decisiones asertivas especialmente en momentos de peligro y/o sumo estrés.

Es necesario tener presente que los efectivos policiales son simples seres humanos expuestos a enormes exigencias, entre ellas entregar su vida por nuestra protección, y que para ello necesitan de un sistema que los prepare adecuadamente. Así como también reflexionar sobre la responsabilidad que nos cabe a todos los ciudadanos de educar y educarnos en el más absoluto respeto a la ley, es probable que la intervención policial no hubiera sido necesaria si tan solo se acataba la orden.

Jueza de Ejecución Penal N°1 del Departamento Judicial de Quilmes. Miembro de Usina de Justicia