Bolsa de Buenos Aires tras derrota de Macri en las PASO (Photo by RONALDO SCHEMIDT / AFP)
Bolsa de Buenos Aires tras derrota de Macri en las PASO (Photo by RONALDO SCHEMIDT / AFP)

La semana siguiente a las elecciones PASO en la Argentina fueron un verdadero "cisne negro", como se llama a los eventos de muy baja probabilidad y alto impacto, para los mercados financieros y para la economía real. Para muchos traders millennials fue el primer crash de mercado que experimentaron mas allá de los libros y las anécdotas. Por otro lado, aquellos fundamentalistas que sostienen el divorcio entre los mercados financieros y la economía real se sorprendieron al escuchar cómo proveedores y clientes, entraban en un stand by hasta que no hubiera algunas certezas sobre el futuro.

El alto impacto y la baja probabilidad que se asignaba a una caída semejante en los mercados de capitales se resumía señalando que -estadísticamente- si los retornos de los títulos públicos seguían una distribución de Gauss, este era un evento de 4 desviaciones estándar, es decir, que había un 99.994% de probabilidades que no ocurra o un 0.006% que sí ocurra, como finalmente sucedió. Más grave aún fue la pérdida en renta variable (acciones), donde la caída fue del 48% y se hablo de un evento de 17 desviaciones estándar.

Como si fuera poco, el panorama de confusión que reinó los días siguientes a ese lunes negro se profundizó cuando las agencias calificadoras Fitch y S&P bajaron la calificación de la deuda argentina, pasando de B (inversión especulativa) a CCC (inversión con riesgo sustancial), agitando los rumores de default y colocándola en el mismo "club" que Congo, Gambia, Turkmenistan o Zambia.

Ahora bien, esté claro que el mercado reaccionó ante una expectativa electoral que tenía al momento del cierre de las cotizaciones del viernes anterior a los comicios, pero no existe objetivamente un cambio sustancial en las variables macro y los "fundamentals" que avalen semejante caída de valor.

Si el mercado exageró ante los resultados electorales, Argentina se encuentra ante una increíble oportunidad de sacar ventaja de ello. Solo hace falta consenso y un fuerte liderazgo para llevarlo adelante.

La deuda externa argentina era –al 31/3/2019– de 324.898 millones de dólares, representando este el 88.5% del PBI. El 35.9% de estos compromisos está en posesión de agencias del sector público, el 45.3% en el sector privado y el 18.8% restante en organismos multilaterales de crédito.

La pérdida de valor de los títulos argentinos constituye una oportunidad de recompra por parte del gobierno nacional a los fines de licuar su propia deuda, mejorar su perfil de vencimientos y enviar una señal clara al mercado. Esto no es nuevo: ya en 2008 se realizó una recompra similar, y en estos días algunas empresas anunciaron la recompra de sus propias acciones aprovechando la caída que habían experimentado.

Dentro de la categoría de organismos multilaterales de crédito, el FMI es el que concentra la mayor cantidad de acreencias. Este es el único acreedor que posee incentivos reales para aceptar una refinanciación, ya que Argentina es su principal deudor, y el impacto de una refinanciación en los organismos internacionales es significativamente menor que una reestructuración de la deuda en manos del sector privado.

Los vencimientos de la deuda en manos de privados (aquella mas difícil de reestructurar y con mayor impacto) caen el 34% en el 2019-2020, el 21.7% en el periodo 2021-2025, el 31.3% en 2026-2035, y 13% a partir del 2036. Esto implica una gran concentración de vencimientos (el 51.7%) en los próximos 5 años, principalmente por el Bonar 2020 (AO20) y el Bonar 2024 (AY24).

Una negociación con el FMI que permita acceder a una asistencia PPL (precautionary and liquidity line) podría utilizarse para la recompra de estos títulos, enviando señales claras al mercado de una estabilización, es decir que "se tocó el piso", y a la vez recomprando la deuda considerablemente más barata.

Un acuerdo con el FMI de estas características, incluyendo el diferimiento de sus propios vencimientos, podría realizarse a un plazo de seis años de acuerdo a los manuales del fondo. El resultado es una solución win-win, ya que el empeoramiento de la situación financiera de la Argentina no solo afectaría al FMI por ser su principal deudor, sino que aun no se ha analizado la posibilidad de un efecto contagio a otros mercados emergentes y de frontera.

De esta manera, Argentina licuaría su deuda, mejoraría su perfil de vencimientos y se enviaría una señal al mercado contundente. El FMI lograría que su principal deudor no tenga incentivos para incumplir sus compromisos y eliminaría el riesgo de contagio a otros mercados. En tanto que la economía real percibiría señales de estabilización para poder seguir con su nivel de actividad.

Una última reflexión de carácter cualitativo. Los resultados de las PASO dejaron a Alberto Fernández a metros del sillón de Rivadavia, pero los mercados reaccionaron como si el candidato con más votos hubiera sido el norcoreano Kim Jong Un. Claramente es una exageración sin ninguna base sólida como fundamento. Argentina aprendió que los defaults solo traen mayores dificultades. Es solo cuestión de decisión política y aprovechar los -escasos- momentos de irracionalidad del mercado.

El autor es abogado, licenciado en Finanzas y trabaja como consultor. Anteriormente se desempeñó como director y vicepresidente del Banco Chubut SA, subsecretario de la provincia de Chubut, concejal de la ciudad de Trelew y asesor de empresas.