Alberto Fernández, en la celebración de la victoria
Alberto Fernández, en la celebración de la victoria

El domingo no hubo voto basculante, ni voto castigo, ni voto miedo. Hubo voto esperanza. No obstante lo económico ocupó un rol predominante. Esto responsabiliza a Alberto Fernández. A partir de ahora debe explicar hacia dónde irá el país que –todo indica-, conducirá a partir de diciembre. En el cierre de campaña en Rosario habló sobre su convicción de priorizar la producción a la especulación; y anteponer en sus políticas a los jubilados y a la educación. Dijo que en el primer semestre los resultados comenzarían a visibilizarse. El proyecto de recuperación productivo no es algo que el peronismo ignore. Argentina no es viable con el 40% de sus ciudadanos pobres y empobrecidos. Sé que Daniel Arroyo y su equipo tienen el plan listo para aplicarlo el mismo 10 de diciembre si son gobierno.

Existen dos talones de Aquiles: uno la transición; y otro, la relación con el mundo exterior. Alberto Fernández tuvo una impronta pobre, hasta desafortunada con lo exterior. Su visita a Lula y a Pepe Mujica fue para adentro de sus filas. El desafío de Fernández es sacarse de encima el mote de "populismo autoritario" con que Marcos Peña definió el domingo a la noche al victorioso. El peronismo es democrático, es capitalista y es sensato, pero el mundo, se tiene que enterar.

La transición debiera ser priorizada por el gobierno de Macri, también por Alberto Fernández. Resultaría imperioso un acuerdo de gobernabilidad. Falta transcurrir ciento diecinueve días hasta el 10 de diciembre. Debe evitarse que se repita lo de 1989. Ambos tienen la responsabilidad de cuidar la democracia donde vive gente llena de incertidumbre. Rápidamente debiera allí ponerse certidumbre. La responsabilidad principal es del presidente Macri. En la conferencia de prensa brindada ayer el Presidente no acusó el impacto de las urnas. Se mostró ajeno al resultado. Culpabilizó a Alberto Fernández de que los mercados, no conformes con el resultado electoral, reaccionaran negativamente. Si bien dijo haber llamado a los candidatos, se vio un Macri que sigue en campaña y que no reacciona como Presidente ante la gravedad del momento.

Literalmente es apagar un incendio con nafta, cuando debiera bajar los decibeles. Se vio a un Presidente con enorme irresponsabilidad. El día después debió ser el inicio de una concertación de políticas. Hubiese sido un signo de madurez de los dirigentes ante un país con grandes dolores y urgencias.

Miguel Ángel Pichetto, en vez de haber estado sentado al lado del Presidente asintiendo en lo que pareció una acusación a los ciudadanos por cómo votaron, debió haber sido el encargado de acercar sensatez al presidente Macri.

La PASO se fue metamorfoseando desde la nada misma hasta terminar siendo una elección definitoria. Los resultados asombrosos del domingo visibilizaron que la esperanza puede más que el miedo. Alberto Fernández, con su discurso de centro, traspasó la barrera de su núcleo duro de votantes. Se debe convenir que Cristina Fernández de Kirchner tuvo la visión política de elegir a un candidato con otras formas y posicionamientos a los de ella.

Queda claro que el candidato presidencial puso su impronta moderada y trabajó sobre la recuperación de la esperanza. Alberto Fernández planteó de entrada cómo manejaría su candidatura, decidiendo ser su propio jefe de campaña. Construyendo esperanza donde había olvido y pudo poner la economía en la agenda electoral, interpretando así a esa mayoría silenciosa y doliente de los pobres de antes y de los nuevos pobres. También, de esa clase media desguazada por el gobierno a través de impuestos y tarifas. De las pymes quebradas. De las industrias y comercios raquíticos a los que se les pedía más achique en nombre de un futuro, cuyos cimientos no fueron construidos desde lo fáctico. Mauricio Macri tuvo siempre voluntarismo pero no un plan y cuando lo tuvo fue a propuesta del FMI al que quedó ceñido en su accionar. Hoy el Presidente debe entender que el poder está en otro lado y no por mandato de los mercados, sino por voluntad de los ciudadanos argentinos.

El candidato Macri políticamente prefirió morir con sus botas puestas a la hora de priorizarse electoralmente. "Yo los traje, conmigo se van". El futuro del PRO está jaqueado. El de Juntos por el Cambio más aún. El radicalismo ya no puede perder más, deberá tener la valentía de recuperarse desde sus raíces.

El domingo a la noche el presidente Macri desaprobó en su rol de líder. No por perder, los líderes también pierden elecciones. Sí, por no emitir una sola señal hacia la ampulosa mayoría que ganó. Un líder democrático saluda al otro. Como lo hizo rápidamente Roberto Lavagna. Macri repitió la conducta de Cristina de Kirchner cuando se ausentó a la hora de entregarle los atributos a su sucesor.

Otro tema significativo fue la mesura que impuso Alberto Fernández en la victoria. No hubo desborde verbal alguno. El mejor discurso de ese sector a la noche, fue el de Máximo Kirchner.

El gran interrogante es lo por venir en lo inmediato. Queda claro al cierre de este análisis que el candidato Macri ante este resultado debiera priorizar la gobernabilidad. De acuerdo a lo expresado en la conferencia de prensa de ayer está lejos de esta comprensión.

El presidente Macri pareciera darle más importancia al voto de los mercados que al de los 30 millones de votantes. ¿Cuántos votos tiene el mercado? ¿Veinte mil, treinta mil?

Finalmente una mención sobre los encuestadores, su forma de trabajar pone en jaque la esencia de lo que no debe dudarse: la seriedad de la Estadística.