Tisha Bva – 9 de Av
Tisha Bva – 9 de Av

El escritor norteamericano William Faulkner dice: "La sabiduría suprema radica en tener enormes sueños, como para no perderlos de vista mientras se consiguen".

En mitad del camino nos suceden cosas que nos distraen. Cosas pequeñas, cosas grandes, cosas que no estaban en la agenda, que no tenían porqué pasar, cosas que tienen que ver con nuestras limitaciones, miedos y frustraciones, o cosas que ni siquiera tienen que ver con nosotros. Y mientras luchamos esas batallas coyunturales que a veces no valen el esfuerzo, la angustia ni el tiempo, se empieza a olvidar el sueño, el ideal. Por eso, el sueño debe ser enorme. Para no perderlo jamás de vista.

Cuando se logra mirar a través de la problemática que invita a cegarnos, y se camina de todas formas en sentido al sueño, entonces se logra tener visión. Visión es saber ver un poco más allá de lo que ven los ojos, para no quedarse sólo con lo que se ve. Porque lo que ves, no necesariamente es lo que es.

El profeta Isaías vivió hace algo más de 2700 años. Eran tiempos de decadencia moral y espiritual, y políticas que degradaban socialmente a sus conciudadanos. El texto se llama "Jazón", que significa "Visión". Isaías predice cuál será el futuro de destrucción, fuego y exilio de esa sociedad, al describir su presente cruzado por la angustia:

"¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede ser que una ciudad tan hermosa…se haya prostituido así?… Tu plata se ha convertido en escoria, tu vino está mezclado con agua, tus gobernantes descarriados son amigos de los ladrones, cada cual ama el soborno y corre detrás de las dádivas…". (Isaías 1:21-23)

Si bien Isaías siente y percibe que su sociedad está a punto de colapsar, sobre el final de su predicción anticipa que desde ese abismo, volverá a ser rescatada y que los que retornen a ella lo harán reconstruyendo una nueva sociedad plena de justicia. En el final del texto asoma una luz esperanzadora. Si bien es testigo de un mundo difícil y gris, puede ver a través de la oscuridad la puerta que se abre ante ese encierro. El sueño es tan grande, que no lo pierde de vista.

La primer predicción finalmente se cumplió. Casi 600 años antes del nacimiento del cristianismo, la destrucción y el exilio del Reino de Judea marcó a fuego un día en el calendario hebreo: el 9 del mes de Av.

El 9 de Av se convirtió en la fecha más oscura y dramática del pueblo de Israel. Un día tachado con negro en el almanaque. A partir de aquél 9 de Av, todos los males y tragedias nacionales del pueblo judío se sucederían de manera increíble siempre en ese día: la destrucción del Primer Templo de Jerusalém hace 2600 años en manos de los babilonios; la destrucción del Segundo Templo 2000 años atrás en manos de los romanos; un poco menos de 100 años después la caída de la revuelta de Bar Kojba contra Roma con el resultado de un millón y medio de judíos asesinados a lo largo de todo el país y Jerusalém totalmente destruida. Siempre el 9 de Av, en 1290 la firma de la expulsión de los judíos de Inglaterra. En 1306 la firma de la expulsión de los judíos de Francia. En 1492 la firma de la expulsión de los judíos de España. En el atardecer del 9 de Av, Tisha b´Av, comenzó la Primera Guerra Mundial, la catástrofe que sembró en la derrotada Alemania el germen del nacionalsocialismo y la tragedia asesina de la Shoá (Holocausto). En 1942, en la víspera de Tisha b´Av, comienzan las deportaciones masivas del Gueto de Varsovia a Treblinka. Y aquí en la Argentina hace 25 años, horas después del 9 de Av, explotaba la Amia.

Que toda esa catarata de catástrofes se conmemoren desde hace siglos en un solo día encierra un enorme mensaje: la crisis, el dolor, la pérdida o la oscuridad que estemos viviendo, no puede manchar todo el calendario de la vida. Debe tener e insumir el lugar y el tiempo que merece. Pero no pueden llevarse todos nuestros días. La sabiduría radica en invertir los días en traer iluminación a los tiempos oscuros. Para eso, no debemos perder de vista el sueño.

La decadencia moral, la falta de liderazgos éticos, la escasez de oportunidades, el resquebrajamiento social, la fragilidad de la economía, y el desánimo en el futuro, invaden nuestra sociedad como en las angustias y penas de Isaías. El ostracismo al que exiliamos nuestras propias responsabilidades, el conformismo ante lo que está mal, la apatía al compromiso ciudadano, y el ausentismo espiritual nos hacen creer que no hay solución. Y descuidamos entonces, todas las bendiciones y oportunidades que tenemos en el país maravilloso que habitamos. Todo aquello que, como argentinos y de manera apasionada sí tenemos, sí podemos conseguir, y definitivamente podemos lograr.

No lograremos encontrar exactamente eso que buscamos en nuestra pareja, o en nuestro hijo, o en nuestros padres, o en nuestro círculo de amigos. Las relaciones y los vínculos son tensos, difíciles, y tantas veces conflictivos. Sin embargo, está en la grandeza del sueño, y en la dimensión que tengamos de nuestro futuro, el lugar y el tiempo que le demos a lo incompleto, y la energía y el disfrute que le entreguemos a aquello que nos completa. Llenar los días del calendario con la belleza que nos regala el sabernos juntos, la fortaleza de lo construído, las esperanzas de sentirnos en nuestros mañanas abrazados por esos brazos que nos saben, y de la bendición de las rutinas que esperamos y necesitamos cuando nos faltan.

Lo mismo sucede con el cuerpo. Cuando la enfermedad golpea en algún lugar del cuerpo, uno puede decidir que todo su cuerpo esté enfermo. Que su vida, sus relaciones y sus conversaciones tengan que ver únicamente con la enfermedad, o con el dolor. Se puede emocionalmente declarar una metástasis en todo y poner la enfermedad como bandera. O bien, asumir que una parte del cuerpo es la que está enferma, pero no todo el cuerpo. Ni el alma, ni el corazón, ni la mente. Ni los sentidos, ni los sentimientos. Ni el fin de semana, ni el mate con amigos, ni el humor, ni el amor. Así también con una crisis espiritual, un quiebre familiar, o un dolor por una pérdida. Podemos decidir tachar todos los días de negro en el calendario y sentir que todo duele. O bien, dedicarle el tiempo y la energía que merecen, y entonces también regalarnos la oportunidad de seguir caminando el resto de nuestros días hacia el sueño.

Nos dicen los maestros y sabios del pueblo judío que el Mesías que estamos esperando hace siglos, nacerá nada menos que en Tisha b´Av, un 9 de Av.
Se lo espera ese día porque es desde lo oscuro, desde el problema existencial, desde el propio Tisha b´Av, que si lográs renacer, si lográs salir de allí más fortalecido y más sabio, entonces podrás ser el Mesías de tu propia existencia.

La creación del Estado de Israel en nuestros días es sin dudas, aquel sueño de Isaías. Allí estaba su Visión. Y el de tantos siglos y generaciones. El pueblo judío ha sabido salir del momento más trágico de su historia como lo fue la Shoá con una fortaleza tan fenomenal, que con los cuerpos esqueléticos que salieron de Auschwitz logró crear uno de los Estados más modernos y vibrantes de los últimos tiempos. ¿Es perfecto el Estado de Israel? Claro que no. Como el 100% de los países del planeta. Como no lo somos cada uno de nosotros, nuestras vidas, nuestras parejas, nuestros hijos, o nuestro propio país. Pero tal como vaticinó hace 27 siglos Isaías, su segunda predicción también se hizo real en un Israel que regresó para erigirse como una democracia moderna, pujante y renovada. Sin dudas, el fiel testimonio de que se puede salir del peor Tisha b´Av de la historia y transformarse en un tiempo de luz.

La clave es tener sueños lo suficientemente grandes para no perderlos de vista.

Porque tal como dice el gran Oscar Wilde: "Cuando hayamos descubierto las leyes que rigen la vida, nos daremos cuenta de que el hombre de acción se ilusiona más que el soñador".

No se trata solamente de soñar. Sino de ser almas de acción, con grandes acciones que lleven adelante los grandes sueños. A partir de hoy. De este mismo día. Usar todos los días del calendario y reconocer que para que los sueños se hagan realidad, debemos despertar. Como dijo Edgar Allan Poe: "Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que se le escapan a los que sueñan sólo de noche".

*Alejandro Avruj es Rabino de la Comunidad Amijai y presidente de la Asamblea Rabínica Latinoamericana del Movimiento Masorti.