Recordemos los cuatro principios centrales del pensamiento de Bergoglio-Papa Francisco para conducir los procesos. La unidad es superior al conflicto, el todo es superior a la parte, el tiempo es superior al espacio y la realidad es superior a la idea.

El tiempo es superior al espacio

"Hay una tensión bipolar entre la plenitud y el límite. La plenitud provoca la voluntad de poseerlo todo, y el límite es la pared que se nos pone delante. El tiempo propiamente consi­derado hace referencia a la plenitud como expre­sión del horizonte que se nos abre, y el momento es expresión del límite que se vive en un espacio acotado. Los ciudadanos viven en tensión entre la coyuntura del momento y la luz del tiempo, del horizonte mayor, de la utopía que nos abre al futuro como causa final que atrae. De aquí surge un primer principio para avanzar en la construcción de un pueblo: el tiempo es superior al espacio.

El enemigo divide para reinar

Los dos principios del "todo es superior a la parte" y "la unidad es superior al conflicto" indican -como dice un comentarista del pensamiento filosófico de Bergoglio – "criterios de síntesis y tienen como ideal la pacificación, social y política de un pueblo" y nos recuerda las palabras del propio jesuita: "Por eso, nuestros proyectos liberadores más auténticos privilegiarán la unidad al conflicto, porque habrán advertido que el enemigo divide para reinar. Porque es un proyecto de nación lo que está en juego, y no la acomodación de una clase" (Disc., San Miguel, Bs As, 18/2/74).

"La realidad es superior a la idea" constituye otro criterio bergogliano que nos advierte de estar más atentos a la realidad concreta que a los esquemas ideológicos.

Unidad de lo diverso

"De este modo, se hace posible desarrollar una comunión en las diferencias, pue­den facilitar esas grandes personas que se animan a ir más allá de la superficie conflictiva y miran a los demás en su dignidad más profunda. Por eso hace falta postular un principio que es indispen­sable para construir la amistad social: la unidad es superior al conflicto. La solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierte así en un modo de hacer la historia, en un ámbito viviente donde los conflictos, las tensiones y los opuestos pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida. (parágrafo 228 E.G.)".

La patria y la nación

En un plano superior a las partes en conflicto está el todo que es la nación (el todo es superior a las partes y a la suma de las partes). La patria se recibe, es un don, es lo que nos donaron nuestros antepasados, la nación en cambio -dice Bergoglio -es la tarea.

La dinámica de las partes y el gran fracaso argentino

En su discurso para el bicentenario de nuestra independencia del 16/08/2010 el entonces Cardenal Bergoglio decía transcribiendo un párrafo del Documento "Iglesia y Comunidad Nacional", de los obispos argentinos de mayo de 1981: "(…) Que cada sector (léase parte) ha exaltado los valores que representa y los intereses que defiende, excluyendo a los otros grupos. Así, en nuestra historia se vuelve difícil el diálogo político. Esta división, este desencuentro de los argentinos, ese no querer perdonarse mutuamente, hace difícil el reconocimiento de los errores propios y, por lo tanto, la reconciliación. No podemos dividir el país, de una manera simplista, buenos y malos, justos y corruptos, patriotas y apátridas".

"El liderazgo centrado en el servicio -prosigue el Cardenal -es la respuesta a la incertidumbre de un país dañado por los privilegios, por los que utilizan el poder en su provecho, por quienes exigen sacrificios incalculables mientras evaden responsabilidad social y lavan las riquezas que el esfuerzo de todos producen (…). En este punto no hay oficialismos ni oposiciones, hay un fracaso colectivo. Este es un sayo que nos cabe a todos".

Proyectando "el tiempo-plenitud" de los argentinos

Claro que la unidad y complementariedad de los opuestos deben ser logradas por medio de "una política de encuentro" cultural entre todas las partes respetando su diversidad para que el fruto de ese encuentro y diálogo sea la síntesis. Se nos ocurre que la experiencia de Scholas Ocurrentes debería servir "cum grano salus" y extrapolarse al ámbito dirigencial. Reunir dirigentes de empresas, economistas, hombres de la cultura con representantes de las organizaciones sociales, de barriadas pobres, de las periferias, trabajadores, sacerdotes, etc para hacer arte, practicar deportes y debatir cuestiones compartidas produciendo un proceso de integración cultural y amistad.

Hay que formular una síntesis como bases refundacionales de la nación. Repensar la Argentina desde el doble prisma de sus opuestos. Buscando el bien contenido en la historia de los liberales y en la historia de los nacionalismos. Repensar significa abrir la posibilidad a entrelazar memorias polifónicas, repensar la multiplicidad de nuestros antepasados, mitos, símbolos y recorridos que son el signo de la argentinidad. Ese trabajo de memoria plural tenemos que hacerlo no en la biblioteca ni en la obsolescencia de los partidos, decimos, sino encontrándonos "en la cancha" para inventar un nuevo tipo de relación entre nosotros mismos y con el mundo.