En los últimos días se instaló en los grandes medios nacionales un debate relacionado con una investigadora del CONICET. Todo se inició con un comentario en Twitter, en el que se interpretaban las implicancias de firmar una declaración de apoyo a determinada candidatura presidencial. La situación fue escalando hasta terminar con la intervención personal del candidato a presidente Alberto Fernández que, con la buena intención de llevar tranquilidad ante el clima que se había generado, dio lugar a nuevas interpretaciones que pasaron sin escala a menciones de dictaduras y hasta de nazismo.

En relación con este tema he decidido no hacer ninguna mención a nivel personal, dado que he sido decano por elección de la comunidad de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA durante dos períodos -entre 2006 y 2014- y todo puede ser malinterpretado, como se viene demostrando.

Me interesa, en cambio, llevar información precisa a los lectores.

Lo primero a aclarar es que la situación planteada involucra a personal del CONICET, no de la UBA. La mayoría de los institutos del CONICET están ubicados en edificios de Universidades Nacionales, pero los investigadores de CONICET que no son docentes no tienen relación laboral con la Universidad. Cada Instituto de CONICET tiene un director que es designado mediante un concurso público. Por requerimiento del CONICET, los directores de los Institutos no pueden ser al mismo tiempo autoridades universitarias.

El ingreso y permanencia en la Carrera del Investigador de CONICET está regido por la Ley Nº 20.464. El artículo 8 de esa norma dice: "El ingreso podrá efectuarse en cualesquiera de las clases de acuerdo exclusivamente con los méritos y antecedentes del postulante …". Una vez que se supera la evaluación, la designación es publicada en el Boletín Oficial y el investigador pasa a formar parte de la planta permanente del Estado nacional.

El artículo 18 de esa Ley dice: "Son derechos del personal perteneciente a este régimen: a) La estabilidad, condicionada exclusivamente a la realización de sus tareas y al cumplimiento de las obligaciones que le impone el presente Estatuto; b) La justa calificación y promoción, atendiendo al correcto cumplimiento de las obligaciones que le impone la responsabilidad emergente de la clase en la que reviste; …".

Entre los deberes de los miembros de la Carrera fijados en el artículo 33 figura el de "c) Presentar un informe sobre su actuación en el período. La presentación será anual para los investigadores Asistentes, y cada dos años para las demás clases".

Y el artículo 40 dice: "El Directorio del CONICET realizará una evaluación especial de un investigador, cuando se den las siguientes circunstancias: a) Cuando dos informes reglamentarios consecutivos, contemplados en el artículo 33, inc. c), hayan sido considerados por el CONICET 'No Aceptables'; b) Cuando en un lapso de seis (6) años, dos informes bienales del investigador hayan sido calificados 'NO Aceptables' por el CONICET. En ambos casos el Directorio nombrará una Comisión Especial para que haga un estudio exhaustivo del caso y produzca un informe al respecto. El investigador será citado al seno de la Comisión para conversar sobre el problema, previamente al informe. En base a este informe el Directorio decidirá acerca de la permanencia o no, del personal en la Carrera. Si el Directorio resolviese que el investigador continúe un nuevo año o período, y su próximo informe es considerado 'No Aceptable', el investigador quedará automáticamente separado de la Carrera. Durante los cuatro (4) meses siguientes a su separación el investigador tendrá derecho a percibir el sueldo íntegro que le correspondía hasta ese momento".

Todas las evaluaciones, tanto la de los inscriptos al concurso de ingreso como la de los informes periódicos que se deben presentar luego de ingresar, son realizados en primer lugar por "pares", que son investigadores de misma disciplina.

Esas evaluaciones de pares son recibidas por las Comisiones Asesoras Disciplinares. En la actualidad, el CONICET tiene 27 de esas Comisiones, conformadas por entre 7 y 15 miembros según la disciplina.

Por sobre la actuación de las Comisiones Asesoras Disciplinares, el CONICET tiene una Comisión Asesora por cada una de las cuatro Grandes Áreas: a) Ciencias Agrarias, de la Ingeniería y de los Materiales, b) Ciencias Biológicas y de la Salud, c) Ciencias Exactas y Naturales y d) Ciencias Sociales y Humanidades. Estas Comisiones están integradas por un representante de cada Comisión Disciplinar que compone el Área.

Finalmente, las recomendaciones de las cuatro Comisiones Asesoras de Gran Área son elevadas al Directorio, conformado por un Presidente y ocho miembros: cuatro votados por los investigadores de cada una de las grandes áreas, y cuatro propuestos por las provincias, las universidades, el agro y la industria, respectivamente.

Mediante el decreto 93/2017 del 8/2/2017 se designó como representante de la industria a la Dra. Graciela Ciccia, por un período de cuatro años. Lo menciono porque ella es una de las y los 150 intelectuales, artistas y científicos firmantes de la declaración de apoyo a la reelección del presidente Macri.

Todo esto no hace más que poner en evidencia que es absolutamente innecesario que el futuro presidente Alberto Fernández cuide a un científico, porque hay una Ley, la Nº 20.464, pensada para que eso no sea necesario.

Es mucho mejor así, porque entonces el Presidente podrá dedicarse a reactivar la economía sobre la base de un modelo, que apoyado en la ciencia y la tecnología, genere trabajo, crecimiento y equidad para toda la población, y no solamente para un pequeño sector de la agroindustria, los servicios y la especulación financiera.

Podemos entonces preguntarnos las razones por las que casi 10.000 miembros de la comunidad científica se manifestaron a favor de la fórmula Fernández-Fernández. Encontraremos que esas mujeres y esos hombres no solamente no quieren que se siga profundizando una grieta en base al odio y al miedo irracional, también veremos que esperan que deje de ser más rentable especular que trabajar y producir. Que además quieren un gobierno que hable de honestidad, pero que al mismo tiempo la haga realidad, no favoreciendo los negocios de los familiares y los poderosos.

Y además, un gobierno que no sólo diga que para impulsar un crecimiento con inclusión va a aumentar la inversión en ciencia y técnica –como prometió el presidente Macri en su campaña de 2015– sino que luego no la baje un 38%, como lo ha hecho la administración actual entre 2015 y 2019.

El autor es licenciado y doctor en física. Profesor asociado FCEN-UBA e investigador independiente del CONICET, ambos con licencia. Fue decano FCEN-UBA (2006-2014) y subsecretario de Evaluación Institucional (MinCyT) (2015). Actualmente es secretario de Planeamiento y Evaluación Institucional de la Universidad Nacional de Hurlingham.