(AFP)
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¿Puede el acuerdo Unión Europea-Mercosur influir decisivamente en la actual campaña electoral? La firma es un logro. Logro que tuvo muchos constructores. También es cierto que su concreción dependerá de tantos otros. Hoy el contenido es incierto y sí se sabe que transcurrirán varios años hasta su puesta en práctica. Parece lógico el razonamiento de técnicos serios que dicen: "No es para grandes euforias ni para grandes decepciones". ¿Argentina está hoy lista para integrarse o necesita previamente una agenda de rescate de su inmovilismo?

Lo que sí queda claro es que el anuncio sacudió aún más la dermis política. Política que viene marchando con el combustible de  los efectos más que de las propuestas. Primer efecto: composición de las fórmulas presidenciales. Segundo: la integración de las listas de diputados y senadores nacionales. ¿Y ahora efecto acuerdo Unión Europea-Mercosur?

Durante esta semana la ambulancia del poder estuvo recogiendo heridos sin pudor por izquierda, por derecha y por qué no por centro. A poco andar, lo que parecía una posibilidad fuera de la polarización, por deserción de la vía del medio, la política volvió a un juego de dos: Mauricio Macri y Cristina Fernández. Claro que si esta fuera la foto exacta, sería la de dos fracasos. Hay otra foto, con variaciones. Macri se abrió al peronista Miguel Ángel Pichetto. ¿Se abrió? Aquí en todo caso yace una esperanza: que de llegar al gobierno la fórmula de la cual Miguel Pichetto es parte, con tantos años de cultura ideológica de producción y empleo, pueda terciar ante el modelo financiero y de endeudamiento que hoy lleva adelante el Gobierno del ingeniero Macri. Presidente que en el exterior luce un traje que le calza adecuado. Allí se mueve con la soltura que en su país ha perdido, y recibe el elogio que en Argentina se le retacea.

También debemos analizar lo que se juega Macri en estas elecciones. No solo es la reválida del poder central, sino además su calidad de conductor del espacio, donde adherentes y asociados pusieron en duda esa jerarquía hasta hace pocos días. Increíblemente hoy eso es historia. Pero puede ser presente, de perder la elección. El armado de las listas, especialmente de la provincia de Buenos Aires, parece reflejar más a un espacio que teme perder que a uno victorioso.

Por el lado de la fórmula Fernández-Fernández, Alberto tiene dos frentes abiertos que complican sus propuestas de gobierno. El frente externo le pide explicaciones sobre el gobierno de su vice y otras yerbas. Aquí encontró el antídoto en dos verdades: no participó del gobierno de Cristina de Kirchner y fue crítico en su momento, y lo sigue siendo, de los grandes errores políticos que se cometieron. En lo interno, dentro del amplio mundo del peronismo que intenta representar queda claro que los dichos de Dady Brieva y Mempo Giardinelli no le pertenecen ni acuerda con ellos, pero debe explicarlos y entorpecen su avance.

En su intento de remar hacia adelante logró dejar en claro esta semana algunas definiciones. Que no indultará. Que no hay presos políticos. Que no pedirá juicio político a determinados jueces. Y por último, que, de ser Gobierno, Cristina se encargará del Legislativo y él, del armado de su gabinete y de gobernar. Esto último coincide con lo que a menos de 24 horas de conocida la fórmula Fernández-Fernández le dijo a esta cronista: "Trascendió que le pedí 24 horas a Cristina. Es cierto. Pero no era para pensarlo yo. Le dije: 'Pensalo bien, si soy presidente, te voy a escuchar siempre, pero quien va a decidir soy yo'".

En cuanto a las listas de candidatos a diputados y senadores, hay quienes creen que su conformación fue pensada para el cuidado de la salud política de la ex Presidente. Puede ser. Me inclino a pensar que en ellas se busca, de no ser gobierno, la pervivencia del cristinismo más allá del peronismo.

Por lo visto hasta este momento los protagonistas son los mismos, con actores distintos y en circunstancias diferentes. Es de esperar que pronto se conozca qué piensan y quieren hacer con esta Argentina que no lograr pararse en sus fortalezas.

Parte del electorado que parece no haber sido oído venía expresando en elecciones provinciales su inclinación por la presencia de un tercer espacio o tercera vía, la cual indudablemente descarriló. Los principios son fundamentales para construir una nación, al igual que para reconstruirla. Sin consensos es imposible. Pero para lograrlos es necesario ceder formas, modos, como en toda negociación. El juego del solitario no es apto para la política. Lo cierto es que sin necesidad del ballotage el escenario se ha vuelto a polarizar.

El candidato Mauricio Macri tiene una potestad que, de usarla bien, puede ser decisiva para su reelección: gobierna. Es quien puede hacer hoy lo que Alberto Fernández explica, haría en caso de ser electo. También es cierto que es un arma de doble filo. Si Macri candidato dice que hará mañana lo que hoy presidente no hace, puede estar en problemas.

En el caso de Alberto Fernández, cuenta con el beneficio de la duda cuando dice que, de ganar, gobernará él.

Si Mauricio Macri no gana, el PRO, Cambiemos o Juntos por el Cambio pueden dinamitarse. Si Alberto Fernández no gana, los cristinistas aseguran en el Congreso de la Nación un espacio por su subsistencia y por colonizar una vez más al peronismo.

¿Y el peronismo? A 45 años de la muerte de su creador, peronistas somos todos.