Durante los convulsionados primeros días de campaña José Luis Espert había quedado embretado en el berenjenal de una tramoya política.  No solo le habían cerrado el paso desmontando la estructura partidaria que lo sostenía (a horas del cierre, Alberto Asseff, titular del UNIR, el partido que sostenía a nivel nacional su candidatura se cruzó a Juntos por el Cambio por una banca) sino que le bajaron la lista de legisladores de la Provincia tras una oscura maniobra de hackeo de datos. Sobre el filo de la fatídica medianoche se había quedado pataleando en el aire.

Arrojado al  delivery de los sellos de goma, Espert manoteó de la góndola a UNITE, un partido cuyo apoderado, José Bocacci, se define como un outsider de la política. Tampoco allí parecía tenerla fácil. El espacio que promociona a Amalia Granata, abanderada de la movida por las dos vidas, en las antípodas del pensamiento ultraliberal de Espert, también tenía sus complicaciones. Un señor de de nombre Gabriel Molina presentó de inmediato una impugnación. Se proclamó como el candidato a presidente de la fórmula original de UNITE. Es obvio que al economista lo quisieron sacar de escena, pero, a última hora de este viernes, la justicia electoral validó la candidatura de José Luis Espert.

En el oficialismo hay preocupación. Los números que se manejan en la Rosada meten miedo. Se teme especialmente por la provincia de Buenos Aires. María Eugenia Vidal hoy está 10 puntos abajo de la propuesta kirchnerista que lleva la candidatura Kicillof- Magario. En el plano nacional las últimas encuestas ubican a los Fernández siete puntos arriba de la fórmula macrista.

"El miedo, en este espacio, es el mejor consejero" aseguran los que prefieren mirar la mitad del vaso lleno. Desde ese convencimiento hacen cálculos mirando a agosto. Son resilientes pero no comen vidrio.

Menos de 5 puntos de diferencia en las PASO se remontan, entre 5 y 7 abajo se complica la economía, por encima de nueve puntos a favor de la fórmula de los Fernández-K  es "game over" 

"Las grandes macanas del oficialismo vienen siempre asociadas a los momentos de mayor confianza", sostienen los que conocen de muy cerca la química de los PRO puros. El optimismo, a los muy amarillos, les juega siempre en contra, termina siendo malsano. No se descarta que el alivio que trajo el ingreso de Miguel Pichetto les haya hecho perder nuevamente el eje.

Advertidos por el rigor, entrenados en estas lídes, los duros del oficialismo, los que la reman en el ala política, optan por el pragmatismo. Visiblemente desplazados, ninguneados a la hora del reparto, relativizan el golpe. Se lamen las heridas en la intimidad y rejuntan fuerzas para salir a la batalla. No hay tiempo para llorar por los rincones. 

Relegados de las listas prefieren aceptan que en este momento la generosidad "garpa", que no es tiempo de mezquindades, que es hora de resistir, sumar y acompañar la apertura. Admiten que los lugares "entrables" no sobran y prefieren cederlos para asegurar aliados dispuestos a levantar la mano cuando así se lo requieran. Al menos eso es lo que dicen. Doloridos pero arremangados salen a seducir a los indecisos. Rogelio Frigerio Y Miguel Ángel Pichetto están de gira. La campaña no espera.

Sobregirarse por fuera de la política siempre trae problemas a un gobierno que se muestra refractario al lenguaje y los códigos de los hombres nacidos y criados en ese caldo.  Al menos eso es lo manifiesta un sector del oficialismo que juega a diferenciarse a la hora de construir poder.

"Es difícil gestionar sin política, los que más la  reclaman son los empresarios" aseguran.

Son los que celebran  la llegada del rionegrino, porque se entienden que el emblemático Senador habla el mismo idioma y con el que sienten compartir una suerte de ADN común. "Somos hombres de Estado" se definen cuando se los indaga acerca de las heridas y laceraciones que dejó el atropellado cierre de listas.

"Las balas nos traspasan por los viejos agujeros" se jactan dispuestos a seguir adelante. Se manifiestan partidarios de compartir el poder, de interactuar fuerte con los que piensan distinto. Proponen que el Gobierno tiene que abrirse,  salir de la "zona de confort". Reconocen que hace falta una nueva manera de generar consenso. Admiten que en la gestión macrista no ha habido asignación de responsabilidades, que nadie ha sido echado por los errores cometidos, ni aún en los casos más graves, pero tampoco se han repartidos reconocimientos. No hay premios ni castigos. Eso parece doler.

"Este es le gobierno más débil de la historia de la Argentina", reconocen. "El sistema de articulación que nos trajo hasta aquí se agotó". Incluir a Pichetto supone un reconocimiento de estas constataciones por esta razón todavía albergan alguna  dosis de optimismo. Reivindican la política como el arte de administrar los disensos, pero hay quienes temen que la movida que llevó a incorporar a Pichetto se reduzca a una burda estrategia de marketing.

Emilio Monzó es probablemente el hombre más golpeado. Tiene elementos de sobra para sentirse afuera del proyecto de la Provincia. No obstante, aseguran los suyos no sacará los pies del plato. Al menos, hasta diciembre, se quedará. Es un leal, un hombre de palabra. Así lo definen sus allegados en la labor. El hombre que preside la Cámara Baja no salió especialmente favorecido en la repartija. Atrás quedaron las celebraciones del asado en la Costanera en la que dieron la bienvenida a Pichetto cantando a viva voz la marcha peronista. La felicidad duró poco. Muchos opinan que, a la hora de partir, deberían hacerle un homenaje. Puestos a seguir gobernando lo van a extrañar. 

La empatía con la sociedad es otro tema que les preocupa. Hay que salir de la lógica del "si pasa, pasa". No se pueden proponer políticas que no incluyan  a la gente y sus necesidades inmediatas. Cosas de las que hablan en los pasillos de la Rosada.

El cierre de las listas solo permite augurar una profundización de la grieta.  "La Cámpora es al peronismo, lo que el PRO es a Cambiemos" analizan los más descarnados, los que no esperar apertura alguna, los que solo ven venir un escenario de pais partido.

Según esta mirada, las listas de la Provincia de Bs As son listas de salida. Fueron confeccionadas con convicción de que María Eugenia vidal perderá por amplio margen, de que la situación en el conurbano es irremontable y que en el interior de la provincia se está cabeza a cabeza. Ubican la fórmula Fernández-Fernández en alrededor de los 43 puntos, a solo dos de imponerse en primera vuelta.

La campaña ya despegó y tiene una extraña particularidad. Las fórmulas que tensionan desde los extremos pretenden capitalizar exponiendo sus contradicciones. Alberto Fernández sobreactúa independencia hasta lo imprudente en orden a suavizar la imagen de Cristina, se ve forzado a contrarrestar los desbordes de los desbocados sin encender alarmas en el Instituto Patria. Un ejercicio que, sostenido en el tiempo, puede resultar insalubre.

Pichetto anda a toda velocidad con la ambulancia recogiendo a los lesionados del macrismo. Su potencia discursiva e vehemencia mediática contribuyen a diluir  de a ratos la impronta demasiado cool de Mauricio Macri.

Una suerte de agotadora doble tarea que los tendrá a los dos recién llegados muy atareados hasta octubre. Salvo que las PASO terminen siendo algo más que una encuesta anticipada.