Reactor nuclear en Bushehr, en Irán
Reactor nuclear en Bushehr, en Irán

La escalada de tensión con Irán se ha traducido en riesgos concretos para la seguridad de Medio Oriente, con un escenario prebélico. La expansión de la presencia iraní en la región y el programa militar nuclear están en el centro de la controversia. Las dos cuestiones están relacionadas con la decisión de Estados Unidos, en el 2018, de poner en jaque el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), que retrotrajo la delicada discusión de cuál es la mejor fórmula para impedir que Irán adquiera armas nucleares. Un tema nada sencillo de consenso universal al estar el JCPOA refrendado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Sin embargo, el acuerdo del 2015 es fuente de insatisfacción en términos de lo que implica para la estabilidad regional con respecto al impacto en la política promovida por el Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP).

La mayor crítica de la Casa Blanca ha sido que el instrumento del 2015 es de vigencia temporal, mantiene intacta la matriz nuclear iraní en la producción de material fisionable y que, en lugar de detener de manera definitiva los desarrollos proliferantes, solo tiende a postergar consecuencias futuras controlando únicamente su evolución. También que los desarrollos de misiles balísticos han abierto una nueva amenaza relacionada con las eventuales intenciones proliferantes del programa nuclear. Ambas cuestiones se acentúan con las advertencias iraníes de suspender algunas de las cláusulas del JCPOA, en particular las relativas al límite del almacenamiento de uranio enriquecido y la producción de agua pesada en Arak. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha confirmado que Irán ha aumentado la tasa de producción de uranio enriquecido.

Desde esta perspectiva, los desarrollos tecnológicos militares iraníes son preocupantes dadas las aspiraciones hegemónicas, la rivalidad con Arabia Saudita y la continua retórica beligerante respecto a Israel. También inciden las características de la interna de poder iraní. El presidente Hasan Rohani, pese a representar inclinaciones moderadas, no ha logrado disminuir o revertir el poder de los Guardianes de la Revolución (Pasdaran), que se han convertido en pilar económico central, además de actor militar y diplomático relevante en las aspiraciones regionales. Los Pasdaran son polémicos, entre otros motivos, por la vinculación con Hezbollah, Hamas, la participación en la guerra en Siria y Yemen, además de la presunta responsabilidad en actos terroristas en distintos países.

El máximo dirigente del cuerpo paramilitar es el líder religioso supremo y constituyen un poderoso ejército ideológico con la responsabilidad de preservar internamente y promover en el exterior los ideales de la revolución islámica de 1979, además de ser los encargados de desarrollar el programa nuclear y misilistico de Irán. También habrían sido los que derribaron el dron norteamericano Global Hawk.

La variedad de aristas sensibles de la trama del Golfo Pérsico requiere de mayores esfuerzos diplomáticos como sustituto de una acción militar. Es de esperar que todas las potencias involucradas, en particular las que participan en el JCPOA, muestren mejor disposición para disminuir la grave presión de las circunstancias. También firmeza para evitar que Irán siga potenciando una capacidad científica que puede concluir, sin un arreglo perdurable, en un arma nuclear.

El autor es ex vicecanciller de la Nación.