El 9 de julio de 2017, en un artículo publicado en Infobae con el título "El peronismo ya es historia", preguntaba: "¿Qué se hizo del peronismo? ¿Dónde está? ¿Quién lo representa? El peronismo está en todos lados y en ninguno en particular". Hoy queda absolutamente clara esa afirmación: está en todas las fórmulas y cuando el peronismo está en todos lados, el peronismo no existe, se terminó. Esto ya le pasó al Partido Autonomista Nacional (roquismo) y también a la Unión Cívica Radical originaria. En nuestra historia no es novedoso. Ni tampoco grave. Las fuerzas misteriosas que empujan la historia sabrán abrirse camino y acomodarse a las nuevas realidades mundiales.

No hay dudas de que se abre un novedoso ciclo político donde el antiperonismo militante se ha quedado sin palabras frente a la audaz jugada del presidente Mauricio Macri. El último reducto del antiperonismo que se refugiaba en Cambiemos ahora deberá aceptar que el justicialismo no es tan malo como parece ni tan antidemocrático como creían. Claro, han llegado tarde y confundidos. De todos modos vale. El retorno de Juan Domingo Perón, su abrazo con Ricardo Balbín y el resto de las fuerzas políticas, más su reconciliación con los Fuerzas Armadas al asumir, en el poco tiempo de vida que le quedaba, un abierto enfrentamiento con el terrorismo, no fue comprendido. Se lo responsabilizó a él de lo que organizó Cuba y el clima mundial. No soy ingenuo, aprovechó y tuvo gestos amistosos hacia las organizaciones armadas. Como los Estados Unidos con los talibanes. Y así les fue a ambos.

Fueron años tremendos y el odio al General aún no se había disipado. Luego el mundo cambió. Dio vuelta como un guante. La caída del comunismo, la globalización y la revolución tecnológica obligaron a pensar de nuevo. ¡Claro, los que se atrevían a entender el cambio! Mil novecientos ochenta y nueve ha sido una fecha decisiva en la historia mundial tan o más que 1789 y la Revolución francesa. Lo central fue que el capitalismo triunfó y lo hizo en los términos de los teóricos clásicos del capitalismo. El comunismo, como su primo hermano el capitalismo de Estado, quedaron fuera de la historia en Occidente. La década del 90 fue el más claro ejemplo de lo dicho.

El siglo XXI tuvo ciertos replanteos en América hispana y en Europa, luego de la crisis del 2008. Pero nada capaz de ser una alternativa al capitalismo. El fracaso estrepitoso del progresismo se dejó ver en Sudamérica. De todos modos, esa visión ideológico-política perdurará, pues se halla fuertemente arraigada en sectores medios intelectualizados y universitarios que creen posible atacar por los flancos al sistema imperante. El kirchnerismo fue un claro ejemplo de lo dicho. Un peronismo de izquierda que, al decir del filósofo Silvio Maresca, no son ni chicha ni limonada, pues no son peronistas ni tampoco de izquierda.

Triunfante Cambiemos en las elecciones de 2015, no supo o no estuvo en condiciones de dar una batalla ideológica contra el kirchnerismo. Pues, entre otros, cometió el grave error de confundir kirchnerismo con peronismo. Esto es no separar la paja del trigo. Asimilando la figura del general Perón a Néstor y a Cristina. Se tragaron de un bocado el argumento kirchnerista. No es este el lugar para volver sobre el tema, solo un brevísimo comentario que ameritaría un artículo más extenso. En las elecciones de febrero de 1946, cuando el peronismo nació como expresión democrática y republicana, en las elecciones más limpias del siglo XX hasta esa fecha, Perón fue impulsado por tres boletas, la del Partido Laborista, un sector de la Unión Cívica Radical y un sector de nacionalistas y conservadores denominado Partido de los Independientes. Además del apoyo de la Iglesia y las Fuerzas Armadas.

La fórmula adversaria fue la Unión Democrática conformada por radicales, demócratas progresistas, socialistas y comunistas con el apoyo de más de una decena de sindicatos en manos de socialistas y comunistas. Los conservadores no formaron parte de esa entente por decisión del comunismo. ¿Qué tenemos entonces en los orígenes del peronismo? Algo que no debió haberse perdido de vista, ni olvidado. De estos dos espacios políticos, y con los parámetros de la época, la Unión Democrática era la izquierda y el peronismo, la derecha.

Daría la sensación de que el senador Miguel Ángel Pichetto, con una fuerte impronta institucionalista y un duro discurso peronista clásico, retorna al campo tradicional, al lugar que en origen ocupó el peronismo, reescribiendo en pentagrama moderno la vieja música. Con un lenguaje firme respecto de la seguridad, el trabajo, la industrialización competitiva y el campo, la revalorización de las Fuerzas Armadas y una fuerte denuncia a la izquierda liviana apoderada del kirchnerismo, ha devenido en un referente insustituible en la campaña electoral que se avecina. Viejos peronistas y antiguos antiperonistas estarán entonces en condiciones de cerrar para siempre un pasado que se resiste a marcharse.