El gobernador Gustavo Bordet (Creer-PJ) se impuso por 21 puntos al candidato de Cambiemos, Atilio Benedetti, y logró ser reelegido por un segundo período con 57% de los votos, un resultado histórico para un mandatario en Entre Ríos.

El amplio triunfo del peronismo se extendió a la legislatura provincial y a gran parte de los municipios entrerrianos. En Paraná, el vicegobernador Adán Bahl derrotó al intendente, Sergio Varisco (Cambiemos), y recuperó el gobierno de la capital para el peronismo. El PJ también mantuvo las intendencias de las ciudades más pobladas, como Concordia, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay.

Según los datos del escrutinio provisorio, en el Senado, el gobierno provincial ganó en 14 de los 17 departamentos en los que se divide la provincia, con lo que amplía su representación y mantiene una mayoría absoluta. En la Cámara de Diputados, en cambio, el PJ perdería dos bancas como consecuencia de la lista de unidad, ya que, en las elecciones de 2017, compitieron dos listas peronistas y luego se unieron en el gobierno. Cambiemos, en tanto, sumaría dos lugares. Las demás fuerzas políticas que competían en la elección, Nueva Izquierda, SER y Confederación Vecinalista, no alcanzaron el caudal electoral necesario para obtener representación legislativa.

Otros datos destacados de la elección fueron el alto nivel de participación, que superó el 80% de los ciudadanos, y la significativa reducción del voto en blanco respecto de las primarias, que bajó de 14% a 8% de los votos válidos.

El proceso electoral de este año mostró dos tendencias que reflejan cambios y continuidades en la política provincial. En primer lugar, la elección consolida el predominio del Partido Justicialista. No obstante, los resultados estuvieron precedidos de una adaptación exitosa del PJ local al contexto poskirchnerista, que se expresa en la unidad de todo el arco peronista, la renovación de liderazgos y la incorporación de nuevas agendas como la responsabilidad fiscal, la transparencia en las cuentas públicas y la cooperación entre niveles de gobierno de distinto signo político. Después de la derrota en las elecciones legislativas de 2017, Bordet logró articular una amplia coalición justicialista, que reunió a Alternativa Federal, Unidad Ciudadana, Frente Renovador y los espacios de los ex gobernadores Urribarri y Busti. La unidad electoral del peronismo es un hecho inédito desde 1999.

La elección también evidencia una caída en las preferencias por el radicalismo, principal sostén de Cambiemos en la provincia. Desde 2009, el voto por las distintas alianzas del radicalismo venía en ascenso debido al realineamiento del partido hacia los electores de las zonas agrícolas del sur, protagonistas del conflicto del campo, y fue potenciado con la formación de Cambiemos. Con la fortaleza de este espacio, la dinámica de competencia parecía recuperar la tradicional dinámica bipartidista que estalló con la crisis de 2001. En esta elección, el panradicalismo perdió un importante espacio —pasó del 53% de los votos en 2017 al 35% de esta elección— y cayó especialmente en el sur. La incógnita para las elecciones presidenciales de octubre es la profundidad del descontento. Es decir, si estos votantes, vinculados con la producción agrícola, mantienen su apoyo a las políticas nacionales de Cambiemos o si, por el contrario, se ven mejor representados por la renovada propuesta del peronismo.

El autor es investigador del Observatorio Electoral Argentino (OEAR) de CIPPEC y de UTDT y del CONICET.