(Reuters)
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Durante tres décadas, ha predominado la idea de que las grandes empresas que dominan el mundo de internet no tienen nacionalidad, pese a su sede física o jurídica. Google, Amazon, Facebook o Huawei eran percibidas como grandes actores globales, que estaban por encima de organizaciones multilaterales estados nacionales. Esta idea está hoy en crisis.

Países y regiones vienen impulsando distintos modelos de internet global. Estados Unidos lo prefiere centrado en el libre mercado, coherente con su ideología. China, por su parte, opta por uno en el cual el Estado nacional mantiene un rol relevante. Entre ambos, Europa parece buscar una tercera vía, regulando este mundo.

Pero también hay un cuarto modelo, que promueve la libertad total. Puede ser denominado libertario, anárquico o pirata, de acuerdo con quién lo ejerza y que en realidad pretende que no existe ningún tipo de modelo.

Al mismo tiempo, el hecho estratégico más importante en el ámbito global es la pugna entre Estados Unidos y China por la hegemonía. El primer ámbito en el cual se desarrolla es el comercial. Es evidente y hoy está en el centro de la discusión política y económica. El segundo es el tecnológico y se está manifestando en el enfrentamiento por el predominio del mundo de internet en sus distintas versiones. El tercero es el geopolítico y tiene evidencias tanto en las tensiones en los mares sur y oriental de China como en las resistencias o recelos que generan proyectos de la potencia asiática, como la nueva ruta de la seda, el amplio corredor que busca unir desde el extremo oriental de China hasta la península ibérica, enmarcado por el concepto de que Eurasia es al fin un solo continente.

Pero es en la pugna por el predominio en el mundo de la tecnología, donde se está poniendo en evidencia que las grandes empresas del sector tienen nacionalidad, contra lo que muchos pensaban.

La ofensiva de Donald Trump contra la empresa china Huawei es el hecho que lo ha puesto de manifiesto. La amenaza estadounidense contra esta empresa en la cual el Estado tiene un rol relevante expresa el modelo chino de grandes empresas estatales o paraestatales en el mundo de las nuevas tecnologías.

China reacciona como Estado y lo hace desde que una importante ejecutiva de esta empresa fuera detenida en Canadá —país aliado de Estados Unidos— meses atrás.

Ahora Trump determina que las empresas tecnológicas de su país dejen de tener a la China como proveedor y lo están acatando aunque ello implique pérdidas económicas e incluso costos en materia de cotización de las acciones.

Google fue una de las primeras empresas en sumarse a la política de Trump contra Huawei, asumiendo así que es estadounidense y no supra-nacional. Cada vez son más las tecnológicas de Silicon Valley que asumen esta posición. Se trata así de un conflicto que las dos grandes potencias libran a través de sus empresas.

Pero las empresas británicas de internet —el Reino Unido es el mayor aliado estratégico-militar de Washington en Europa— se suman con su gobierno, asumiendo así su nacionalidad en la adopción de decisiones que están por encima de los negocios. Algo similar hicieron en forma casi inmediata las de Japón, el mayor aliado de Estados Unidos en Asia en lo estratégico-militar. Es así como las empresas británicas y japonesas se asumen como nacionales y se suman rápidamente a la política decidida por sus gobiernos.

China amplía su contra-ofensiva y amenaza con dejar de exportar "tierras raras" —es un nuevo mineral clave para la industria de aparatos electrónicos de alta tecnología, del cual la potencia asiática es primer productor y exportador—, lo que afectará la industria electrónica estadounidense al restringirle el acceso a un insumo muy importante.

En América Latina, los ecos de este conflicto llegan tenues, pero el gobierno estadounidense ha señalado su preocupación por el avance de Huawei en cuatro países de la región: México, Colombia, Chile y Perú.

No parece casualidad, ya que se trata del grupo regional conocido como "Alianza del Pacífico", cuyo comercio exterior es cada vez más dependiente del Asia.

En conclusión, el conflicto desatado alrededor de Huawei ha puesto en evidencia que finalmente las grandes empresas tecnológicas que dominan el universo de internet no son supranacionales, sino que tienen nacionalidad. Es una herramienta clave de la política exterior y actores centrales en la pugna por la hegemonía global.

El autor es analista político. Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.