El último informe del Ministerio de Producción y Trabajo mostró que en los últimos 12 meses se perdieron 266.000 empleos privados, en el sector público aumentó en unas 3.000 posiciones. Eso no debería llamarnos la atención; ya que en ese período hemos vivido una creciente incertidumbre económica iniciada por la corrida contra el peso que derivó en una crisis cambiaria; cortando el crédito del Estado; y poniéndolo al borde de la cesación de pagos.

Si bien la aparición del FMI logró evitar este último escenario, la realidad es que las cosas penden hoy de un delgado hilo que se cortará o no dependiendo de quién gane las elecciones presidenciales y de que avance en las reformas estructurales pendientes. Si no lo hace, con o sin acuerdo con el FMI, iremos a un default, como sucedió tantas veces a lo largo de nuestra historia.

Con este escenario de alta percepción de riesgo, ¿alguien puede pensar que se tomarán empleados? La legislación laboral actual transforma en un potencial suicidio que alguna empresa que ande bien tome un empleado. ¿Y si las cosas empeoran? Por lo tanto, no se crean puestos de trabajo; mientras que, a quienes les va mal, en la medida que la recesión se alarga
despiden a los que no necesitan por la baja de la demanda.

La legislación laboral actual transforma en un potencial suicidio que alguna empresa que ande bien tome un empleado. ¿Y si las cosas empeoran? Por lo tanto, no se crean nuevos puestos de trabajo

De hecho, la actual normativa laboral es arcaica y desincentiva la creación de puestos de trabajo aún en períodos de auge; aunque, como algún empleado hay que tomar, se observa un moderado incremento del empleo y el problema pasa desapercibido.

Reforma del Estado

Otro factor que es fundamental para entender lo que pasa es el mito de que ajustar el gasto público es recesivo. Según parece, ¿ahogar con más impuestos al sector que produce la riqueza y sostiene al Estado es reactivante? Así de absurdo como suena, es; pero es lo que le "venden" a la
gente nuestros políticos, como sucedió en la discusión del proyecto de Ley del Presupuesto 2019.

¿Ahogar con más impuestos al sector que produce la riqueza y sostiene al Estado es reactivante? Así de absurdo como suena, es; pero es lo que le “venden” a la gente nuestros políticos, como sucedió en la discusión del proyecto de Ley del Presupuesto 2019

Para bajar el déficit fiscal, en el Congreso incrementaron la presión tributaria luego de haber prometido reducirla en dos leyes aprobadas a fines de 2017; lo que demuestra su enorme hipocresía. Queda claro que lo que buscaron es preservar el empleo de público para no pagar costos políticos; pero fue a costa de un sector privado que tiene que echar a mucha más gente, porque los asfixian los gravámenes.

Si miramos la historia de decadencia argentina, vemos que en los auges económicos y para gastar cada vez más, los gobiernos aumentan los impuestos y se van quedando con una parte dada vez mayor de la riqueza producida por trabajadores y empresarios. Como sus ingresos crecen más,
éstos no notan la exacción y, durante ese tiempo, el Estado incrementa el empleo y las erogaciones púbicas.

Cuando llega la necesidad de ajuste, los políticos vuelven a aumentar los impuestos para evitar que el Estado tenga que hacerlo; lo que hace que los empleadores privados no tomen o echen gente. En su generosidad, nuestros magnánimos funcionarios los toman para que no se queden sin ingresos y, por ende, necesitan cobrar más impuestos a los productores. Así en un círculo viciosos, el Estado se va agrandando y quienes generan la riqueza para pagarlo se va a achicando, hasta que el país quiebra, o sea va a una crisis que licúa todos los problemas; pero no los resuelve.

Hoy 8 millones que trabajan en el sector formal, pagan 21 millones de cheques que salen del Estado. Una relación muy lejana a la de cualquier país "normal".

Hoy 8 millones que trabajan en el sector formal, pagan 21 millones de cheques que salen del Estado. Una relación muy lejana a la de cualquier país “normal”

Es que el problema es un Estado que hoy les sirve a los políticos y se sirve de los argentinos, exprimiéndolos. Una legislación laboral que penaliza crear empleo y es tan arcaica que no prevé las nuevas formas de contratación que necesita el avance tecnológico. En ninguno de los países que se han desarrollado hay un régimen de trabajo como el de Argentina, la cambiaron hace décadas. Por último, el productor pierde infinidad de tiempo y recursos en una kafkiana red de regulaciones. En los países prósperos, lo que no está expresamente prohibido, está permitido. Acá no se puede hacer nada que primero un funcionario no haya regulado y te permita hacerlo.

¿Dónde quedó la libertad de trabajo y empresa que está en la Constitución? Tenemos que elegir si queremos ir a una nueva crisis o solucionar los problemas de fondo de los argentinos. Es posible y hemos presentado a comienzo de este año las propuestas de nuestra fundación para hacerlo: "Las reformas necesarias para crecer en libertad".  O le exigimos a nuestros políticos que avancen con las reformas estructurales necesarias o, luego, no nos quejemos por un resultado de destrucción de empleos que era previsible.

* El autor es economista y Director de la Fundación "Libertad y Progreso"