"El que se baja, gana". Esa es la curiosa hipótesis que manejaban algunos afilados observadores de la escena política hasta hace apenas algunas semanas.

Desolados frente a la insondable profundidad de la grieta, en sobremesa de animales políticos, se coincidía en que, frente al rechazo acopiado por los dos presidenciables más competitivos, el paso al costado de alguno de ellos produciría un saludable paso de aire fresco, beneficiando de manera contundente a su espacio.

Hoy, a menos de un mes del cierre de listas y candidaturas, el panorama es más incierto que nunca.

¿Puede decirse que tras la presentación de la fórmula que la tiene como vice Cristina Fernández se bajó?

¿Puede sostenerse que lo suyo es un renunciamiento patriótico con perfume evitista como pretende  presentarlo su hijo Máximo o, por el contrario, CFK puso en acto su poder de fuego en una jugada que, de salir bien, podría validar la amañada lectura de que para ganar hay que poder correrse?

Convencida de que sin ella no hay nada pero con ella sola no le alcanza, la lideresa del cristinismo echó mano al más templado de su staff. El ex Jefe de Gabinete, ahora precandidato a la Presidencia de la Nación, no solo tiene capacidad de diálogo, sino que, encarna procedimientos y políticas muy diferentes a los que impulsan los exponentes del Cristinismo puro y duro.

Solo el tiempo y los hechos dirán si Alberto Fernández fue ungido como príncipe heredero o mero consorte. Si se prestará a un juego de marionetas u oficiará de testaferro. En lo inmediato está clara su más urgente misión: desbrozar de malezas el terreno kirchnerista y sembrar confianza para hacer volver a los más reticentes y precavidos del peronismo, a los que a fuerza de látigo y billetera CFK supo disciplinar pero también espantar.

A la caza de los gobernadores indecisos, Alberto Fernández suma un desafío mayor: recuperar a Massa.

Si el kirchnerismo, hoy travestido de templanza y buenas maneras, logra comerle esa ficha a Alternativa Federal, se habrá ganado medio cielo y el camino a octubre quedará pavimentado.  El objetivo es lograr la máxima unidad posible. Volver estrecha e intransitable la avenida del media es parte del desafío.

Sacudido por este tembladeral, hay algo que Sergio Massa maneja como su principal certeza. El objetivo que lo anima, lo dice él y lo repiten todos los suyos para que quede claro, es ganarle a Mauricio Macri, no a Cristina Fernández de Kichner. Bajo esa impronta convocó a un Congreso del Frente Renovador que se reunirá en Parque Norte. Reunidos concejales, diputados nacionales, provinciales e intendentes de la fuerza debatirán para dónde quieren tomar. Son pasos de reflexión política y paso certero dicen los lugartenientes de Massa. "Sergio escuchará el mandato del Congreso" aseguran. Tendrá que apurarse en tomar decisiones. Los tiempos urgen.

En el cuartel general de "los Fernández" el operativo de seducción-cooptación de Sergio Massa va perdiendo impulso. Consideran que el tigrense quedó suspendido en una suerte de limbo político y que su peso específico se evapora minuto a minuto. Estiman que su eventual aporte quedó a este viernes reducido a no más de 5 o 6 puntos. Descuentan contar con el concurso firme de al menos siete de los gobernadores peronistas que saludaron alborozados el volantazo de CFK  y no descartan arrimar los tres restantes.

Definitivamente afuera, consideran al cordobés Schiaretti y al salteño Juan Manuel Urtubey.  Las fotos que esta semana sumaron al álbum macrista pesan casi tanto para el oficialismo como la certeza de que el PJ irá a las PASO dividido.

Los últimos movimientos solo aseguran más y más polarización.

En su flamante nueva realidad política, Alberto Fernández se muestra relajado, confiado en ir sumando a buena parte del sindicalismo y expectante al resultado que van a arrojando los primeros sondeos de opinión que dicen les son favorables. Aseguran que manejan números que muestran a Axel Kicillof casi en paridad con María Eugenia Vidal, pero que, con Cristina en la boleta midiendo en la provincia varios puntos por sobre Macri, el resultado está cantado.

La autopostulación a la vicepresidencia de CFK impactó en las profundidades del poder, liberando un tsunami de  efecto devastador. La marejada golpeó fuerte en las playas de Alternativa Federal. Juan Schiaretti regresó a su provincia con más pena que gloria después de una semana de locos.

La pieza de video que colgó en las redes, lejos de aglutinar, sumó desconcierto. La convocatoria a Scioli puso en retirada a Roberto Lavagna, quien en un festival de erráticas declaraciones sumergió a todos y todas en un mar de dudas y confusión.

El ex Ministro de Economía  fue y vino entre devaneos para terminar el jueves teniendo un momento de reflexión con el senador y eventual compañero de fórmula Miguel Angel Pichetto. Luego de treinta minutos de conversación a solas, salió con un nuevo "ni" que, si para algunos fue esperanzador, tuvo un vuelo cortísimo.

En las primeras horas del viernes, Roberto Lavagna se llevó puestos sus propios dichos: "No me meto más en la interna de Alternativa Federal, que hagan lo que gusten. No voy a participar en una estructura ligada solamente al Partido Justicialista… Lo de Alternativa Federal es una interna de una parte de un partido".

Lavagna volvió a plantar la figura de la "internita" en la que ubica al resto de los referentes de Alternativa Federal de los que asegura sigue siendo amigo. Aferrado a la idea fija de que la candidatura debe surgir del consenso, pegó el portazo a las PASO.

En un clima en el que todos parecen desconfiar de todos, la convocatoria de Juan Schiaretti a que Daniel Scioli se sume al espacio del medio produjo una estampida. "Una cosa es juntos y otra es amontonados", la letanía con la que fatigan los partidarios de #consenso19 suma el temor a que Sergio Massa termine indiferenciando los espacios y se corra de una u otra forma a la unidad justicialista para la que trabaja a destajo Alberto Fernández.

En el campamento del oficialismo la nota la puso Rogelio Frigerio. El ministro del Interior aseguró ante empresario que si bien "Macri está decidido y dispuesto a continuar por otros cuatro años más, la táctica electoral estará abierta hasta que el calendario electoral lo permita (…) Hasta el 22 de junio hay tiempo, y en Argentina, esto es muchísimo tiempo".

En una semana en que volvió a hablarse de "Plan V", estas afirmaciones sonaron fuerte.

Por su parte, los radicales tendrán un fin de semana afiebrante. Permanecenen estado de expectante vigilia a la espera del lunes.  La Convención Nacional del radicalismo deberá definir cómo se sigue. Si bien la idea es no salir de Cambiemos, se plantearan condiciones. Los mueve el convencimiento que no hay chance alguna de llegar en primera vuelta y que para superar el ballotage es imprescindible anudar acuerdos con otras fuerzas políticas.

Juan Schiaretti y Roberto Lavagna están en las diarias oraciones del radicalismo. Sin ampliar la base de sustentación de Cambiemos no hay chance alguna, no solo de ganar, sino de poder gobernar.