Entre la jornada de hoy y el 26 de mayo próximo, la Unión Europea atravesará un escenario de importantes cambios institucionales: uno de sus más importantes órganos, el Parlamento Europeo, protagonizará un nuevo proceso de elecciones. Debe renovar las bancas de los más de quinientos eurodiputados electos en el año 2014. Siendo la única institución de la Unión que se elige de manera directa y fundamental en los procesos de decisión comunitarios, este acontecimiento es de vital relevancia tanto para la propia Unión Europea y sus Estados miembro como para el mundo en general.

Esencialmente, la importancia de la elección radica en que las fuerzas del Parlamento definirán no solo el futuro de la integración europea y sus autoridades, sino también de su política comunitaria en materia de empleo, seguridad, migraciones y cambio climático, entre tantas otras materias que comprometen la manera de gestionar sus asuntos internos y relaciones a nivel internacional.

Enmarcada en un contexto de incertidumbre signado por la salida del Reino Unido del bloque y por el avance de los partidos de extremos y euroescépticos que representan una amenaza a las instituciones comunitarias, la conformación de un nuevo Parlamento se presenta como un importante desafío. Europa está ante una oportunidad única para los ciudadanos miembros de la Unión de reconfirmar su compromiso profundo con sus valores democráticos, de libertad, igualdad y Estado de derecho.

Es claro que el espíritu unionista es defendido por la mayoría de los países del bloque europeo y que este es, a su vez, apoyado por una gran cantidad de Estados extrarregionales. Los compromisos manifestados en ocasiones de la última cumbre del G20 en Buenos Aires y de la Segunda Conferencia de Naciones Unidas para la Cooperación Sur Sur son un claro ejemplo de ello. Esto refleja fielmente que gran parte de la comunidad internacional, incluida Argentina, sostiene que el fortalecimiento del multilateralismo y el orden mundial basado en normas es, sin dudas, el mejor camino hacia el desarrollo sostenible.

Ahora bien, respaldar el sistema multilateral significa reconocer los aspectos que necesitan ser revisados, para continuar fortaleciendo sus valores y brindando soluciones a aquellas problemáticas que afectan, hoy más que nunca, a la ciudadanía en general. Estos aspectos se encuentran generalmente asociados al avance de las tecnologías, a un aumento de la desconfianza por las instituciones internacionales, así como a una falta de respuesta por parte de algunos sectores políticos a las demandas y las necesidades de las ciudadanías.

Este es uno de los puntos fundamentales a los cuales se enfrenta la Unión Europea, que, al igual que numerosas instituciones, atraviesa una preocupante crisis de confianza y legitimidad generada, principalmente, por el avance de las tendencias proteccionistas, individualistas, extremas y polarizadoras, que buscan debilitar los principios democráticos.

Las fuerzas categorizadas como eurófobas y populistas se multiplican en el seno de la Unión Europea y representan una amenaza cada vez mayor a sus bases fundacionales. Cargados de contenidos xenófobos, anti-inmigratorios y nacionalistas, los voceros de los partidos anti europeístas cuestionan la idoneidad de las instituciones multilaterales y promueven llevar las tendencias de desunión y separatismo al corazón del Parlamento Europeo.

La posibilidad de una Cámara Europea con fuerte representación de partidos de extremos nos convoca, una vez más, a continuar reforzando las estructuras multilaterales existentes. Es por ello que es necesario promover la solidaridad y la cooperación internacional, en aras de reparar la confianza y defender el camino largamente recorrido hacia un mundo más igualitario, pacífico e inclusivo para nuestra generación y aquellas venideras.

El autor es diputado nacional y presidente del Grupo Parlamentario de Amistad con el Parlamento Europeo.