El padre Mugica
El padre Mugica

El padre Mugica contaba que el día que cayó Perón, en Barrio Norte, donde vivía, sonaron las campanas. Ese día terrible, su familia festejó e incluso él estuvo contento. Entonces, fue a un conventillo y encontró escrito en la puerta: "Sin Perón no hay patria ni Dios. Abajo los curas". En ese momento definió dónde debía estar: al lado de los que menos tenían.

Ese día los argentinos y argentinas se dividieron entre la alegría y el llanto. Y, si bien, en principio, los pobres lloraron y los ricos celebraron, muchas familias de clase media, como la mía, se vieron partidas entre tristeza y alegría.

En esas familias, muchos antiperonistas no eran ricos: eran personas que trabajaban mucho, vivían al día y eran profundamente solidarias. Y nada tenían que ver con los sectores que habían derrocado a Perón. Sin embargo, odiaban, o creían odiar a Perón. Mi abuela, por ejemplo, se definía como antiperonista, mientras que sus hermanos eran militantes peronistas. Pero, a la hora de la verdad, mi abuela era capaz de dar lo que no tenía para ayudar a alguien que necesitaba. Durante años se pelearon por algo que creían que los dividía, cuando tenían más en común de lo que pensaban.

El padre Mugica decía que "tener fe es amar al prójimo". Desde esta concepción, si no se actúa con y desde el amor, de nada sirve ir todos los días a la iglesia o definirse como cristiano. Lo que identifica a una persona es su acción por el prójimo, por el que tiene hambre, por el que necesita.

Para Mugica el amor era el continente de todo; de la fe, pero también de la política. Desde ese amor, Mugica se acercó al peronismo y asumió una actitud militante contra el hambre y la miseria, a las que definía como causas de una profunda violencia.

En este sentido y desde esta perspectiva, es que esta idea del "amor" es importante para el tiempo que viene. Así como Mugica entendía que la fe no se adoptaba a partir de definirse como cristianos, sino por la capacidad de amar y de entregar de las personas, los argentinos y argentinas tenemos que repensar lo que nos une y lo que nos divide.

En efecto, la grieta de la que tanto se habla no refleja en lo más mínimo las diferencias reales y mucho menos lo que tenemos en común. La única división posible hoy es a partir de la idea amplia y constitutiva del "amor", donde los únicos que no tienen lugar son los que odian.

Es necesario que volvamos a definirnos a partir de lo que somos al hacer y no de lo que creemos ser. Vamos a construir la unidad de los que nos conmovemos con la injusticia, con el dolor de los que menos tienen y también de los que creemos que no se puede descartar a ninguna persona con el supuesto objetivo de lograr el éxito, porque en nuestro país lo primero son las personas y su felicidad.

Atravesamos un tiempo oscuro, desde lo económico y desde lo humano. Frente a este duro escenario, tenemos que unirnos para recuperar nuestro sentido de comunidad. El padre Mugica, a 45 años de su asesinato, como lo hacen los curas villeros en cada barrio, nos sigue guiando con su ejemplo.

La autora es dirigente del Nuevo Espacio de Participación (NEP). Directora del Banco Ciudad por la oposición.