(Foto: AFP)
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En Brasil, en los meses previo a la elección presidencial de 2002, la desconfianza de los mercados escaló peligrosamente. Las encuestas mostraban que el candidato del PT, Luis Lula Da Silva, iba a ganar. Venía de perder tres elecciones presidenciales consecutivas, las últimas dos de ellas contra Fernando Henrique Cardoso, un destacado sociólogo, quien había sido un ministro de Economía exitoso antes de ser electo dos veces y que se encontraba finalizando su segundo mandato.

Que la izquierda llegara al poder por primera vez y lo hiciera un dirigente sindical como candidato presidencial generaba incertidumbre y temor en quienes tomaban decisiones económicas.

A medida que las encuestas iban confirmando la posibilidad que Lula ganara, los bonos de Brasil perdían valor. Cardoso, sin duda un gran estadista, y pensando en los intereses de largo plazo de su país, sugirió al candidato del PT una definición clara de su parte sobre la continuidad de políticas y compromisos económicos. Entonces Lula redactó su "Carta al pueblo brasileño" siguiendo esta orientación.

Pero ello no fue suficiente y entonces el Presidente sugirió que su propio candidato, José Serra, realizara una manifestación similar. Es así como los dos principales candidatos de ese momento, el del PT que era el opositor y el del oficialismo, coincidieron en asumir el mismo compromiso para garantizar la estabilidad económica.

La estrategia orientada desde el Palacio Presidencial de Brasilia resultó exitosa. La desconfianza cedió y los mercados moderaron su temor y ansiedad.

Cardoso, cuando tomó esta iniciativa, no pensó si ella favorecía o perjudicaba a su candidato, sino que buscó preservar los intereses del país.

Diecisiete años después, frente a una elección presidencial, Argentina enfrenta una situación similar, en razón de que un candidato populista como es la ex Presidente Cristina Fernández de Kirchner podría ganar la elección.

En este caso no se trata del temor a lo que podría suceder con un candidato que no ha llegado al poder, sino del retorno de alguien quien lo ha ejercido y por esta razón su eventual regreso genera sensación de riesgo.

Roberto Lavagna ya se manifestó en contra del acuerdo político propuesto por el Gobierno
Roberto Lavagna ya se manifestó en contra del acuerdo político propuesto por el Gobierno

Pero en este año electoral acompañado de fuerte volatilidad económica, producto obviamente no solo del temor a que gane Cristina, un acuerdo político para generar confianza en los mercados debería incluir a los principales candidatos: Macri, Cristina y Lavagna. De no ser así, no resultará eficaz.

Un primer problema es que Macri va por su reelección, a diferencia de Cardoso que no lo hacia y ello le permitía desarrollar una estrategia que no estaba influida por sus intereses electorales.

El segundo es que tanto Macri como Cristina tendrán como ejes de sus presuntas campañas electorales la polarización entre ambos -y un acuerdo suscripto por entre ellos iría contra dicha estrategia.

A ello se agrega que el oficialismo ha buscado un compromiso nada más que con un sector de la oposición, que es el PJ anti-K, pero dentro del mismo ha intentado hacerlo con sólo algunos de sus dirigentes.

No está incluido Lavagna, tampoco el gobernador de Córdoba Juan Schiaretti y, de los restantes mandatarios provinciales,  hasta ahora solo ha convocado al de Salta, Juan Manuel Urtubey.

Sin los gobernadores, un eventual acuerdo con Miguel Ángel Pichetto y Sergio Massa sólo sería a la sumo una ampliación de la coalición oficialista a algunos dirigentes del PJ anti-K.

En conclusión, Brasil en 2002 logró un acuerdo exitoso de los principales candidatos, que permitió contener y moderar la ansiedad de los mercados por el eventual triunfo de Lula, pero Argentina en 2019 dista de tener las mismas condiciones y los mismos protagonistas para llevar adelante un compromiso similar.