(Foto: archivo)
(Foto: archivo)

Dos variables convergen negativamente sobre el ingreso de los trabajadores. Por una parte, la imposibilidad que enfrentan las distintas negociaciones paritarias para alcanzar acuerdos que corrijan los salarios en línea con la evolución de la inflación, imposibilidad que se explica por las dificultades que atraviesan la mayoría de las actividades. Aunque siempre aparecerá algún acuerdo con mejores aumentos, lo cierto es que se trata de casos excepcionales y no de la regla general, una golondrina no hace verano.

Por otra parte, hace varios años se instaló un segundo problema: el impacto del impuesto a las ganancias sobre las remuneraciones de los trabajadores, impacto que, en pocas palabras, puede explicarse por la falta de un acompañamiento de las normas que establecen cuál es salario alcanzado por el impuesto en relación con los aumentos nominales en las remuneraciones fundados en la inflación y no en un mayor ingreso real.

En este contexto y sumando la urgencia de contener medidas de fuerza anunciadas, surge la noticia en el sentido de que el Gobierno y algunos sindicatos del transporte avanzarían en la conformación de una comisión para analizar la posibilidad de eximir del impuesto a las ganancias el recargo que corresponde por trabajar un día feriado. Esta es la sopa. Nos explicamos. La idea de generar una excepción para que una parte del salario de un trabajador de una actividad en particular no pague el impuesto en cuestión no es una novedad. Prácticamente por los mismos motivos que hemos reseñado al inicio de estas líneas, en el año 2006, los sindicatos petroleros consiguieron excluir del impuesto a las ganancias a determinados rubros salariales previstos en el convenio colectivo de trabajo de su actividad. Así, las horas de viaje, la vianda y la ayuda alimentaria quedaros excluidas del impuesto (ley 26176). Obviamente, se pretendió justificar esta excepción por las extraordinarias e irrepetibles características de la actividad petrolera.

Lo cierto es que la mentada excepción ha generado largos y sostenidos conflictos cuando otros sindicatos de otras actividades pretendieron, no sin cierta lógica, el mismo tratamiento excepcional que se había dispensado a los trabajadores petroleros. El único motivo concreto por el cual esta excepción pudo ser contenida dentro de ciertos límites es el hecho de haber sido implementada por una ley.

Con estos antecedentes, genera fundada preocupación la noticia sobre la posibilidad de exceptuar del impuesto al pago de los feriados. Que se entienda bien, está claro que la presión impositiva está por las nubes, pero el problema es no aliviar esta presión con excepciones sin ningún otro fundamento real que la urgencia de la coyuntura y que, peor aún, pueden contaminar todo el régimen legal.

No hace falta que nos detengamos sobre las dificultades que existen a la hora de saber cuándo un servicio es esencial o no lo es. ¿Cuál sería el motivo por el cual otros sindicatos no reclamarían el mismo tratamiento? La pretensión de fundar el tratamiento diferencial en la naturaleza esencial del servicio no tiene ninguna lógica, máxime cuando hablamos del recargo por el día feriado, recargo que se explica en nuestra legislación porque el trabajador se ve privado de un día para conmemorar un hecho relevante para nuestra comunidad. Ahora bien, es indiscutible que todo trabajador que presta servicios un feriado, sea en un servicio esencial o no, se ve afectado en la misma medida. Aquí es donde pierde sentido toda la excepción.

Si la propuesta es no tomar atajos, no optar por las salidas coyunturales y no repetir los errores del pasado, entonces deberían descartarse este tipo de salidas. Si recorremos los mismos caminos, lo más probable es que cometamos los mismos errores.

El autor es abogado especializado en Derecho del Trabajo, profesor universitario y socio de Adrogué, Marqués, Zabala & Asociados.