Inteligencia colectiva para potenciar los impactos de la gestión pública

Victoria Morales Gorleri

Una comunidad wichi en Formosa
Una comunidad wichi en Formosa

Hace casi cuatro años, cuando asumí como subsecretaria de Responsabilidad Social en el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, conocí una empresa muy comprometida con la responsabilidad social. Me presentaron un Power Point bellísimo que describía una acción espectacular que había requerido muchísimo esfuerzo y dedicación de sus empleados y una inversión de varios miles de pesos. Habían tenido una idea maravillosa: iban a hacer una huerta para que los wichis pudieran comer de su producción y vender el excedente. Solucionaban así dos problemas: erradicaban el hambre y generaban una fuente de trabajo.

La idea parecía impresionante y el esfuerzo en ejecutarla también lo había sido: la empresa trasladó a varios empleados a la comunidad, que era de muy difícil acceso, ¡toda una aventura! Una vez allí, detectaron un espacio, araron la tierra, contrataron un tractor para que llevara semillas y todos los productos necesarios para que la huerta fuera exitosa, plantaron y volvieron a Buenos Aires felices por la tarea realizada.

Entusiasmada por conocer tremenda obra, saqué un pasaje y me fui a conocer la comunidad y esa hermosa huerta de la que tanto hablaban. Cuando llegué, la huerta era solo tierra árida. Claro, la comunidad, como muchas de las del norte, allá por 2016, no tenía acceso al agua. Tampoco tenía caminos para acceder o salir de ella, nunca hubiesen podido comercializar el excedente. Además, es una comunidad wichi, por su cosmovisión y cultura, no les resulta "natural" el cultivo, ya que su tradición es la de cazadores y recolectores de lo que el monte les ofrece naturalmente.

Este fue para mí un ejemplo claro y conciso de lo que es una política de escritorio: no hay voluntad o bondad suficiente que pueda eliminar los riesgos de no pensar las soluciones en conjunto con las comunidades en las que se interviene. La Argentina es diversa. Rica en cultura, costumbres, religiones y cosmovisiones. Cuando pensamos las acciones desde nuestros escritorios, no logramos el impacto esperado y muchas veces generamos malestares en la comunidad.

Es por eso que me encuentro pensando y gestionando acciones de responsabilidad social en conjunto: las propias comunidades, los gobiernos locales y provinciales, las empresas, las organizaciones de la sociedad civil, los referentes comunitarios, las instituciones religiosas y los organismos. Para colaborar en mejorar los más apremiantes problemas de la Argentina, esos que nos duelen y nos mantienen despiertos, como la pobreza y toda su multidimensionalidad, actuamos en conjunto. Así nace Comunidades Sostenibles.

Se trata de mesas de acción locales en las que —sí, ya lo dije—, trabajando realmente en conjunto, hacemos uso de los mejores recursos que tenemos cada uno de los actores que intervenimos para mejorar la realidad y lograr comunidades con mayor inclusión, con desarrollo productivo sostenible, acceso a recursos básicos, en resumen, comunidades empoderadas.

Hoy más que nunca y en este Día de la Responsabilidad Social, impulso, intimo, invito a que todas las empresas y las personas de nuestro país generen sus "buenas prácticas" con una mirada integral; con una verdadera estrategia de impacto colectivo. Porque cuando trabajamos juntos, hacemos del mundo, de nuestra casa común, un lugar mejor.

La autora es directora nacional de Responsabilidad Social para el Desarrollo Sostenible, Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación.

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