La transformación de la Pascua

La última cena y los anuncios de Jesús

El Jueves Santo fue la última cena de Jesucristo con los 12 apóstoles. Era el tiempo de la Pascua judía. Ahí Jesús, dirigiéndose al grupo, le anticipó su partida. También lo que sucedería en las horas siguientes. Que uno de ellos lo entregaría a los guardias que lo estaban buscando acusándolo de decir que era el rey de los judíos, que uno de ellos lo negará tres veces, que Él habrá de padecer y la misión que les cabe tras su muerte. Durante la cena, Jesús lava los pies de los apóstoles. Concluida la celebración, salen a caminar por el Monte de los Olivos. Entonces Jesús se aparta a orar.

La traición y el arresto de Jesús

Al cabo de unos momentos de oración irrumpieron los guardias del Templo, Judas se aproximó al Maestro y le dio un beso, señal por la que lo entregaba. A lo que Jesús le preguntó: "¿Me entregas con un beso?". El Hijo de Dios es entonces arrestado. Momentos más tarde, Pedro fue interrogado y para no ser arrestado negó tres veces conocerlo. Jesús fue golpeado, humillado y conducido ante Pilato, quien dejó la ejecución a juicio de la muchedumbre.

Jesús es condenado y ordenada su ejecución

En la madrugada del viernes, al margen de la ley fue procesado y condenado a morir en la cruz y la condena fue ejecutada ese mismo día.

La crucifixión y muerte de Cristo

Jesucristo sufrirá toda clase de humillaciones, flagelaciones y burlas, luego, puesta que le fue la corona de espinas, debió cargar los sesenta kilos de la cruz —con el único auxilio de Simón de Cirene— por el tortuoso camino de piedra caliza, unos seiscientos metros por el monte Gólgota ("lugar de la calavera"), donde se llevaban a cabo las ejecuciones. Después fue atravesado por los clavos de 1 centímetro de diámetro y 15 de largo en manos y pies. Luego de una agonía de varias horas, murió. Las tinieblas oscurecieron el cielo.

Hizo, aun en los últimos momentos de vida, algunos milagros: convirtió a Simón C., a uno de los dos malhechores que son crucificados a su lado y al centurión. Pidió a Dios que perdonara a sus verdugos y antes de expirar dijo: "Padre, en tus manos pongo mi espíritu" (Lucas, 23-46). El centurión, compadecido por su agonía, para asegurar su muerte clavó la lanza en el costado de su cuerpo y exclamó: "Ciertamente este hombre era justo" al mismo tiempo que, salpicado por la sangre y el agua que emanaba de la herida, recuperó su visión plena.

Según afirman los estudiosos, los hechos del arresto, la condena y el suplicio de la ejecución son incontrovertibles en el plano de la historia de Jesús, tanto por los testimonios coincidentes de los cuatro Evangelios como por el relato de historiadores no cristianos, paganos y judíos.

En la Pascua Jesús es semilla de amor

Resulta algo inexplicable que Dios hecho hombre haya sido martirizado y ejecutado. Nos puede ayudar a entenderlo. En primer lugar, pensar que se trata de la demostración de la firme determinación de Dios de bajarse a la condición humana y dar una prueba de la incondicionalidad de su amor. Por otro lado, habla de la coherencia de Jesús, quien, como lo recuerda el papa Francisco: "Después de haber entrado a Jerusalén, dijo: 'Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto' (Jn 12,24). Tratemos de pensar en un grano o en una pequeña semilla que cae en el terreno. Si permanece cerrado en sí mismo, no sucede nada; si en cambio se fracciona, se abre, entonces da vida a una espiga, a un retoño, y después a una planta y una planta que dará fruto". Jesús es el mayor ejemplo dativo, de entrega, de salida del sí mismo.

Como dice el Santo Padre: "Como la semilla 'cayó en la tierra' (haciéndose hombre) y para dar fruto como la semilla se dejó fragmentar, se dejó deshacer, anonadar (hasta la muerte), trayendo la esperanza de la vida eterna".

En la Pascua Jesús es transformación

Así, en la Pascua, Jesús ha transformado, tomándolo en sí, nuestro pecado en perdón. Pero dice Francisco cómo es la transformación que hace la Pascua: "Jesús ha transformado nuestro pecado en perdón, nuestra muerte en resurrección, nuestro miedo en confianza. Es por esto que, en la cruz, ha nacido y renace siempre nuestra esperanza; es por esto que con Jesús toda nuestra oscuridad puede ser transformada en luz, toda derrota, en victoria, toda desilusión, en esperanza. Toda: sí, toda" concluye.

En la Pascua, Jesús, después de la muerte, verdaderamente ha resucitado

"Mirá la cruz, mirá a Cristo crucificado y de ahí te llegará la esperanza que no se apaga" ¿Por qué? Porque la muerte de Jesús en la cruz precede a la resurrección del Señor y el sábado de Gloria podemos decir, como lo hicieron los primeros cristianos: ¡Verdaderamente el Señor ha resucitado! ¡Felicidades!

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