La agroindustria es la actividad económica que comprende la industrialización y comercialización de productos agropecuarios, forestales y biológicos. En Argentina constituye una actividad estratégica para nuestro desarrollo económico y social por su impacto en la producción, el agregado de valor, las exportaciones y el empleo, con su consiguiente impacto positivo en la distribución del ingreso y la equidad social.

El Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral resaltó, en unas de sus últimas presentaciones, los siguientes atributos del productor agropecuario: capacidad para asumir riesgos, con planes de inversión y crecimiento, motivación para innovar y emprender, actitud positiva hacia la incorporación de tecnología, vocación por la productividad, aplica y desarrolla conocimientos técnicos para la gestión, y forma parte de un sistema en Red de organización empresaria.

Jorge Giacobbe (H) e Iván Ordoñez plantearon meses atrás en un trabajo, que frente a otras producciones y actividades de la vida económica y social que resultan "intocables" para la sociedad, por ende intocables para la política, "el productor agrario aparece como un antihéroe depositario de recelos, envidias, mitos y prejuicios que los deja en una posición claramente vulnerable. Es muy fácil para cualquier político, entonces, meterle la mano en el bolsillo al productor agrario, porque la sociedad está de acuerdo con ello", expresaron.

Desde hace tiempo que escucho hablar en relación a la especulación del campo, en momentos como los actuales donde se aguarda una campaña récord de granos y oleaginosas, que los productores no comercializarán su cosecha, y los exportadores no ingresarán los dólares que la economía necesita, especulando con mejores condiciones para hacerlo. Siempre, en esta situación, el dedo acusador estuvo dirigido al sector agropecuario. Pero vamos a demostrar con algunos ejemplos, que esto no es así, y muy lejos está el campo de no hacer un aporte a este difícil momento de la Argentina.

La Fundación Mediterránea proyectó que entre junio y agosto, el período donde se profundizará la comercialización de la cosecha y el gobierno deberá enfrentar su primer gran test electoral del año a nivel nacional, aumentaría un 47% el ingreso de divisas en comparación con el mismo período del año pasado, y podrían ingresar unos 128 millones de dólares diarios.

No solamente no habrá especulación al momento de la comercialización de la presente cosecha por parte de los productores, porque deberán enfrentar compromisos financieros y cancelar las deudas que provocó la sequía del año pasado, sino que ya están con la mirada puesta en la próxima campaña de cultivos de invierno, y en medio de la incertidumbre política, electoral y económica, el campo una vez demostrará que su objetivo no es solamente aportar divisas, generar empleo y movimiento en la economías del interior, sino también pondrá de manifiesto el esfuerzo y trabajo que necesita el país para salir de esta complicada coyuntura.

Trigo: el gran protagonista

Esta semana la Bolsa de Cereales de Buenos Aires al presentar sus proyecciones para la campaña fina que está por comenzar en las próximas semanas, quedó demostrado que al campo no lo frena ni siquiera la posibilidad de que el gobierno no consiga un resultado favorable en las próximas elecciones. Pese a la elevada presión impositiva que sufre, a los últimos problemas climáticos, al impacto de la inflación en los costos de producción, a los serios problemas de logística e infraestructura, a la vigencia de las retenciones, y a la caída de los precios internacionales para el momento de la cosecha, la producción de trigo se encamina hacia un nuevo récord, en un favorable escenario climático de mediano y largo plazo.

Según la bolsa de cereales porteña, la siembra del cereal alcanzaría las 6.400.000 hectáreas, aunque sin las retenciones podría haber sido de 6.700.000 hectáreas. Las proyecciones de cosecha se ubican en 20.600.000 toneladas, que de concretarse sería casi un 9 por ciento de aumento en comparación con la campaña anterior. Por exportaciones, ingresarían 3.500 millones de dólares, y el Estado recaudaría, fundamentalmente por el Impuesto a las Ganancias y Retenciones, 1.100 millones de dólares. Todo esto se conseguirá gracias a una mayor inversión en tecnología por parte de la producción.

Además, la Bolsa de Comercio de Rosario aportó un dato interesante sobre la próxima campaña de trigo: el volumen ya comercializado de la nueva campaña asciende a 600.000 toneladas, un volumen récord en los registros, y el pico estacional en diciembre de entrada de trigo al Gran Rosario fue un 60% mayor a los ingresos en igual mes de 2018.

El campo, un ejemplo a seguir

Es difícil que el campo especule cuando está demostrando que no detendrá su máquina para producir trigo, teniendo en cuenta que la siembra se realizará con el presente gobierno y la cosecha comenzará con las elecciones presidenciales ya definidas. Y con el temor que genera entre los productores el "volver a las medidas del pasado", que significaron para el campo trabas para producir y comercializar.

Hoy sin esa política del pasado, el trigo es el cultivo que mejor respondió al nuevo escenario, a pesar de la vuelta de las retenciones.

Frente a todo lo explicado: ¿De qué especulación hablan cuando cuestionan al campo con el dedo acusador? El campo debería ser el ejemplo a imitar por otros sectores de la economía que siempre están a la vuelta de la esquina buscando sacar mayor rédito de las políticas del gobierno, o bien especulando para conseguir diferentes beneficios. El campo no está en esa situación.

Las sembradoras, cosechadoras, pulverizadoras, y tractores, etc, no apagan sus motores, y siempre están encendidos para contribuir a la construcción de un país muy diferente al actual, un país para todos y no para unos pocos.