La educación es el arma más poderosa que puedes utilizar para cambiar el mundo, decía Mandela. Reemplacemos arma por herramienta o estrategia o acción coordinada o política y nos encontramos con una máxima tan potente como verdadera.

De todas las acciones en el campo de la educación que llevan impulsando los gobiernos actuales, tanto a nivel jurisdiccional como en el plano nacional, la práctica de medir regularmente los aprendizajes escolares y transparentar sus resultados es tal vez la más importante de todas. Si bien puede parecer solo un hecho administrativo, tiene un fundamento político profundo, y un impacto educativo transcendental. Si creemos que la educación es aquello que afirma Mandela, qué mejor manera de mostrarnos consistentes con tal creencia, favoreciendo a que se verifiquen los resultados de nuestras acciones en las escuelas, y facilitando que la opinión pública, los expertos, la población en general y la oposición auditen en forma recurrente.

El Operativo Aprender es el punto de apoyo de esa herramienta a la que hace referencia el ex mandatario sudafricano. Sin medición de aprendizajes, mal puede un gobierno proponer y realizar los cambios que crea necesarios para mejorar sus políticas educativas. Los aprendizajes escolares son gestionables si se los conoce, y darlos a conocer es una acción política valiente y decidida, aunque no muestren resultados positivos. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Es cierto que la tradición de medir aprendizajes escolares en nuestro país data de 1993, y que el primer Operativo Aprender del año 2016 fue el operativo número 15 desde que se inició esta práctica. Los antecedentes inmediatos habían sido los Operativos Nacional de Evaluación (ONE) de los años 2013 y 2010, ocurridos durante la gestión del gobierno anterior. Pero también es cierto que Aprender es el primer operativo de carácter censal, lo cual es toda una originalidad. Ya no se trata de muestrear, sino de sacarle una radiografía completa al sistema todos los años, con todas las complejidades que la escala, el federalismo y la política generan. A pesar de ello, transcurrieron 3 años del camino adoptado a nivel nacional, y los resultados en términos de porcentaje de respuesta solo mejoran. Las escuelas que participaron de los operativos aumentaron del 88% en 2016 al 94% en 2018, y los alumnos, del 71% en 2016 a casi el 80% en 2018. Esta acción pone a disposición de los gestores de las políticas públicas provinciales, pero principalmente a la sociedad, la oportunidad de analizar cientos de miles de datos educativos escolares, de juzgar la calidad de las acciones de los gobiernos en materia educativa.

Los resultados de aprendizaje de la última medición, relevados en octubre de 2018 y presentados días pasados por el gobierno nacional, vuelven a encontrar a nuestra jurisdicción a la cabeza de los aprendizajes, tanto en Lengua como en Matemática. Los niños y niñas de sexto año de la escuela primaria de CABA evaluados lograron nuevamente los resultados más elevados de todas las jurisdicciones educativas del país, con una concurrencia del 95% de las escuelas y del 71% de los estudiantes. En Lengua, prácticamente el 88% de los evaluados mostraron resultados positivos (satisfactorios + avanzados), mientras que en Matemática el guarismo superó el 75 por ciento.

Son resultados satisfactorios, en especial en Lengua, en donde la mejora en comparación con el año 2016 fue de 7,5%, pero que también nos dejan tarea para el hogar, en especial en Matemática, donde la medición retrocedió 1,5% en comparación con la medición del 2016.

Medir y publicar los resultados de aprendizaje de nuestros alumnos nos expone y nos somete, deliberadamente, al permanente escrutinio de nuestros ciudadanos, y lo hacemos de forma consciente y de manera consistente. Es una acción que nos hace más responsables frente al mandato de gobernar y administrar el Estado, y que nos impone un ritmo de trabajo incansable. A pesar de que se muestren los mejores resultados de aprendizaje, igual queremos seguir mejorando. ¡Debemos seguir mejorando!

Abraham Lincoln sostenía que la filosofía del aula en una generación será la filosofía del gobierno en la siguiente. La filosofía educativa de hoy, impulsada a través de acciones claras de transparentar los aprendizajes, será el mandato de estos aprendices cuando finalicen sus años de escolaridad. Además de los aprendizajes y las enseñanzas que se lleven, que año tras año serán más afines a su época, graduarán con el claro mandato de hacerse responsables de sus acciones. Es que transparentar no solo mejora lo que se muestra, sino que además nos habitúa con la responsabilidad de dar cuenta de aquello que se muestra en cada oportunidad.

El autor es legislador porteño (Vamos juntos).