Mundo offshore: un largo camino por recorrer

Adrián Falco

Panamá es uno de los paraísos fiscales (Getty)
Panamá es uno de los paraísos fiscales (Getty)

Los Panama Papers ofrecen un ejemplo contundente para entender cómo las corporaciones y sus dueños se apoderaron del mundo a través de las finanzas. La megafiltración de información financiera que se conoció hace tres años volvió a evidenciar cómo los países de América Latina son convidados de piedra frente a la red global de servicios financieros que utilizan los ricos, poderosos y corruptos para ocultar, evadir y lavar sus activos. Sin embargo, la megafiltración no logró alterar el rumbo del "genocidio financiero" facilitado por grandes bancos de inversión, firmas de abogados y estudios contables alrededor del mundo.

Los piratas fueron los dueños de los mares. Arrasaban con violencia territorios para luego huir a islas remotas a esconder sus tesoros. Los saqueadores del siglo XXI no llevan parches en los ojos ni patas de palo. Tampoco amenazan con espadas. Eso sí, comparten el objetivo con sus antecesores. A lo largo de los últimos setenta años desarrollaron sofisticadas herramientas que, además, lograron institucionalizar y naturalizar. Alcanza con presionar un botón para mover millones de dólares desde nuestros países a las guaridas fiscales que componen una telaraña de secreto y opacidad.

Panamá y Mossack Fonseca son eslabones en un negocio que, a escala mundial, permite ocultar entre 7,6 y 32 billones de dólares. Millones de millones. Doce ceros. Las fuentes principales para las operaciones financieras y comerciales abusivas de las grandes empresas multinacionales. A ellas se suman las maniobras de los directivos de las compañías, dueños de pymes, profesionales muy exitosos, celebridades y herederos de grandes fortunas. También hay dinero del crimen organizado y, por supuesto, el que proviene de la corrupción política, aunque en menor medida.

Los Papeles de Panamá nos ofrecieron hace tres años un punto de partida para identificar las prácticas, los mecanismos, las vinculaciones, los agentes involucrados, la impunidad con la que actuaban. La filtración ha descubierto el truco del mago, nos ha dado la posibilidad de ver "el lugar" que se transformaba, por gracia y pericia de quienes facilitan estas prácticas, en el "no lugar". Complejas e imbricadas redes de empresas controladas por prestanombres en distintas guaridas fiscales diseñadas para ocultar quiénes están detrás del saqueo que lacera las economías e impide tomar el camino del desarrollo.

A lo largo de las últimas décadas la capacidad de los Estados de ordenar y regular se ha vuelto cada vez más exigua. La falta de cooperación entre países es alarmante y la problemática ha escalado hasta el propio Fondo Monetario Internacional, que luego de despertar de su letargo en la materia reflexiona sobre los inconvenientes de vivir en un mundo sin reglas que permitan limitar el impacto nocivo del mundo offshore.

Es necesario trabajar en aspectos claves para regular estas prácticas. Se vuelve imprescindible terminar con el secreto bancario y financiero promoviendo el intercambio automático de información entre países. Es imprescindible contar con registros públicos de los beneficiarios reales de sociedades, fideicomisos cuyo acceso sea público e irrestricto. Debemos contar con reportes públicos donde las empresas transnacionales reporten país por país sus actividades y los impuestos que pagan. Necesitamos terminar con la competencia fiscal que lleva a los países en desarrollo a una "carrera a la baja" para intentar captar inversiones extranjeras que, si se consiguen, terminan arrojando pésimos resultados macroeconómicos. Los países podrían declarar ilegales a las sociedades conformadas en guaridas fiscales que intenten operar en nuestros países o, al menos, endurecer los controles sobre ellas. América Latina y el Caribe tiene que contar con una lista unificada de guaridas fiscales que permita poner en debate aquellas elaboradas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y otros organismos multilaterales que ignoran las voces del sur global.

Pero a pesar de los avances logrados alrededor del mundo gracias a la presión ejercida por la "militancia" de la sociedad civil, los periodistas de investigación y los movimientos sociales debemos advertir que las medidas sistémicas necesarias para poner fin a los abusos han sido limitadas. El mundo offshore goza de buena salud.

Las propuestas esbozadas forman parte de nuestra agenda como organizaciones de la sociedad civil, movimientos sociales y redes globales. Creemos necesario introducir el debate en todas las esferas sociales para evidenciar que no estamos frente a un problema aislado a unas pocas islas del Caribe, el mundo offshore atraviesa a los principales centros financieros del mundo y tiene consecuencias directas sobre el desarrollo y el crecimiento los países. El mundo offshore impacta de manera directa sobre la calidad de vida de los pueblos. A tres años de los Panama Papers, todavía queda un largo camino por recorrer.

El autor es coordinador del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo de la Fundación SES.

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