Los actores protagónicos del gran teatro nacional: Macri, CFK, Vidal, Massa, Scioli, Peña, Lavagna, Carrió, Dujovne y la estrella invitada Christine
Los actores protagónicos del gran teatro nacional: Macri, CFK, Vidal, Massa, Scioli, Peña, Lavagna, Carrió, Dujovne y la estrella invitada Christine

La Argentina se ha convertido, poco a poco, en un gigantesco escenario teatral. ¿Cómo funciona el teatro? Gracias a un público que se sienta en su butaca dispuesto a evadirse un rato de la realidad, y creer todo lo que dice y le cuentan una o más personas que fingen ser quienes no son. Sin ese pacto implícito que acepta ambas falsedades, ninguna representación teatral sería posible.

Hay un público para cada género. Últimamente se ha representado de todo, aquí: sainetes picarescos, novela policial y novela negra, ciencia ficción, ópera bufa, drama clásico, tragedia griega, drama clásico y bastante teatro del absurdo. Historias locas que asombrarían a Alfred Jarry, Ionesco o Beckett.

Los fans del policial clásico inglés, por ejemplo, se desconcertarían con el caso Nisman: un asesinato sin asesino, y en un cuarto cerrado. Eso aún dice la causa. El detallado libro del colega Pablo Duggan tiene otra teoría.

Hay más obras, claro. Una más apasionante que la otra.

* Los cuadernos. Escritos con paciencia y detallismo proustiano por un chofer que hizo un arte del buen fisgar. Primero les sacaron fotos, después los quemaron (allí faltó un Max Brod, el amigo de Kafka que se negó a cumplir su última voluntad y no arrojó su obra al fuego). Así y todo, con ellos acusaron a funcionarios y empresarios de todo tamaño. Si hay segunda temporada, será un thriller psicológico, con más sci-fi.

* La ruta del dinero K. Road movie de enorme producción (las escenas con máquinas perforando la estepa patagónica fueron muy impresionantes), pero laaaarga como película de Kurosawa. Hay problemas con los guionistas, que nunca terminan de encontrándole el papel a la estrella femenina. Quieren completar la cuarta temporada.

* Marcelo D'Alessio y los Superagentes. La aparición de un personaje con semejante espesura bufonesca resultó un hallazgo. Logró fusionar a varios clásicos: Isidoro Cañones, el agente Mojarrita de Julio de Grazia, y El Otro Yo del doctor Merengue, una historieta de los años '50 del genial Divito, que remitía algo estrafalariamente al Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Pinta para saga onda Lost, con varias temporadas y más personajes que en novela de Tolstoi.
Pero mejor dejemos las obras, para concentrarnos en los protagonistas. Ya lo dijo Schopenhauer, que la tenía re clara: "Una mala obra hecha por buenos actores, es mucho mejor que una obra excelente interpretada por cómicos mediocres".

Cristina y Florencia
Cristina y Florencia

Cristina Kirchner es, por lejos, la que mejor interpreta el personaje del "líder de masas" al estilo Perón. Corre, hay que reconocerlo, con ventaja sobre sus colegas de casting: cuando ella habla, hay mucha, mucha gente que va a escucharla.

CFK tiene buena dicción y sabe improvisar, pero a veces las cosas no le salen bien. El mensaje que grabó antes de viajar a Cuba por el problema de salud de su hija Florencia, hubiese sido más impactante y efectivo con un fondo de silencio y austeridad de imágenes. Los arreglos estéticos, con show de fotos y música sensiblera, no resultaron la mejor elección.

Maricio Macri
Maricio Macri

Mauricio Macri, del otro lado de la grieta, en pocos meses, pasó de llorar de emoción en el G-20, a convertirse en El Increíble Hulk cuando habló en el Congreso, sufrió la muerte de su padre Franco, y a las dos semanas, en charla serena, lo acusó de haber participado en hechos de corrupción. Un amplio abanico de personajes emocionales a los que, por lo menos, intentó "ponerles el cuerpo".

Solo el Actor's Studio de Nueva York, que aplica la línea de El Método, que Stanislavski creó en los años '30, podría firmar una performance con esa intensidad corporal.

Para entender la diferencia entre los actores que se comprometen con su personaje "en grado absoluto", y los actores que solo "hacen" de otro, existe una vieja anécdota entre Laurence Olivier y Dustin Hoffman, mientras filmaban Marathon man (1976). Tocaba la terrible escena de tortura en el sillón del dentista, entre el nazi cruel y el inocente hermano de un empleado traidor.

Hoffman llegó al set en un estado deplorable. Olivier se alarmó y fue a verlo:

‒¡Pero qué le pasa, Hoffman…!

‒Vine muy en personaje, Laurence. No como desde anoche, corrí 15 kilómetros, no me ducho, no me afeito, no me lavo los dientes. Estoy roto.

Olivier, actor de la escuela clásica, capaz de hacer llorar a una sala repleta mientras por dentro se ríe del sombrero de la señora de la segunda fila, no lo podía creer.

‒Pero, ¿acaso usted no es actor? ¡Actúe, Hoffman! ¡Actúe!

José Luis Espert y Javier Milei
José Luis Espert y Javier Milei

¿Estarán locos los actores? Sería una irresponsabilidad hasta insinuarlo. Pero, al menos en lo que se refiere al primer nivel dramático, puede afirmarse que no es una actividad para cualquiera. Mucho más si su eficacia o impericia influye directamente en la vida de muchos. Ser payaso no es fácil, pero tal vez comprometa menos la estabilidad psíquica. Eso, en teoría. Pero uno duda, viéndolo a Javier Milei, el clown de este momento de crisis. Su irrupción, con esa melena de león recién levantado de la siesta, parecía catapultarlo hacia el trono que dejó vacante el infortunado Ricardo Fort. Pero no; ni eso.

El simpático dúo que hace con su colega "libertario" José Luis Espert se encuadra en la técnica más clásica del circo. Abbott y Costello, pareja de cómicos del cine americano de los años '50, son una buena medida para comprender la relación entre el clown serio (Abbott / Espert) y el Augusto (Costello / Milei), el personaje torpe que lo complica todo y trata de componerlo con chistes gruesos, metidas de pata y caos. Igual, tienen su público.

Lagarde y Dujovne (@FMInoticias)
Lagarde y Dujovne (@FMInoticias)

Sería una falta de respeto asociar a Psicosis, el inmortal film que Hitchcock filmó en 1960, con la tierna y cuasi edípica relación que mantiene nuestro ministro Nicolás Dujovne (51) con la directora gerente del FMI, madame Christine Lagarde (63). No sería justo, además, porque Madame está saludable, en plana actividad, y porque la diferencia de edad tampoco es mucha, aunque Nicolás aparente ser más joven.

La química entre Lagarde y Dujovne parece tan afectiva y natural que, por alguna razón, nos recuerda a Una margarita llamada Mercedes, la novela que Jacobo Langsner escribió para China Zorrilla en 1984; y que Carlos Galettini filmó en 1996 con el título de Besos en la frente. Cuenta la historia de una Grand-Dame de casi 80 años, enamorada de un joven escritor idealista.

Bueh, no se parecen en nada, es cierto; y encima el guion es una versión libérrima, con episodios más cercanos al terror gótico. Pero igual hay que reconocerlo: se los ve brillantes en su papel.

Lilita Carrió (Nicolás Stulberg)
Lilita Carrió (Nicolás Stulberg)

Elisa Carrió. ¿Habrá alguien más teatral que ella, en esta eterna función que nos regala hoy el país? No, nadie. Pasa del amor al odio, del chiste grueso a la insinuación hermética, del discurso serio, al gag inesperado. Es única.

Su tic de mirar de reojo hacia ambos lados, para estar segura del efecto que producen sus palabras, es una marca registrada. Se siente cómoda en su casa, y en los programas que la hacen sentir en su casa. Como las grandes divas, Carrió necesita ser el centro de atracción.

Eso sí, se le complica si debe compartir escena. Esto se notó en 2017, durante el debate entre candidatos a diputados nacionales por la ciudad. Esa noche se la vio como sobrando la situación, con la voz menos firme a la hora de exponer frente a Lousteau, Filmus, Tombolini y Ramal. En la foto final, les cedió el centro. Lo recuperaría pronto, ya como solista.

Al tratarse de un personaje tan teatral, sería una obviedad detenerse en sus impactantes shows mediáticos. Es justo reconocerle un talento superior. Se mueve con soltura en el drama y la comedia. Como el gran Sandrini, a veces te hace reír y otras te hace llorar.

Felipe Solá
Felipe Solá

Felipe Solá era el yerno que toda suegra deseaba. Algo así como el novio de Lolita Torres en Joven, viuda y estanciera. Hoy es un galán maduro que, como el viejo Lloyd Boliviano, ya paró en todas. Protagonizó bravos films de acción cuando fue necesario, y también supo aceptar papeles no tan estelares. Alguna vez le preguntaron qué hacía falta para mantenerse tanto tiempo en el primer nivel de la política y él dijo, con honestidad brutal: "Hay que saber hacerse el boludo". Hoy, aspira al Oscar por Mejor Actor Secundario. No es poco.

Dante Sica (Franco Fafasuli)
Dante Sica (Franco Fafasuli)

Dante Sica, hoy encargado de Trabajo y Producción, es un ministro más cercano a la metáfora que al imposible resurgir del aparato productivo, con tasas estratosféricas y muy baja recaudación.

Los bodegueros mendocinos lo recuerdan resignado, en una reunión a fines del año pasado. "No tengo un mango, muchachos. ¡Estamos bailando en el Titanic!", les dijo. Nombre italiano, actor ideal para el hiperrealismo de la post guerra. Gran máscara.

Marcos Peña (Nicolás Aboaf)
Marcos Peña (Nicolás Aboaf)

Marcos Peña debe haber visto muchas veces esas películas argentinas de los años '50, donde Osvaldo Miranda, Ángel Magaña, Pepe Iglesias y otros comediantes debían enfrentar, con paciencia, simpatía y mucha clase, a suegras difíciles, desconfiadas, que siempre la defendían a "ella" contra "él".

La suegra de Peña, se sabe, es kirchnerista. Lo que nunca provocó el menor roce familiar, aclara el propio Jefe de Gabinete, al que no le hace gracia tocar el tema. Lógico. Es un conflicto muy de Vanguard, para público selecto. Típico Teatro Off.

Daniel Scioli (Diego Medina)
Daniel Scioli (Diego Medina)

Daniel Scioli es Mickey Rourke: él insiste, impermeable a todo desastre, con los dientes apretados, capaz de hacer una gran película como El Luchador o lanzarse a la presidencia, pese a los años y el deterioro. Si uno repasa el debate con Macri de 2015, Scioli parece Konrad Adenauer. Dijo lo obvio, pero en su discurso lo anticipó todo, sin fallas. Virtud que compartió con su competidor, que no dejó promesa por incumplir.

Mil veces lo mataron, pero… ahí lo tienen. A veces es Ben Gazzara en Alma de acero, otras Peters Sellers en Desde el jardín. Scioli exhibe un optimismo que compite con el del profesor Pangloss, el fan de Gottfried Leibniz de la novela Cándido, o el optimismo, escrita por Voltaire en 1759. Con fe, con esperanza, siempre adelante… Un Scioli puro.

María Eugenia Vidal (Matías Baglietto)
María Eugenia Vidal (Matías Baglietto)

María Eugenia Vidal es otra gran estrella del Hollywood criollo. Le dicen Heidi por su dulce sonrisa, pero hay un mito instalado que asegura que, fuera de la escena pública, es preferible pelearse con el Mike Tyson que a los 20 años ganó el título mundial, que chocar con uno de sus enojos. Tierna, feroz o agridulce como la cuisine française, se las arregló para construir una mejor imagen que Macri.

Divorciada desde que asumió, es la típica chica que no consigue novio por trabajar sin descanso y ser demasiado responsable. Una mezcla de Evangelina Salazar en Jacinta Pichimahuida, la maestra que no se olvida (dicho esto sin ironía por las paritarias), y la Julia Roberts de Un lugar llamado Notting Hill. Mariu creció mucho sobre el escenario y creó a un personaje muy original, bien argento: la Heidi de hierro.

Una tierna niña perdida e inocente que tal vez… un día agarra y se queda con todo.

Sergio Massa
Sergio Massa

Sergio Massa tiene un problema no menor. No será fácil que las masas se emocionen con un líder peronista de voz finita. Deberá trabajar, entonces, con los tonos y los remates. Por ahora, siempre ha ido de mayor a menor. Pierde las finales, como la Selección de Martino y Sampaoli. Igual es joven y eso es un enorme capital. Puede hacer de hijo de Cristina Kirchner o de Lavagna, por ejemplo. Tiene la vida por delante.

Roberto Lavagna (Nicolás Aboaf)
Roberto Lavagna (Nicolás Aboaf)

A Roberto Lavagna, justamente, le toca el papel del abuelo bueno al que todo se le festeja. Hasta que se ponga medias tres cuartos de color blanco con sandalias, y bermudas, en Pinamar. No problem. En un país que adora convertir la falta en virtud, esos pies curiosamente enfundados ya se han convertido en afiche de campaña. Y bueh.

Su papel es bastante complejo. Debe dar abuelo confiable, con liderazgo, con edad y experiencia, pero sin exagerar. Un papel que le exigirá firmeza, y no le perdonará gestos sobreactuados o pifiados, como aquel escuálido puñetazo que De la Rúa, por pedido de Mariano Grondona, tuvo que darle a la mesa de su programa. Ay. No parece, eso es cierto, el candidato ideal para un país salvaje.

Caramba. ¿Es hoy la Argentina un país salvaje? Bueno, esteeeeeeeeeeee… Mejor lo charlamos en la próxima, compatriotas.

Ya es tiempo que baje lentamente el telón del gran teatro nacional, sin pedido de bises, ni saludo grupal, mientras la sala se vacía, tensa.

Bajo las luces blancas, el público busca la salida con movimientos torpes, nerviosos, tropezándose entre ellos, con la profunda angustia de quien camina sin tener la menor idea de lo que le espera allá afuera, dentro de un rato, o mañana.