Estamos en marzo y los nervios electorales no los pueden controlar los participantes de la contienda de octubre. Mientras tanto, prosigue el mismo derrotero económico plagado de problemas sin resolver.

Que el presidente Mauricio Macri haya hablado mal de Roberto Lavagna en un programa de televisión y luego hiciera lo mismo Marcos Peña, jefe de Gabinete, significa que han hecho lo que no debe hacerse en comunicación política: le han dado lugar al otro, lo han mencionado, le dieron entidad, lo calificaron y lo maltrataron. Actuaron como si el otro tuviera ya asegurada una marca, un propósito.

Mostraron su enojo, otro error, frente a un economista con pasado en su tránsito por el Estado en distintas posiciones que todavía no se ha autocalificado de candidato. O no ha dicho "quiero" en voz alta.

Todo ello le dio espacio al nuevo supuesto candidato que está procurando día tras día subirse al ring aunque sin riesgos, y con la seguridad de que lo van a respaldar en los comicios con los ojos cerrados. ¿No es acaso una pretensión demasiado ambiciosa?

A tal punto ha sido el enojo que queda demostrado que el oficialismo no quería otra oposición que no sea la kirchnerista. Cualquier otra sobraba. Se viene asegurando esto desde hace meses, no se ha desmentido. Lleva la marca del especialista Jaime Durán Barba. Según los asesores de la Casa Rosada, eso daría chances casi seguras al oficialismo —dicen—, pese a las grandes dificultades que tiene la sociedad en la vida cotidiana.

El jefe de Gabinete agregó que Cristina no tiene con qué, cuando las encuestas muestran que un 30% del electorado la respalda, ahora, en estos días. El mismo caudal con el que contaría Macri. En ese encuadre, para el oficialismo, bastaba con mostrar el pasado reciente y castigar con un constante batallar a quienes se opusieran a esa bipolaridad.

Lavagna usó la oportunidad. Le contestó al Presidente de la Nación que dejara el marketing a un lado y se pusiera a trabajar. Y en un tono paternal que irrita le dijo que cuando uno tiene responsabilidades de Estado, no se puede "lloriquear". Lavagna está usando los errores oficiales para encaramarse como solución. El tercero en discordia, el que se aprovecha de las debilidades de los otros dos.

Para alimentar aún más al volcán Lavagna declaró que, en caso de ser candidato, el ideal de vicepresidente vendría de las filas del radicalismo. Que tenga entre 40 y 50 años, hombre o mujer. Eso sí: con capacidad de gestión. Dibujaba un perfil, el de Martín Lousteau. Así, Lavagna mataba dos pájaros de un tiro. Por un lado, presentaba, por su edad avanzada, un eventual sucesor con cara de adolescente. Y por otro, irrumpía dentro de Cambiemos y dividía sus filas. Con ello tapaba las malas repercusiones de su encuentro con Marcelo Tinelli, que no oculta sus pretensiones políticas.

Traiciona los ideales del oficialismo las distintas caras de la realidad. La proyección inflacionaria anual ronda el 35 por ciento. Si a eso llegamos, a fines del 2019 la inflación total del período macrista sería del 250 por ciento. Descartando la dura herencia recibida, los números duelen. Entre 2016 y 2018 los alimentos se incrementaron casi un 150 por ciento. El valor de la electricidad en la Ciudad de Buenos Aires trepó al 900% y el gas, 480 por ciento. Estos gastos son los cimientos de lo que insume mantener a las familias mes tras mes.

Eso no es todo: 53 pesos por dólar, se promete, sería la altura máxima de la banda cambiaria en mayo, cuando los candidatos comiencen a comerse las uñas para consagrarse en octubre. Mayo sería un mes clave, donde los interesados intentarán moverse de pesos a dólares. En eso coinciden varios especialistas.

Precisamente por eso los que saben dicen que los 60 millones de dólares diarios que el Fondo Monetario Internacional ha permitido usar pueden no resultar suficiente muralla de contención para frenar las apetencias de moneda extranjera.

Veremos qué ocurre con las paritarias. Seguramente el Gobierno se esforzará en contentar a los gremios. Pero el salario real fluctuará según lo que ocurra en el mercado cambiario y en la incertidumbre acerca del gobierno que vendrá. La inflación tuvo una aceleración importante en el mes reciente de febrero y la tasa de interés se ubicó en un 70 por ciento. La aceleración de la inflación, según Prensa Ecolatina, obedece a una demanda que permanece deprimida, contratos que permanecen cerrados a la espera de mayor calma, más el ajuste de tarifas de servicios públicos y el alza del precio mayorista de la carne que se trasladó a su precio minorista junto con los bienes sustitutos, el caso del pollo y del cerdo.

Un signo de interrogación encierran los meses que vienen. Eso no es bueno para nadie. Ni para los políticos ni para los ciudadanos.