Ernesto Araújo (REUTERS/Adriano Machado/File Photo)
Ernesto Araújo (REUTERS/Adriano Machado/File Photo)

El ministro Ernesto Araújo está concentrado en una lucha contra los demonios que deambulan por el Palacio de Itamaraty. El discurso pronunciado en el Instituto Río Branco, el intercambio de descalificaciones con Fernando Henrique Cardoso y Rubens Ricupero, y el pedido de renuncia al embajador Paulo de Almeida, director del Instituto de Investigaciones de Relaciones Internaciones (IPRI), en el lapso de días constituyen una muestra del empecinamiento personal con que libra la batalla para desmerecer la política exterior de Brasil de los últimos treinta años.

En el discurso en el Instituto Río Branco no ahorró críticas al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y Partido del Trabajo (PT) por haber practicado una política tercermundista, anti-americanista y antioccidental, en especial desde 1975, cuando Brasil comenzó a acercarse a Europa y más recientemente a los países del BRICS. Según el disertante, esta aproximación a Europa, China y las naciones latinoamericanas no dieron los resultados esperados y no contribuyó al crecimiento económico de Brasil. La nominación de los tres principales partidos políticos que gobernaron Brasil explicita el deseo de mostrar un quiebre con la línea tradicional para plantear el inicio de algo nuevo.

El ministro Araújo pareciera aplicar a las relaciones internacionales un ideologismo religioso cuando insta a incorporar los valores cristianos y de la familia para construir una política que se identifique con los "valores" del pueblo y rechace el "materialismo". Estas apreciaciones emotivas de un creyente solo pueden encontrar su réplica en algunos países de Medio Oriente, y en especial en la supervisión ejercida por el Líder Supremo, Ali Khamenei, en Irán, que se encuentra en las antípodas de su visión global. No deja de sorprender cuando sostiene que en las relaciones comerciales no deben sacrificarse los valores y las ideas para conquistar mercados. Las religiones, indistintamente de sus creencias, comparten una moral incólume a las transformaciones sociales.

Las respuestas a Fernando H. Cardoso y Rubens Ricupero no ahorran epítetos para intentar desacreditarlos: "Escriben sus artículos destrozando lo que no conocen, defendiendo sus tradiciones inútiles de elocuencia vacía y desidia cómplice". La declamación para criticar a Cardoso y Ricupero, que tienen un reconocimiento y una trayectoria en temas internacionales, pareciera brotar más de una inquina personal que de una reflexión sobre las discrepancias. En la misma línea y en el contexto de la discusión sobre Venezuela, el ministro Araújo sostiene que Hernique Cardoso tiene una mirada displicente sobre el pueblo brasileño: "Ese pueblo de ignorantes que abiertamente desprecia, así como desecha a los electores de derecha que lo hicieron presidente dos veces".

El ministro Araújo sostiene que fue Brasil quien mostró un liderazgo democrático al apoyar a Juan Guaidó contra las opiniones de los políticos tradicionales. Este apoyo no constituyó una "sumisión a Washington". Todo lo contrario. Fue Brasil quien tomó la iniciativa de impulsar una transición democrática en Venezuela forzando al Gobierno de los Estados Unidos a unirse a esta propuesta. La constatación de esta afirmación otorga al Gobierno de Jair Bolsonaro un papel relevante en los temas latinoamericanos e interpretativos de los anhelos de Elliott Abrams, Marco Rubio y John Bolton para la región.

Es difícil imaginar un ministro de Relaciones Exteriores con un lenguaje confrontativo e ideológico para manejar las relaciones internacionales de un país de la importancia de Brasil y donde la política queda sumida en un fárrago de principios moralistas. Es posible, como dice el ministro Araújo, que en el pasado: "La política exterior no tuvo una brújula moral y no le importó distinguir dónde está el bien y el mal". Pero esa forma de hacer política internacional es muy inhallable en el mundo cuando vemos al mismo presidente Donald Trump negociar con Kim Jong-un y Arabia Saudita en una muestra de realismo muy lejos de la perfección de Dios.

La elección de Ernesto Araújo representa un desafío no solo para Brasil sino también para sus interlocutores, quienes tendrán que hacer un curso para desmenuzar la fraseología hasta hallar el contenido. Habrá que esperar, y también tendrán que hacerlo los diplomáticos de Itamaraty, hasta tanto Brasil recomponga su política exterior para retomar el liderazgo que supo tener en los temas internacionales y no replicar el pensamiento de otros centros. Mientras tanto, continuará la incógnita para saber si los valores y las ideas pregonados por el ministro Araújo serán suficientes para alimentar y resolver los problemas del pueblo brasileño.

El autor es diplomático.