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La educación es una herramienta fundamental para construir sociedades más modernas y justas. En ciudades como Buenos Aires, donde existe una fractura social muy fuerte, donde los niveles de desigualdad entre el sur y el norte son enormes, un sistema educativo pensado para acortar distancias, generar igualdad de oportunidades, es muy necesario. Imprescindible. Sin embargo, hoy, lejos de disminuir las desigualdades, el sistema parece fortalecerlas.

En primer lugar, tenemos un sistema educativo partido en mitades. La mitad de los chicos que van a la primaria lo hacen en colegios públicos, la mitad, en colegios privados. Una división no homogénea. Es muy divergente la distribución geográfica. Es así que en la zona sur de la ciudad, comuna 4 (Barracas, Nueva Pompeya, la Boca y Parque Patricios) y la comuna 8 (Villa Soldati, Villa Riachuelo y Villa Lugano), los alumnos de nivel inicial en escuelas públicas superan el 70%, mientras que en las de la zona norte, comunas 2 (Recoleta), 13 (Núñez, Belgrano y Colegiales) y 14 (Palermo) los alumnos de escuelas públicas apenas superan el 25 por ciento.

En una tendencia donde lo privado avanza sobre lo público, que va de la mano con una crisis de inversión. Han sido muy escasos los avances en la infraestructura edilicia. En 2007, la Ciudad de Buenos Aires contaba con 582 unidades educativas del sector público de nivel primario. Diez años después, en 2017, tenía igual cantidad, 582 unidades. Cero avance. Estos hechos pueden entenderse al analizar la cuestión presupuestaria, en el 2008 la Ciudad asignaba a la educación un 26,7% del gasto total, mientras que para el 2019 va a representar un 17,8%, con una caída de 9 puntos, donde obviamente las escuelas públicas son las más perjudicadas. A esto se suma la caída de la inversión nacional en educación del 6,9% del presupuesto en 2015 al 5,5% en 2019.

La ausencia de avances de importancia en la infraestructura escolar es una decisión que excede lo presupuestario. El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, en la última década, eligió otras obras, otras prioridades. En la Ciudad se hicieron obras y casi ninguna escuela. Creo que es algo que el oficialismo debiera explicar.

Este estancamiento tiene su traducción a nivel rendimiento. Al analizar un indicador como la repitencia en secundarias de la Ciudad, se puede observar que el porcentaje de alumnos repetidores en escuelas privadas en 2017 fue de 3,1%, mientras que en las escuelas de gestión pública alcanzó el 13,8 por ciento. Y si tomamos las escuelas privadas de la comuna 13 (Núñez, Belgrano y Colegiales), el porcentaje es 1,8%, mientras que en las escuelas públicas de la comuna 5 (Almagro y Boedo) llega al 17,4 por ciento. Una brecha que no menguó en la última década.

Otro indicador que marca la desigualdad existente es el promedio de años de escolarización de la población de 25 años y más comparando entre quienes viven en villas de emergencia y los que no. Hay allí una diferencia de casi cinco años. Quienes viven en villas estuvieron escolarizados, en promedio, 8,5 años. Para los que viven en el resto de la Ciudad el promedio es 13,5 años. En la comuna 14 el promedio es 15,4 años, casi el doble que en la villa. No hay justicia social sin igualdad de oportunidades. Para eso necesitamos un sistema educativo público más fuerte; que avance, no que retroceda.

La escuela debería ser un gran redistribuidor de oportunidades. Hoy no lo está siendo. En las pruebas Aprender 2017 se observa claramente la brecha entre ricos y pobres. Chicos con peor y mejor rendimiento según su inserción socioeconómica. Centrémonos en solo un eje: nivel de desempeño en ciencias sociales en primaria, según nivel socioeconómico. El 18,2% de los estudiantes pobres están por debajo del nivel básico y el 30,3% en el básico. Solo el 9,2% tiene nivel avanzado. En la otra punta de la pirámide, el 48% de los alumnos de nivel socioeconómico alto tienen nivel avanzado; el 43,4%, satisfactorio; el 6,4%, básico y solo el 2,2%, por debajo del nivel básico.

Los alumnos que no terminan el secundario en Palermo y Núñez no llegan al 5%, pero rondan el 30% en Villa Lugano y Soldati. Una realidad que se refleja en las cifras oficiales relacionadas con el empleo y el ingreso.

Por otra parte, según el informe elaborado por el Centro de Estudios de Ciudad (CEC), existe un progresivo aumento de la desigualdad registrado en estos últimos tres años, ya con Mauricio Macri en la Presidencia y Horacio Rodríguez Larreta al frente del Gobierno de la Ciudad. Es así que la pobreza extrema casi se duplicó y castiga más a los niños y los adolescentes: más de 1 cada 10 menores de 15 años que habitan en la Ciudad son indigentes. Además, se confirma el sostenido contraste entre las zonas norte y sur de la Ciudad. El aumento de la indigencia entre 2015 y 2018 fue mayor en las comunas 4, 8 y 9. Como contracara, el ingreso creció más en la zona de mayor nivel de recursos delimitada por las comunas 2 (Recoleta), 13 (Núñez, Belgrano y Colegiales) y 14 (Palermo).

La Ciudad de Buenos Aires hoy fortalece sus tendencias desigualitarias. Debemos cambiar el rumbo, debemos trabajar en la dirección contraria. Para eso la educación es clave. El cambio de paradigma en ese sentido es radical: necesitamos repensar el sistema educativo porteño para que se convierta en una pieza nodal en la construcción de una sociedad socialmente más justa.

El autor es director del Centro de Estudios Metropolitanos (UMET, UNAJ, UNAHUR).