En esta elección en Neuquén se repitió el escenario del 2015 casi calcado, con los tres mismos candidatos: Omar Gutiérrez, el actual gobernador por el Movimiento Popular Neuquino (MPN); Ramón Rioseco por Unidad Ciudadana-Frente Neuquino; y Horacio "Pechi" Quiroga por Cambiemos. No resultará sorprendente, entonces, que finalmente hayan quedado en las mismas posiciones: primero, el MPN; segunda, UC; tercero, Cambiemos. A pesar de que todas las encuestas auguraban un final cabeza a cabeza entre el MPN y UC, finalmente se dio un resultado aburrido pero más esperable. Jorge Sobisch hizo una buena elección, aunque no alcanzó a torcer ni el resultado ni el orden de prioridad en los cargos.

Tal vez valga analizar primero a los derrotados. Cambiemos hizo una mala elección. Primero, porque hasta hace semanas confiaba en la victoria luego de ganar la legislativa del 2017; segundo, porque Quiroga quedó tercero en su propia ciudad. Si bien es cierto que el gobierno nacional apoyó decididamente al MPN en estos últimos días, 15% de los votos para el candidato del partido oficialista nacional parece realmente poco dados los resultados de los últimos años.

En segundo lugar, también fue esta una elección decepcionante para el kirchnerismo. Lograron menos votos que en 2015 (31% a 26%) y muchos menos de lo que daba la suma (ideal) de lo que obtuvieron Rioseco y Martínez por separado en 2017, cuando Unidad Ciudadana y el Frente Neuquino no compitieron juntos. Dos más dos no fue cuatro. La unidad del panperonismo en Neuquén bajo el liderazgo de Cristina parece haber sido condición necesaria para no caer al tercer lugar pero no suficiente para disputar el poder.

Finalmente, vale la pena repetir lo que decíamos sobre las posibles razones de la victoria del Movimiento Popular Neuquino. Primero, la estabilidad económica de la provincia y la imagen de una gestión ordenada. El Gobierno de Gutiérrez pudo mostrar paritarias por encima de la inflación, creación de empleo, comienzo normal de las clases y mantenimiento de la obra pública (incluso haciéndose cargo de obras comenzadas por nación). Esto, en momentos de crisis, no es poco. Segundo, su despliegue territorial. Tercero, su capacidad de resolver sus conflictos mediante internas.

Las irregularidades que existieron en la implementación del voto electrónico fueron innegables pero no sistémicas. Al mismo tiempo, este no fue más simple de usar, no entregó los resultados mucho más rápidamente, algunas máquinas fallaron (lo reconoció el Tribunal Electoral) y el sitio web en donde se presentaban los resultados resultó muy malo. Una sombra de desconfianza empañó la jornada, algo que nunca había sucedido con la boleta de papel.

¿Qué indica esta elección para el escenario nacional? No demasiado. El Gobierno nacional puede consolarse con el dato de que en el 2015 Cambiemos perdió las elecciones provinciales y las nacionales en Neuquén, y sin embargo, Mauricio Macri resultó electo presidente. El kirchnerismo puede contentarse con que hace pocos meses muchos pensaban que saldría tercero.

Puede hacerse la hipótesis de que esta elección expresa una continuidad aún mayor: votantes neuquinos que abandonan momentáneamente al MPN en momentos de "olas" nacionales y luego retornan. Recordamos la derrota en manos del alfonsinismo en 1985, cuando muchos auguraron "el principio del fin" del partido provincial; también lo hicieron cuando el MPN llevó como candidata presidencial a CFK en 2011. La clave aquí es que los y las votantes, cuando se desencantan, siguen retornando al partido de masas más exitoso de la Argentina.

La autora es investigadora del Observatorio Electoral Argentino (OEAR) de CIPPEC.