(Foto: Télam)
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La posibilidad de que Roberto Lavagna, un ciudadano con 77 años de edad, pueda ser el futuro presidente de los argentinos (los votantes tendrán la opinión final, si es que decide presentarse) desató una gran polémica sobre el tema de la edad en la política. Quisiera compartir mi opinión, y argumentarla.

Desde el punto de vista legal cabe señalar que la Constitución Nacional solo fija una edad mínima —30 años— para ejercer la Presidencia de la República. Los constituyentes pensaban que el cargo requería un cierto mínimo de experiencia. En cambio, no previeron un límite máximo.

Al respecto conviene recordar que una costumbre social propia de muchas civilizaciones ha sido otorgar el poder a los más sabios, que solían coincidir con los más experimentados, con los que más habían vivido. Esta organización social se verificó desde la antigua Grecia a las sabanas de África o a las cimas del Tíbet.

La Gerusía era uno de los órganos de gobierno de la antigua Esparta. Estaba conformada por 28 ancianos de 60 años, más los dos reyes (Esparta estaba gobernada por una diarquía). El título era vitalicio. Sus funciones eran legislativas, y se encargaba de los procesos que podían acarrear pena de muerte o pérdida de ciudadanía, e incluso los procesos contra los propios reyes.

Se los consideraba los más sabios porque tenían más experiencia en la vida, al ser personas mayores. El consejo de ancianos también constituía una especie de senado en muchos pueblos originarios de América.

En la Biblia (Job 12,12) se lee: "De los ancianos, el saber; de la longevidad, la inteligencia".

Es que el ser humano aprende acumulando conocimiento y asimilando las lecciones que surgen de sus propios aciertos y errores.

La experiencia permite un mejor abordaje de los problemas porque ya se han vivido situaciones similares y se sabe cuáles son los posibles desenlaces. En cambio, la falta de experiencia puede dar lugar a arriesgados experimentos que pueden ser gravosos en sus resultados.

Con el paso de los años y después de haber enfrentado multitud de problemas, un líder con experiencia difícilmente cometa errores, sobre todo de alto impacto. En cambio, quien enfrenta por primera vez una cuestión complicada puede equivocarse a fondo y, luego, para cubrir su equivocación profundizar en el error.

Quien ha sido capitán de un barco en medio de una espantosa tormenta y ha podido llevarlo exitosamente a puerto posiblemente esté más capacitado para hacerlo nuevamente que aquel que nunca enfrentó semejante situación.

¿Qué nos indica la experiencia internacional? Adenauer fue canciller de la República Federal de Alemania hasta los 87 años, De Gaulle fue presidente de Francia hasta los 79 años y Mandela presidió Sudáfrica hasta los 81. Por su parte, Alan García fue presidente a los 35 años, "Tacho" Somoza a los 40 y Enrique Peña Nieto a los 46.

Todo lo anterior parece indicar que la edad no parecería ser un argumento válido para objetar una candidatura a presidente de la Nación.

El autor es profesor de la Universidad de Belgrano y de la UBA.