El pasado viernes 22 de febrero organizamos en conjunto entre la Universidad Di Tella y el Observatorio Argentinos por la Educación un panel bajo el título "¿Cómo lograr que la educación sea prioridad en el debate público argentino?". Moderado por Mariano Narodowski, profesor de la Di Tella, y con la presencia de Daniel Hadad (Infobae), Ricardo Roa (Clarín), Gastón Roitberg (La Nación) y Nora Veiras (Página 12), el panel fue una buena oportunidad para debatir en un contexto plural sobre el lugar que ocupa la educación en el debate público.

La primera hipótesis que supone el título que propusimos es que el debate público puede ser determinante en la mejora de la educación. Esto habla de la responsabilidad que tenemos quienes incidimos (en mayor o menor medida) en el debate educativo: periodistas, editores, dueños de medios, académicos, funcionarios, sindicalistas, docentes, directores, integrantes de ONG, entre otros. Participar del debate implica una oportunidad pero también una responsabilidad. ¿La estamos asumiendo de la mejor manera? ¿En qué podemos mejorar? ¿Qué más podemos hacer?

La segunda conjetura es que hoy la educación no es prioridad en el debate. Más allá de que algunas cuestiones o notas educativas puntuales destaquen en la agenda mediática, lo cierto es que la educación como área no ocupa un lugar central. Esto esconde una paradoja: aunque muchos declamamos que la educación es lo más importante, por h o por b no termina de ocupar un lugar primordial en el debate. ¿Cuáles son las razones? ¿Tiene que ver con lo que demandan las audiencias o con lo que ofrecen los medios?

Una alternativa es que la gente no está interesada en educación; la otra es que haya margen en los medios para crear narrativas más cautivantes. Naturalmente puede haber un poco de las dos. ¿Es porque los especialistas no se involucran o porque los periodistas no los convocan? No hay que descartar la posibilidad de que el ecosistema sea débil y de que falte conocimiento entre periodistas y especialistas. Un tercer grupo de razones puede estar en la coyuntura. Quizás la realidad educativa no es suficientemente interesante: ¿puede ser que falte "acción", que haya pocos sucesos (logros, reformas) que merezcan cobertura mediática?

La tercera suposición es más positiva: podemos lograr que la educación se vuelva una prioridad. Muchos de los que asistimos al panel antedicho lo hicimos porque todavía creemos. De lo contrario, habríamos sido cómplices de un esfuerzo fútil. Creemos que la educación puede ocupar un lugar más relevante en la agenda pública. No es que sea fácil o probable que esto suceda, pero sí posible. En este sentido, Maimónides definía la esperanza como la plausibilidad de lo posible antes que la necesidad de lo probable. Entonces: ¿Qué podemos hacer para generar audiencias más interesadas, proactivas e involucradas en la educación?

A no ser que queramos bajar los brazos, vale la pena seguir pensando las respuestas a estas preguntas.

El autor es director ejecutivo de Argentinos por la Educación.