En los últimos años ha resurgido en la Argentina una añeja visión antiperonista de la política y la historia muy arraigada en la vida intelectual del país en las décadas del 50 y del 60 del siglo pasado. Nada nuevo. Ciertamente hay razones para este renacer, es que el kirchnerismo tiró todo para atrás. Su progresismo retro que abrevó en las fuentes atmosféricas del sesentismo precámbrico, con una pizca de modernismo libertario al estilo ideología de género, LGTB e "interrupción voluntaria del embarazo", para no hablar de aborto, fue una rara síntesis de antigüedades de mercado persa con modernidades indoloras y solubles. Neomarxismo y new age danzando junto a las machis. Una revolución blanda con futuro incierto.

El kirchnerismo desanduvo el camino iniciado por la renovación peronista en la década del 80. Esa reactualización higienizó valores arraigados tanto en el peronismo como en el radicalismo. La puesta a punto fue general. De prácticas reñidas con las instituciones republicanas en el país no se salva nadie.

Ahora resulta que una nueva camada de pensadores ligeros que no interpretan el clima de época en el cual ellos se encuentran envueltos, y atribulados por la superficial idea de los "últimos setenta años" le atribuyen al peronismo el origen de todos los males. De las siete plagas de Egipto para abajo, todo.

Si las cosas fueran realmente así, todo sería más simple. Aquí valen las palabras del general Pedro Eugenio Aramburu cuando buscó un acuerdo con Perón, a fines de 1969: "Lo hago, porque aquí nos equivocamos todos".

Dejemos para otro artículo la cuestión económica y avancemos en otros tópicos que estimo más trascendentes. Y vamos a la carta del general Perón a José Alonso, dirigente del Sindicato Obrero de la Industria del Vestido (Soiva), por aquellos años secretario general de la CGT y confidente del exiliado. No motiva esta nota una descripción de la época, sino el estilo de hacer política de Perón.

El 13 de octubre de 1965 le escribía: "Me parece magnífico su proceder en esta emergencia política. Nuestros enemigos pierden diariamente prestigio pero eso sería intrascendente si nosotros no supiéramos aprovecharlo con medidas apropiadas. Creo que nuestro proceder debe ajustarse a una conducta prudente hacia los sectores que sean proclives a incorporarse y de lucha efectiva contra los sectores contumaces que sabemos no han de variar. Desde que caímos en 1955 ha habido varias clases de persona que trabajaron para el peronismo: primero, los peronistas leales y abnegados que siguieron firmes, segundo, los gorilas que con sus desatinos nos favorecieron y, tercero, los independientes a los cuales los convencieron los nuevos hechos en los que florecieron las barbaridades. De un tiempo a esta parte me han comenzado a llegar insinuaciones y toqueteos por diversos conductos sobre la posibilidad de arreglos que permitan encarar las soluciones de fondo. Esto ha sucedido tanto de parte del gobierno como de algún sector militar de los que están en el candelero. Naturalmente que yo soy 'zorro baleado' y desde lejos la olfateo, de manera que me he limitado a contestar con el memorándum que le adjunto. Frente a estos intentos será conveniente mantener una conducta muy prudente y si se hace cualquier cosa, ahí será ad referendum mío. Según mis informaciones, el caso de un golpe de Estado azul puede ser posible. Nosotros debemos tener mucho cuidado, pues no debemos engañarnos ni con los azules ni con los demás. Illia no puede gobernar porque le falta el apoyo popular indispensable, pero si los azules dan su golpe, aparte que no creo que sean mejores que Illia, tampoco tendrán el apoyo del pueblo, aparte de que tendrán la oposición de los que están actualmente en el gobierno. Con pies de plomo sonriendo posibilidades pero sin 'efectividades conducentes'.

Si algunos intentan acercamientos, hay que aceptarlos porque en el tomar no hay engaño. Si otros pretenden arreglos, hay 'que traerlos al pie' porque yo sé cómo convencerlos. Muchas veces una buena negociación vale por una guerra y yo estoy en las mejores condiciones para negociar. Pero cualquier negociación ha de ser pública y a los ojos de todo el país. Nada de secretos, porque nuestra actitud y la de ellos no pueden contener nada inconfesable. Si buscamos una solución para el país, el primero en conocer esa solución debe ser el país.

Ahora no es momento de aflojar sino de intensificar la lucha, pero para que esta sea realmente efectiva no necesita ser violenta sino inteligentemente realizada. Estamos llegando a los momentos decisivos de una acción que ya dura diez años y en la que nosotros no hemos sido sino yunque, jamás martillo. Hay que buscar aliados, la política se hace precisamente con los hombres que se desplazan de un lado a otro".

Es muy importante esta última opinión de Perón, puesto que dos meses antes Alonso la había envido al General una carta donde afirmaba: "De todas formas, usted y yo sabemos que no conquistaremos el poder por medio de una acto electoral".

Finalmente, Perón le dice: "En política no se regala nada, pero se puede ganar todo. Solo es cuestión de buenos procederes, porque el que procede mal sucumbe víctima de sus propios procederes. Ya lo ha dicho el Martín Fierro: 'Nace el hombre con la astucia que ha de servirle de guía, sin ella sucumbiría; pero, según mi experiencia, se vuelve en unos prudencia y en los otros, picardía. La política no es, como muchos piensan, un juego de fulleros en el que gana el que sabe hacer la mejor trampa, porque es un juego a la larga y, a la larga, los fulleros terminan siempre en Villa Devoto. Es un juego entre caballeros, en el que se debe ganar porque se juega mejor y no porque se sabe hacer la mejor trampa. Se necesita viveza pero no picardía".

Así, de este modo sencillo, campechano y criollo, Perón ilustraba a un dirigente sindical de alto nivel intelectual.