Entre las varias campanas difamatorias con que me honra habitualmente el populismo mediático, la semana pasada adquirió particular virulencia una que me presentaba como legislador paseandero dedicado a los shoppings-tours por el mundo, con cargo a los contribuyentes. No me preocupa demasiado lo que piensen los adeptos del "Miente, miente que algo queda" inventado por Goebbels y tan eficientemente aplicado en nuestro país por los Gvirtz y los Apold, y tan necesario hoy para quienes necesitan convencer a los argentinos de que todos somos iguales a los delincuentes que saquearon el país y lo llevaron a obtener los peores récords de inseguridad, crimen organizado, tráfico de drogas y corrupción de su Historia. Pero sí creo que es obligación de todo funcionario explicar sus gastos y actividades, en este caso: la dimensión internacional del trabajo parlamentario.

Como miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores y presidente del Grupo de Amistad con Italia viajé cinco veces al exterior, desarrollando actividades en Nueva York, Montevideo, Roma, Madrid, Ginebra, La Haya, Viena, Budapest y Bruselas, ciudades en las que transcurrí 26 de los días hábiles de 2018. Toda la información respectiva a los gastos y las actividades desarrolladas son públicas gracias a la política de transparencia inaugurada por el gobierno de Cambiemos después de años de oscuridad y oprobio (ver acá).

La primera acusación que creo necesario desmentir es la de que mis viajes interfieran con mi trabajo. Por el contrario, mi trabajo "local" se desarrolla con total normalidad (ver link). Desde que comencé mi mandato como legislador asistí al 100% de las sesiones desarrolladas y participé del 99% de las votaciones efectuadas. Para tranquilidad de Roberto Navarro, Luis Novaresio y María O'Donnell, legítimamente preocupados por el tema, mi inasistencia a una votación de 106 ocurrió en momentos en que un desgraciado malestar intestinal me obligaba a visitar los sanitarios…

Contrariamente a la idea del legislador-veraneante, mi trabajo en Buenos Aires se nutre de mis viajes y se intensifica antes y después de estos. Formo parte de once comisiones, aproximadamente el doble que la media de la Cámara, y lo hago en forma activa en todas ellas. Además, mi oficina permanece abierta los 365 días del año, incluyendo los recesos de enero, febrero y julio, durante los cuales continuamos preparando proyectos y organizando actividades; cosa que hago también, usando medios digitales, durante mis viajes (algo sorprendente, apuesto, para quienes mentalmente siguen viviendo en el siglo XIX). Esa intensidad nos ha permitido presentar once proyectos de ley el año pasado (ver listado), primero de mi ciclo parlamentario, sin contar innumerables resoluciones y declaraciones. Si alguno de los legisladores admirados por mis críticos perionistas mantiene abierta su oficina todos los meses del año, les suplico hacérmelo saber para no sentirme tan solo en esos meses…

La segunda acusación que es necesario desmentir es la del despilfarro. De los cinco viajes efectuados la Cámara de Diputados solo pagó dos pasajes. Uno lo aboné yo de mi bolsillo, para otro aproveché uno de los viajes anuales que comporta el desarrollo de mis funciones como Presidente del World Federalist Movement (otro, debí suspenderlo porque había sesión y otro no figura, porque no solicité pasaje ni viáticos a pesar de haber usado la ocasión para sostener entrevistas en la Corte Penal Internacional —CPI— y cuatro de las organizaciones internacionales de Justicia más importantes del planeta). Por si importara, el WFM es una organización fundada en 1947 y ha sido decisiva en la creación de la CPI y el Parlamento Europeo. Finalmente, en mi sexto viaje aproveché la invitación a exponer en un seminario organizado por el Center for United Nations Constitucional Research, de Bruselas (ver acá). En pocas palabras, el Estado pagó dos de seis viajes relacionados directamente con mi trabajo como diputado y los otros cuatro fueron cubiertos por mí directa o indirectamente, apelando a las relaciones derivadas de mi actividad académica y en la sociedad civil anteriores a mi cargo. En cuanto a los viáticos, utilicé en total us$5195 de la Cámara, a razón de us$126 por día, con los que se cubre menos de la mitad de los gastos mínimos de alojamiento, transporte y alimentación en ciudades como las mencionadas; como sabe cualquiera que las haya visitado.

Ahora bien, ¿tuvieron mis viajes relación con mi trabajo o fueron tours? Y si tuvieron que ver, ¿de qué manera? Comencemos por señalar que me entrevisté con el ministro de Relaciones Exteriores de España, Josep Borrell; el ex presidente uruguayo Julio M. Sanguinetti, el procurador antimafia italiano, Federico Cafiero De Raho, y su antecesor, el senador Pietro Grasso; con la vicepresidenta de la Cámara de Diputados, Mara Carfagna, y los presidentes de las comisiones de Relaciones Exteriores, Justicia y Antimafia de Italia, diputados Marta Grande, Giulia Sarti y senador Nicola Morra; la directora de la Oficina contra el Tráfico de Personas de la Unión Europea, Myria Vassiliadou; la directora regional de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, Alicia Londoño; los jueces de la Corte Penal Internacional Olga V. Herrera-Carbuccia y Rosario Aitala; la ex canciller argentina Susana Malcorra; el secretario de Relaciones Exteriores de Italia, senador Ricardo Merlo; además de 18 legisladores extranjeros, 37 funcionarios de oficinas estatales y organizaciones no gubernamentales y los nueve embajadores argentinos ante los países y los organismos internacionales visitados (ver Informe de viajes presentado a la Presidencia de la Cámara).

¿Qué relación tienen estas entrevistas con mi trabajo? Entre los muchos ejes desarrollados (he sido el primero en proponer que la Argentina denunciara la dictadura de Nicolás Maduro ante la Corte Penal Internacional y estoy proponiendo ahora mejorar la cláusula democrática del Mercosur para evitar el ingreso de las "democracias populistas"), tomaré uno que me preocupa particularmente: la lucha contra la corrupción y el crimen organizado. Desde hace cinco años soy director de la campaña para la creación de una Corte Penal Latinoamericana contra el Crimen Transnacional Organizado (ver web); es decir, de una corte y una agencia regionales antimafia capaces de coordinar acciones de cooperación internacional y de juzgar a las cúpulas mafiosas cuando las justicias de sus países no puedan o no quieran hacerlo; lo que sucede frecuentemente. La creación de la COPLA es hoy una política de Estado que tiene aprobación unánime de ambas cámaras, apoyo de los ministerios intervinientes en el tema y ha sido anunciada por la vicepresidenta y el presidente de la Nación ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Este año pudimos lograr la aprobación de mociones favorables a la COPLA en el Parlasur y el Eurolat (conjunción del Parlamento Europeo y el Latinoamericano), y estamos coordinando similares acciones en Uruguay y otros cinco parlamentos latinoamericanos. Logramos llevar el tema al Grupo Latinoamericano de la Unión Parlamentaria Internacional (Ginebra), donde esperamos que sea aprobado este año, y organizar varias conferencias, entre ellas: una reunión informativa con embajadores y funcionarios de las delegaciones latinoamericanas ante la ONU (en la delegación argentina de Nueva York), una conferencia en la Asamblea de Estados parte de la UNODC (oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen, Viena, en la que esperamos tener resolución favorable en dos años), y un side event en el G20 del cual participaron los ministros Faurie, Garavano y Bullrich, y la vicepresidente Gabriela Michetti, y en el cual veinte parlamentarios y tres embajadores de 7 países latinoamericanos firmaron la Declaración de Buenos Aires a favor de la creación de la COPLA.

Como presidente del Grupo Parlamentario de Amistad con Italia intento trascender la dimensión meramente protocolar que suelen tener estos grupos. Por eso, la última semana de marzo, una prestigiosa delegación italiana pondrá a disposición el enorme bagaje de lucha contra el crimen organizado desarrollado por Italia en el Primer Seminario Antimafia Italo-Argentino, organizado por la Cámara de Diputados. Viví en el sur de Italia entre 1987 y 1993, y he podido comprobar el notable avance registrado desde entonces gracias a la aplicación de buena parte de la legislación que tanto se discute hoy en Argentina (extinción de dominio, arrepentido, recompensas, etcétera). En marzo, las autoridades de la legendaria Dirección Nacional Antimafia y de las comisiones de la Cámara y el Senado italianos concurrirán a nuestro país a explicar el funcionamiento del sistema italiano, y compartir experiencias con legisladores, ministros, funcionarios, jueces y fiscales nacionales y provinciales. ¿Vale eso los diez mil dólares totales que han costado mis viáticos y mis dos pasajes?

Avances importantes en la creación de una Corte Penal Latinoamericana contra el Crimen Organizado y Primer Seminario Antimafia Italo-Argentino. La cosa explica bastante bien las razones de la campaña mediática que sufrí esta semana por parte de quienes están del lado corrupto de la grieta. No hay forma de estar contra la actividad internacional de un parlamentario que desde hace veinte años se dedica a estos temas, sobre los cuales ha dictado cursos universitarios en Argentina, conferencias en la LSE, Sciences Po, La Sapienza, etcétera, y publicado siete libros teóricos, que estar en contra de la integración mundial de nuestro país y de la existencia de parlamentos. En la mejor tradición del Partido Populista y el Partido Militar que han arrastrado al fracaso a la Argentina desde 1930, digamos todo.

Doce años de miseria intelectual populista han reducido a buena parte del arco político nacional a esto: gente que ha votado por un cuarto de siglo delincuentes que se llevaron miles de millones y ahora se dedica a promover un confuso SON-TODO-LO-MISMO mientras ejecuta acciones policiales de bajo vuelo y entrevista sin repreguntar a criminales mayores. Candidatos presidenciales que se reúnen en secreto y preparan frentes electorales con aquellos a los que ayer nomás calificaban de mafiosos. Unos, proponen un modelo de legislador-militante falsamente comprometido con las causas populares cuyo modelo insuperable fueron los diputados con pechera de La Cámpora sacándose selfies en las inundaciones que se llevaron 89 vidas en La Plata (en vez de entubar el Arroyo del Gato como acaba de hacer el gobierno de Cambiemos). Los otros parecen creer en un legislador-escribano sentado de 9 a 17 horas en un cubículo elucubrando leyes sacadas magistralmente de su cabecita en condiciones de aislamiento espacial e internacional (para después quejarse de que en Argentina las leyes son malas y demasiadas…). Es este populismo hostil al mundo y a los parlamentos en el que han coincidido tirios y troyanos desde 1930, y aún subsiste.

Había estado al menos tres veces en cada una de las ciudades que visité en 2018 durante los diez años de mi vida en Europa. Soy ciudadano de tres países, hablo cinco idiomas, me considero orgulloso ciudadano del mundo y mantengo la misma frecuencia de viajes desde hace unos diez años. Mis viajes y experiencias en el extranjero no afectan sino que potencian mi tarea como legislador. El gasto a cargo del Estado es mínimo y fue reducido en todo lo que me fue posible. Y sin embargo, para cierta mentalidad nacionalista-populista el contacto con el exterior es innecesario, cuando no una fuente de sospecha. No asombra tanto cuando esta conjunción de provisoriedades intelectuales típicas del fascismo y a contramano del mundo global en que vivimos proviene del kirchnerismo, cuyo líder multimillonario salió por primera vez del país cuando ya era presidente y que es, básicamente, una secta oscurantista cuya política exterior se basó en el aislamiento, las alianzas con dictadores y los pactos de impunidad. Resulta más raro e inexplicable cuando viene de gentes que dicen admirar la Argentina abierta, cosmopolita y exitosa fundada por Alberdi y Sarmiento; dos figuras geniales que si algo han hecho bien en pleno siglo XIX es sacar el máximo provecho para el país de sus viajes y experiencias en el extranjero.

El autor es diputado nacional (Cambiemos).