(AFP)
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En la nota que escribimos la semana pasada aludíamos al pensamiento de Bergoglio, que, coherente con el principio según el cual la realidad es superior a la idea, se sitúa lejos de la mera abstracción y de las ideologías, adhiriendo a la realidad concreta. Desde una perspectiva que por principio asume la realidad en toda su complejidad. Su pensamiento, decimos nosotros, no soporta las construcciones que pretenden "acomodar" la realidad a las estructuras ideológicas, distorsionándola.

Por otro lado, dice el jesuita Spadaro: "El lenguaje del papa Francisco no es especulativo, sino misionero… tendiente a provocar reacciones en los que lo escuchan o leen. Sigue diciendo el director de La Civiltà Cattolica: "Crea eventos comunicativos, en los que quien recibe el mensaje participa activamente. En este sentido, se está ante una reconfiguración del lenguaje que pone acentos diferentes y prioridades nuevas". Siguiendo esta idea, dice uno de sus recientes biógrafos que "Bergoglio 'habita' la palabra que pronuncia" y transforma la realidad. La habita, decimos nosotros, con un corazón inteligente que dialoga.

El pensamiento de Bergoglio

"Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad" (Jn., 1, 14).

¿Qué decimos con "pensamiento narrativo y realista" de Jorge Mario Bergoglio? Dos ejemplos lo explicarán: el relato del Cristo Crucificado que nos trae su ex alumno Jorge Milia, o la homilía del martirio de San Juan Bautista que pronunció este viernes 8 de febrero en la Misa en Santa Marta.

El martirio de San Juan Bautista

En su homilía dijo el Papa que el martirio de San Juan el Bautista es un gran testimonio que recuerda que "la vida tiene valor solo al darla, al darla en el amor", y analizó el episodio trágico de la prisión y degollación de Juan en el cual nos introducimos para referirnos después al testimonio de la Cruz de Cristo.

Este viernes nos invitó el Papa a meditar sobre los cuatro protagonistas (principales) de la narración del Evangelio de San Marcos, dedicado a Juan: el rey Herodes "corrupto e indeciso"; Herodías, la esposa del hermano del rey, "que sabía solo odiar"; Salomé, "la bailarina vanidosa"; y el profeta "decapitado solo en su celda".

No podemos negarnos a la tentación de agregar también la presencia del verdugo tal cual se lo ve en la magistral representación de Michelangelo Caravaggio empuñando el cuchillo inmediatamente después de culminado el asesinato (La degollación de San Juan).

El Pontífice comentó que San Juan "sabía que tenía que aniquilarse a sí mismo" y recordó que lo había dicho desde el inicio hablando de Jesús: "Él debe crecer, y yo, en cambio, disminuir". Y Juan "ha disminuido hasta la muerte", afirmó el Papa.

Aclaremos que el apóstol Juan era coetáneo a Jesús y fue quien bautizó a Jesús en el río Jordán. La profecía hablaba de un mensajero que va por delante (del Mesías) y de una voz que clama en el desierto. Marcos dice que Juan proclama el bautismo del arrepentido para el perdón de los pecados y que afirma que vendría otro después de él que no bautizaría con agua, sino con el Espíritu Santo.

Y el Papa prosiguió diciendo: "Fue el precursor, el anunciador de Jesús, quien afirmó: 'No soy yo, el Mesías es Él'. Se los mostró a los primeros discípulos, y luego su luz se apagó poco a poco, hasta la oscuridad de esa celda, en la prisión, donde fue decapitado", recordó Francisco.

En esta línea, el Papa interrogó: ¿Por qué sucede esto? Y explicó que "la vida de los mártires no es fácil de narrar.

El martirio es un servicio

"El martirio es un servicio, es un misterio, es un don de la vida muy especial y muy grande". Y al final, la situación concluye violentamente a causa de "actitudes humanas que llevan a quitar la vida de un cristiano, de una persona honesta y hacerlo mártir".

Posteriormente, el Santo Padre analizó las actitudes de los otros tres personajes protagonistas del martirio. El rey Herodes, quien "creía que Juan era un profeta", "lo escuchaba con gusto", en un momento "lo protegía", pero lo tenía en la cárcel. Estaba indeciso porque Juan "lo reprendía por su pecado" de haber dado muerte a su hermano para desposar a su cuñada.

La corrupción es un estado del cual es difícil salir

En el profeta Herodes "sentía la voz de Dios que le decía: 'cambia de vida'. Pero no conseguía hacerlo. El rey era corrupto, y donde hay corrupción, es muy difícil salir", explicó el Papa. El desarrollo de la expresión "la corrupción es un estado", según Bergoglio, fue explicada en una nota anterior a la que remitimos.

La fuerza del odio

Después, el Papa describió a Herodías, la esposa del hermano del rey, asesinado por Herodes para poseerla. El Evangelio dice de ella que "odiaba" a San Juan porque hablaba claro. "Y nosotros sabemos que el odio es capaz de todo, es una fuerza grande. El odio es el respiro de Satanás. Pensamos que él no sabe amar, no puede amar. Su 'amor' es el odio. Y esta mujer tenía el espíritu satánico del odio", explicó Francisco.

La complicidad del hedonismo

El tercer personaje es la hija de Herodías, Salomé, buena para bailar "que gusta tanto a los invitados y al rey", y Herodes promete a la chica "te daré todo". "Usa las mismas palabras que usó Satanás para tentar a Jesús", dijo el Papa. Como lo hemos señalado, pretender llenar el vacío existencial y la ausencia de fe con "placeres" y "goces" es una cadena perpetua de satisfacción que no es posible saciar produciendo más vacío.

La sangre hecha santidad por acción de lo siniestro

"Detrás de estos personajes está satanás, el sembrador de odio en la mujer, sembrador de vanidad en la chica, sembrador de corrupción en el rey. Y 'el hombre más grande nacido de mujer' terminó solo, en una celda oscura de la prisión, por el capricho de una bailarina vanidosa, el odio de una mujer diabólica y la corrupción del rey indeciso. Es un mártir, que dejó que su vida sea menos, menos, menos, para dar lugar al Mesías", explicó el Santo Padre.

De este modo, el papa Francisco señaló que San Juan muere allí en la celda, en el anonimato, "como tantos mártires nuestros". El Evangelio dice solo: "Los discípulos fueron a recoger el cadáver para darle sepultura". "Es un gran testimonio, de un gran hombre, de un gran santo", añadió.

El amor es dar la vida

"La vida tiene valor solo al darla, al darla en el amor, en la verdad, al donarla a otros, en la vida diaria, en la familia. Siempre darla. Si alguno toma su vida para sí mismo, para cuidarla, como el rey en su corrupción, o la señora con el odio, o la chica con su vanidad —un poco adolescente, inconsciente—, la vida muere, la vida termina marchita, no sirve", destacó el Santo Padre.

Al finalizar, el papa Francisco sugirió recordar a los cuatro personajes: el rey corrupto, la señora que solo sabía odiar, la chica vanidosa que no tiene consciencia de nada y el profeta decapitado solo en la celda. "Miren eso, y cada uno abra el corazón para que el Señor le hable sobre esto", concluyó.

La crucifixión de nuestro señor Jesucristo

En el centro de la fe en Dios está el Cristo crucificado. En los días previos a la Pascua, el profesor del Colegio de la Inmaculada de Santa Fe, Argentina, Jorge Mario Bergoglio, les explicaba a sus alumnos la crucifixión del Señor en términos que muchos años después Jorge Milia cuenta y reproduce Massimo Borghesi en los términos que expongo a continuación.

"Con ocasión de la Pascua, Bergoglio habló a los chicos de la muerte de un hombre crucificado: Supieron del flagrum y el flagelum con que le escocieron las carnes, ablandándolo para la posterior crucifixión. Él les leyó sobre el vino minado, de sobre el patibulum en que le clavaron las manos, sobre la asfixia, sobre los lanzazos posteriores. Cuando terminó, el ánimo del auditorio no era muy alegre.

'He querido leerles esta especie de informe forense —decía el Profesor Bergoglio— para que tomen conciencia de lo que es en realidad la crucifixión. (…) El que está clavado allí no es un muñequito; es nada menos que el Hijo de Dios. El arte ha ido estereotipando este instrumento de tortura hasta transformarlo en bijouterie. ¿Se colgarían del cuello la imagen de un ahorcado? (…) Piensen. Razonen. ¿Se colgarían una guillotina, una silla eléctrica?… Difícil, ¿no? Luego vino el arte, las cruces estéticas. Cambiaron el material. Hasta las hicieron de oro… les pusieron piedras preciosas en los clavos, las adornaron, las alzaron. ¡Qué despropósito! Hoy nadie piensa que las cruces verdaderas eran de madera y estaban orinadas por los mismos crucificados, llenas de sangre y de barro. Todo es pulcro y limpio. Y, en algunos casos, para que sea más limpia, le han sacado al mismo Cristo, que estaba sangrante, mugriento, moqueado, escupido; en verdad, impresentable… Nos venden eso, y más de una vez lo compramos. Con plata, con oro, con marcas de prestigio.

Pero esa cruz de alto precio que se vende y se compra es una verdadera chafalonía, no vale nada. Una cruz sin Cristo carece de sentido; es solo un instrumento de tortura, porque está vacía de Misericordia, vacía de Redención'" (tomado de J. Milia, Maestro Francesco).

Mirar las llagas de Cristo crucificado

"Aquí está la clave de nuestra salvación, la clave de nuestra paciencia en el camino de la vida, la clave para superar nuestros desiertos: mirar al Crucificado. Mirar a Cristo crucificado. '¿Y qué debo hacer, Padre?'. 'Míralo. Mira las llagas. Entra en sus llagas'. Por esas llagas nosotros hemos sido curados. ¿Te sientes envenenado, te sientes triste, o sientes que tu vida no va, que está llena de dificultades, y también de enfermedad? Mira allí" (Papa Bergoglio, homilía Santa Marta, 20 de marzo de 2018).

Francisco también invitó, en esos momentos, a mirar "al crucificado feo, es decir, real", porque "los artistas han hecho crucificados bellos, artísticos", algunos de oro y de piedras preciosas. Pero esto, aclaró Francisco, "no siempre es mundanidad", porque (en ciertos casos) quiere significar "la gloria de la cruz, la gloria de la resurrección" (ídem nota anterior).

¿Qué quiere mostrarnos Dios, Jesús crucificado?

"Cuando tú te sientes así, mira esto (la realidad de Jesús y su cruz): antes que la gloria" (de Jesús resucitado). ¿Qué quiso decirnos Dios cuando se permitió en la realidad de su tiempo oportuno tal grado de persecución, de condena, de exclusión, de pobreza, de dolor, de violencia, de humillación y de reducción? Quiso ser humano sin beneficio de inventario, con todo el dolor que el hombre es capaz de soportar.

Quiso mostrarnos, dice el Papa: "La fuerza del grano de trigo, del amor que se humilla y se da hasta el final, y que renueva realmente el mundo" (Mensaje pascual del Papa Francisco, 1 de abril de 2018).

En su dimensión social y política

En el plano histórico: "También hoy esta fuerza (del Martirio de Cristo) produce fruto en los surcos de nuestra historia, marcada por tantas injusticias y violencias. Trae frutos de esperanza y dignidad donde hay miseria y exclusión, donde hay hambre y falta trabajo, a los prófugos y refugiados —tantas veces rechazados por la cultura actual del descarte—, a las víctimas del narcotráfico, de la trata de personas y de las distintas formas de esclavitud de nuestro tiempo" (Ídem nota anterior).

Conclusión

Mirando el reducirse y darse de San Juan Bautista para que el otro sea y el extraordinario ejemplo de Cristo en la Cruz, esperamos compartir con el lector la renovación de nuestra fe y al mismo tiempo la comprensión del pensamiento de Jorge Mario Bergoglio, hoy papa Francisco.