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El primer problema es que el peronismo no es uno solo, hay varios. El segundo, algo más delicado, es que sus referentes más destacados se hallan en las antípodas del pensamiento. Unos quieren ir para un lado y otros, para el otro. Vale una anécdota sin poner nombres. En plena campaña electoral del 2015, cuando pugnaban por la presidencia Mauricio Macri y Daniel Scioli, en los equipos de este último, en el área de política exterior, se vivía un pandemónium. Un día ciertos dirigentes planteaban un acercamiento más estrecho a Venezuela y al día siguiente otros dirigentes planteaban alejarse de Venezuela y acercarse a los Estados Unidos. Todos en el mismo equipo.

Claro, puede argüirse que cuando se es gobierno, el presidente baja una orden y se acabó, y el que no está de acuerdo se va. Pero no es el caso que atraviesa el peronismo, ahora debe juntar voluntades para ser gobierno y eso se logra con ideas, también con plata (así estamos). Con las ideas hay problemas. ¿Y con el engorde también, quién lo pone? Siempre ha sido preferible probar con las ideas.

Como están las cosas, se hace difícil una síntesis. ¿Hay alguien que pueda unir a todos los sectores que se atribuyen condición peronista? El doctor Eduardo Duhalde y con él muchos dirigentes afirman que Lavagna está en condiciones de hacerlo. Veremos. Es dudoso. Mientras tanto, hoy la novedad es la provincia de Buenos Aires, donde se juega el 38% de la elección nacional.

La decisión de María Eugenia Vidal entusiasma al peronismo kirchnerista de la provincia. Mala fariña. Si el peronismo en la provincia de Buenos Aires no aprovecha la oportunidad que les sirvió en bandeja Vidal, se pegará un porrazo más.

Las principales figuras peronistas bonaerenses asociadas al kirchnerismo deben dar un paso al costado y encontrar un candidato de unión y creíble a un electorado gastado por el deterioro de su situación económica, pero saludablemente desconfiado del kirchnerismo. Si esa fórmula se lograse asociada a la del peronismo federal, este partido podría ganar la provincia y entrar en el ballotage. Suena a fantasía. De no ser así, un sector del peronismo bonaerense no kirchnerista pondrá su voto a Vidal en provincia y al candidato del peronismo federal en nación. Y el kirchnerismo finalmente quedará para la historia.

La decisión de Vidal, por otro lado, más que hablar de la firme autoridad partidaria de Mauricio Macri, en su condición de jefe político, habla de su debilidad. Vidal no queda atada a Macri, es justamente al revés. Lentamente el poder se desliza hacia la gobernadora.

El autor es profesor de Historia y licenciado en Gestión Educativa.