Una y otra vez los hechos delictivos nos llevan a interpelar al sistema de Justicia. El mismo que una y otra vez se muestra muy distante del valor universal que proclama y es reclamado por los ciudadanos. Ante cada hecho, ante cada víctima nos invade la sensación de un déjà vu, algo ya visto, y sentimos la certeza, luego confirmada, de que su autor cuenta con un prontuario frondoso pero que no le impidió gozar de algún beneficio que le permitió volver a delinquir. Cambian los nombres de los operadores, de los fiscales, de los jueces pero entre unos y otros subyace el mismo común denominador: "el sinsentido y la consecuente falta de Justicia de muchas sentencias".

¿Es necesario que como sociedad nos preguntemos qué VALORES enaltecemos? ¿Cuáles nos son trascendentales? Pero, en especial, que le preguntemos a nuestro Poder Judicial ¿qué VALORES protege? Y seguidamente, ¿cómo cree o pretende protegerlos?

Solo para reflexionar sobre un caso reciente, que lamentablemente no es primero y tampoco será el último, es preciso dilucidar si realmente alguien con sensatez, o sana crítica, no debería interrogarse: ¿acaso una persona con múltiples causas y condenas penales por hechos violentos depondrá su actitud con una simple probation y una módica suma en concepto de reparación de daño? Si bien es cierto que la ley prevé este instituto, ¿no se valoran los antecedentes y el hecho? ¿Cree el Juez y el fiscal que un motochorro pagando este resarcimiento modificara su conducta transgresora? ¿Cree acaso que se resarce el daño causado con dinero? Y así podríamos seguir con infinitas preguntas…

Párrafo aparte merece el tratamiento de algunos institutos que son importados de otras legislaciones extranjeras, pero claro que sin importar sus mentalidades y aplicándolas con las nuestras fracasan. Actualmente el Presidente de la Comisión Reformadora del Código Penal habla con entusiasmo del derecho alemán, y dice que el anteproyecto contempla medidas que en ese País se aplican. Estoy segura que en Alemania deben ser muy efectivas, pero esto es Argentina, y tenemos muestras de sobra de cómo impactan en el sistema nuestra idiosincrasia y formación cultural tan diferente a la alemana, donde por ejemplo a sus habitantes ni siquiera se les ocurre la posibilidad de no abonar una multa.

A veces la justicia en nuestro país es absurda. Tan absurda que incluso nos ha arrebatado la libertad, nos ha condenado a todos a vivir tras las rejas mientras que los delincuentes transitan libremente, detentando además el poder de condicionar incluso a qué hora podemos o no estar fuera de nuestros hogares como también el estado de alerta al entrar a los mismos. Tan absurda que, aunque usted no lo crea, es más barato cometer un delito y "reparar el daño" que renovar un registro de conducir.