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Antes de empezar a tratar el tema de inflación, es ineludible recordar las fallidas proyecciones del año pasado relacionadas con esta cuestión. Según el compendio de proyecciones recopiladas por el BCRA en su Relevamiento de Expectativas a principios de 2018, los analistas esperábamos una inflación de 19.4% para el año, mientras que concluyó en 47.6% anual.

Estas fallidas proyecciones tienen su explicación en la crisis de balance de pagos que experimentó el país. Un abrupto cese en el financiamiento externo que precipitó una fuerte depreciación de la moneda y con ello un fuerte aumento de la inflación por el efecto del pass through.

Para 2019, es esperable que el tipo de cambio se muestre más estable, lo que permitirá evitar sobresaltos y volver a niveles más bajos de inflación a los observados post depreciación

Esta crisis tuvo su origen a partir de distintos eventos que no eran esperados. Desde la aprobación de un plan fiscal en EEUU de Trump que aumentó el déficit fiscal disminuyendo el financiamiento al resto del mundo, el 28D que minó gran parte de la credibilidad que el BCRA tenía y necesitaba, pasando por la fuerte sequía que disminuyó significativamente la generación de divisas, la precipitada salida de fondos con el impuesto a la renta financiera, hasta el escenario político y financiero de incertidumbre en Brasil. A lo que se suman eventos que surgieron de la crisis y la exacerbaron, como ser el riesgo político por la vuelta del populismo a la Argentina, ante el fracaso de un gobierno reformista.

Sin embargo, estos eventos no hubiesen causado tanta inestabilidad si la macroeconomía local hubiera estado fuerte. El propio gradualismo fiscal exigía cuantioso financiamiento externo que nos dejó vulnerables a estos eventos. Varios analistas identificamos esta vulnerabilidad, sin embargo, no era posible conocer los eventos negativos inesperados que se iban a precipitar y menos cuando. Sin esos eventos, el gobierno podría haber ganado tiempo para gradualmente fortalecer la macroeconomía.

Para 2019, es esperable que el tipo de cambio se muestre más estable, lo que permitirá evitar sobresaltos y volver a niveles más bajos de inflación a los observados post depreciación. Aun así, es difícil imaginarse una inflación cercana al 20% debido al aumento de precios regulados anunciados cercanos al 40% y al hecho de que distintos contratos de la economía se manejen con aumentos más elevados como son paritarias, alquileres y servicios. Por la concentración de aumentos de precios regulados en el primer semestre será difícil esperar una inflación menor del 2% mensual. Es algo que se va a hacer esperar, con suerte, hasta el segundo semestre. En conjunto en el año, la inflación rondará el 30%.

Si no presentan sobresaltos finalizaremos un 2019 con una importante disminución de la inflación y recuperación de ingresos reales

Por su parte, uno de los principales motores de la actividad en 2019, además de las exportaciones, será la recuperación parcial de ingresos reales. Salarios con cláusulas gatillo que alcanzarán aumentos reales interanuales por encima del 5% en el mes de septiembre. Jubilaciones, asignaciones y pensiones también ajustando con inflación de 2018, que va a ser considerablemente mayor a la observada este año, y alcanzarán aumentos reales interanuales del 10% aproximadamente para la misma fecha.

Sin embargo, estas proyecciones no son inmunes a riesgos que puedan deteriorar la situación o eventos inesperados. Como también a la volatilidad de las variables macro financieras que se puede observar en un año electoral.

El propio gradualismo fiscal exigía cuantioso financiamiento externo que nos dejó vulnerables a estos eventos.

Aun así, hay motivos para creer que el 2019 pueda ser más tranquilo que el año pasado. Para comenzar, el punto de partida es mejor, el déficit fiscal es menor con financiamiento cuantioso del FMI, el balance externo ha mejorado en conjunto con una recuperación del agro luego de la sequía, Vaca Muerta comenzando a colaborar con la generación de divisas. Del exterior, hay buenas perspectivas de que Brasil encare las reformas que impulsen su crecimiento económico con la llegada de un nuevo presidente, Trump está más debilitado con minoría en el Congreso, y más importante aún, el riesgo de la vuelta del populismo ha disminuido, en medio de la crisis económica, el techo de CFK se mantuvo estable, sin poder superar la intención de voto de los 30 puntos.

Si no presentan sobresaltos finalizaremos un 2019 con una importante disminución de la inflación y recuperación de ingresos reales. La incógnita pasará a ser respecto a las posibilidades de crecimiento del mediano y largo plazo, pero eso será otra historia a la que, de no mediar eventos inesperados, llegaremos.

El autor es economista, jefe de la consultora Elypsis