"Hace frío afuera, nena", dice él en tono romántico. Ella protesta, dice que no. Él insiste. No quiere que se vaya. No quiere escuchar ese "no" que la mujer le canta en tono dulce, es cierto, pero que repite varias veces para que no queden dudas. "Debo decir que no, no, no", lo rechaza ella. Pero hace frío afuera y él le sujeta las manos. Le pide que se recueste a su lado.

Durante 74 años la canción se escuchó sin levantar cejas. Frank Loesser la compuso en 1944 y con el tiempo se convirtió en un clásico navideño, repetida hasta el cansancio en radios, supermercados y salas de espera. "Baby, it's cold outside" comenzaba a escucharse cada año por todo Estados Unidos más o menos por esta época, con la llegada de los primeros fríos en el fin del otoño y la proximidad de la Navidad.

Ya no más. Es imposible ahora escuchar la canción sin interpretar la insistencia de la voz masculina como el preámbulo de una deleznable situación de abuso. El aura de flirteo romántico ya no disimula la violencia. Desapareció la ternura en apariencia inocente y quedó en evidencia la insinuación grosera. "Hace frío afuera, nena". El hombre no escucha razones. No escucha aquel "no" que ella repite en vano. Podría haberla cantado Thelma Fardín una noche en un hotel de Nicaragua. Tampoco fue escuchada.

Podría haberla cantado Thelma Fardín como podrían haberla cantado tantas otras mujeres, menores o adultas, que padecieron algo similar. O que estuvieron muy cerca de padecerlo. O que viven con el miedo de que algún día algo así pueda ocurrirles. Que miran por encima del hombro cuando entran de noche a sus casas, que no se atreven a ir solas a un baño público, que temen subir a un taxi o caminar por una calle oscura. Que atraviesan las 24 horas del día, todos los días, con la tan injusta sensación de una amenaza siempre presente porque un hombre —un predador— puede estar al acecho.

Hay quienes denuncian que es una exageración y que no se puede extrapolar la sensibilidad de una época al marco cultural dominante en un tiempo anterior. Lo cierto es que "Baby, it's cold outside" se escucha menos en las radios norteamericanas. Sucumbió quizá para siempre ante el #MeToo, que resignificó su letra en momentos en que las mujeres buscan romper con el miedo y terminar de una vez con la asimetría que gobernó en silencio, casi sin ser cuestionada, la relación entre hombres y mujeres. Todo el poder para ellos. Y para ellas el sometimiento o el frío.

Thelma imploró cuando tenía solo 16 que la dejen salir de esa habitación de hotel. Quería huir de ese lugar y nadie debió impedírselo. Como la voz femenina de la canción, que se deshace en excusas para que él le suelte las manos y que suplica que la dejen salir al frío exterior, metáfora de la cruel soledad reservada para las que dicen que no. Nadie debió impedírtelo, aunque hiciera frío. Y si muchas tienen el valor que vos tuviste, ese afuera ya no va a ser tan inhóspito.

El autor es periodista en Washington DC.